13/11/2024
SER FIEL A UNO MISMO
Tenía tanto miedo de convertirme en mi papá. No por ser él, sino por la incertidumbre de no lograr ser alguien tan grande, tan valiente, tan entregado. ¿Cómo podría igualar a quien camina dejando huellas profundas, a quien se distingue entre los demás con una claridad que otros no se atreven a tener?
Recuerdo cómo, siendo joven, él fue el blanco de burlas, incomprendido por aquellos que no veían su valor oculto, su potencial. Pero él encontró en sí mismo algo especial, algo que lo elevó por encima de las críticas, convirtiéndolo en la persona que yo tanto admiro.
Hoy veo cómo muchos siguen referencias externas, figuras que, aunque parecen transmitir mensajes inspiradores, a veces confunden o no comunican con autenticidad. En cambio, mi padre fue un faro que no necesitaba seguidores, un ejemplo de que el verdadero camino es el que construimos desde dentro, rodeándonos de personas que nos aprecian y aceptan tal como somos.
Es un pensamiento que no solo los hombres deberían tener, sino cualquiera que busque autenticidad. Porque, tristemente, en esta sociedad, nos dividimos por diferencias creadas por otros, dejándonos llevar por ideas prefabricadas de cómo debe ser un hombre, de cómo debe ser una mujer. Estas expectativas son solo espejismos que los medios nos presentan como ideales, sin darnos la libertad de ver más allá de la superficie.
¿Acaso no tenemos juicio propio? Nos dejamos influir por lo que los demás dicen de nosotros, permitiendo que nuestras inseguridades se alimenten de comentarios y opiniones ajenas. Al hacerlo, olvidamos que la verdadera fortaleza está en aceptarnos y construir nuestra identidad sobre cimientos propios.
Aprender a ser fiel a uno mismo significa dejar de lado el miedo a los juicios externos, significa mirar en el gris de la vida y comprender que somos una mezcla de luces y sombras. Mi padre me enseñó eso sin decírmelo, porque su vida fue su mensaje. Hoy, quiero honrarlo al encontrar mi propio camino, al ser fiel a mí mismo, y al entender que, aunque el mundo insista en ponerme en una caja, soy libre de construir mi propio ser, como él lo hizo.
¿Lo raro? Lo raro es que nunca tuve un padre. Desde chico, siempre fui mi propio ejemplo de un hombre de verdad, aunque esa identidad tuvo sus altibajos. Al final, siempre soñé con ser mi padre… es decir, mi yo del futuro.