25/03/2025
En esta reflexión quiero recalcar lo que dijo Ouspensky al final de su vida: “Piensa en la muerte. No sabes cuánto tiempo te queda. Y recuerda que si no te vuelves diferente, todo se repetirá de nuevo, todos los errores tontos, todos los errores sin importancia, toda la pérdida de tiempo y de oportunidades, todo se repetirá con excepción de la oportunidad que tuviste esta vez, porque la oportunidad nunca llega de la misma forma.” (del libro “La búsqueda de la verdad”).
El camino es de lo denso a lo sutil para desarrollar consciencia de nuestra propia consciencia, debemos repetir y repetir los esfuerzos para recordarnos a nosotros mismos lo más que podamos, acumulando experiencias que se apoyen unas a las otras. Nada se puede crear en el vacío, necesitamos observarnos constantemente. Los subsiguientes destellos de consciencia tal vez no posean la misma brillantez que los primeros cuando nos encontrábamos dentro de tanta oscuridad; por ello, al adentrarnos en niveles más elevados contemplamos mayores cosas de nosotros y de los demás.
Nunca pararemos de conectar información con nuestra mente, ella está diseñada para eso mientras exista, lo único que podemos hacer es controlarla en su enfoque, contenido y dirección, de cualquier otra forma ella nos arrastrará con información que no filtramos y eso no garantizará que avancemos a donde queremos llegar.
No hay que confundir los reflejos de la luz, ni los ecos de los sonidos, busquemos la fuente de su emisión, busquemos el origen de lo que somos y podemos llegar a ser. El conocimiento real solo puede ser sostenido por el verdadero Ser y este se realiza en el hacer. Hay que observar la verdad de uno mismo a través de comparar nuestras experiencias con las de los otros que han experimentado las mismas cosas, porque el objetivo es aprender, adaptar y corregir lo que necesitamos para nuestro desarrollo.
El cerebro proyecta patrones a su derredor antes de ver lo que sucede, esto depende del estado y el grado de identificación en que nos encontramos. La realidad se conforma de información y su orden es especifico según nuestro punto de vista. Vivimos muchas etapas: en cada centro, en cada personalidad, en cada estrato social, pero la esencia puede asomarse entre las grietas de la personalidad, matizada quizá por el deseo espiritual que entiende lo superior.
¡Todo cuenta! Cualquier proceso que no sea medido no puede ser comprendido. Una observación no es suficiente, se requieren muchas, y estas deben estar controladas por un observador en un sistema que les de orden y sentido. No existe únicamente una regla, lo más obvio es comenzar con lo inmediato, con aquello que nos esté alterando nuestra ecuanimidad y armonía. La constancia de las observaciones son la medida, independientemente del punto del cual iniciemos. Nadie tiene ventaja, cada uno parte de las circunstancias de su propia obra. El proceso para actualizarse en el presente es la verdadera sincronía con las fuerzas superiores.
La clave yace en el entendimiento de la comprensión de lo superior, y nuestra relación personal con ello, nos muestra el sitio dónde nos encontramos. La aceptación de nuestra posición solo se puede dar si somos conscientes de nuestro nivel de consciencia. La humildad y el amor son la medida. El Dios que vamos a encontrar a la hora de nuestra muerte, corresponderá al sistema de creencias que hemos cultivado a lo largo de nuestra vida, pero todo lo que no ha sido obtenido conscientemente se perderá, como lágrimas en la lluvia.
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