08/07/2026
Si se estan preguntando el porque de este articulo aqui...y para que esta aqui colocado, y que nos importa esto aqui...? es porque se trata del proceso de aprender; muy bien, pero aprender que...? para que y porque que necesitamos este articulo aqui si esto es una pagina de INGENIERIA de SONIDO y/o AUDIO...? que sucede aqui...? bueno, sucede mucho con demasiado; El aprendizaje del contenido que sea, MUSICA, BIOLOGIA, MATEMATICAS; ARMONIA; un instrumento Musical, manejar carro, maquinas pesadas, un avion, un programa de D.W.S...un transbordador espacial, es un proceso intelectual, cognitivo, de hecho es un proceso fisiologico propio de las estructuras del Cerebro humano, de llegar a conectar una neurona con otra a traves de sus dendritas y establecer la coneccion cognitiva...y a eso se le llama aprendizaje cognitivo, si esa coneccion no se establece, NO se realiza, no se conecta una neurona con la otra...simplemente NO HAY APRENDIZAJE de nada...NO se aprende...por lo tanto NO SE SABE, es como conectar un cable electrico para prender un bombillo, si el cable y el bombillo no se interconectan adecuadamente y en la secuencia exacta...la corriente electrica NO PASA a traves del cable y el bombillo NO SE ENCIENDE...NO HAY LUZ, la oscuridad continua, a pesar de que tenemos todas las cosas y elementos necesarios para encender el bombillo...en otras palabras mas claras...NO se sabe conectar cada elemento en la secuencia adxecuada, de forma que cuando se intente encender el bombillo, el bombillo no se enciende, o en el mejor de los casos hacemos un corto circuito, nos da un corrientazo y podemos morirnos o sucede el chispazo, no nos morimos pero tampoco enciende el bombillo...hay muchas variantes para que tal secuencia no este bien armada y por consiguiente o pasamos por el proceso de ensayo y error hasta que el bombillo se enciende y hay luz, podemos ver donde antes no se podia porque ahora hay luz del bombillo que se enciende o pasamos la vida entera viendo como hacemos encender ese bombillo...le rezamos a los santos por un milagro, o a los santos X o Z, o le hacemos un sacrificio para que el dios o los dioses se apiadan de nosotros y la luz se encienda, o gritamos, bailamos, hacemos un ritual magico o hacemos un templo o hacemos mas sacrificios INUTILES y la luz sigue sin encenderse...AJA, y cual es la solucion...? un PROFESOR...que nos enseñe paso a paso, la secuencia con los materiales que TENEMOS a la mano, que nos aprendamos tal secuencia, la repitamos N+1 ves, hasta que la APRENDAMOS y cada ves que le repetimos, la luz se prende...¡¡¡ LEAN el ARTICULO...😎😎😎 El día que un alumno preguntó si el profesor todavía servía
Una pregunta hecha para provocar terminó convirtiéndose en una discusión sobre cómo aprendemos cuando toda la información parece estar al alcance de un clic.
Por Redacción Nota Antropológica
Alguna vez todos hemos pasado por lo mismo, o al menos la mayoría. Necesitamos un dato, sacamos el teléfono, escribimos unas cuantas palabras y, en cuestión de segundos, aparece una respuesta. La información está ahí, disponible a cualquier hora. Entonces surge una duda que resulta difícil de ignorar. Si Internet parece saberlo todo, ¿para qué seguir necesitando a un profesor?
Esa misma pregunta se hizo dentro de un salón de clases. Un estudiante, con la intención de provocar a su maestro, le dijo una serie de palabras que todavía podrían estar vigentes incluso muchos años después.
"Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?"
La escena parece cotidiana, incluso hasta un poco inocente. Sin embargo, detrás de esa provocación había una discusión sobre la educación y la manera en que aprendemos.
Quien tomó esa pregunta para analizarla, reflexionarla y luego tratar de contestarla fue Umberto Eco, el conocido escritor, ensayista y especialista en lingüística, comunicación, entre otras áreas del conocimiento.
En un artículo publicado en 2007, Eco no descalifica al estudiante. Al contrario, reconoce que había dicho una verdad, aunque solo una parte de ella.
Umberto Eco explica que, durante mucho tiempo, la escuela tenía como una de sus principales funciones transmitir información. Había que memorizar tablas, capitales, fechas históricas y nombres de lugares lejanos.
Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar incluso antes de Internet. La radio, el cine y la televisión ya acercaban noticias, imágenes y conocimientos que antes solo podían encontrarse en un salón de clases.
El propio Eco utiliza su experiencia para mostrar ese cambio. Pone como ejemplo que, mientras su padre apenas conocía algunos lugares del mundo, él creció escuchando noticias sobre la Segunda Guerra Mundial en la radio.
Más tarde, sus hijos pudieron conocer, gracias a la televisión, paisajes, animales y acontecimientos internacionales sin salir de casa. Además, los niños comenzaron a escuchar palabras relacionadas con temas científicos o conflictos internacionales mucho antes de estudiarlos formalmente.
Entonces, si la información ya circula por todas partes, ¿qué queda por hacer dentro de la escuela? Esa era la pregunta en aquel entonces.
Hay algo que no puedo dejar de pensar mientras leo estas líneas.
Cuando Internet parecía tenerlo todo y creíamos que toda la información estaba al alcance de la mano, de una computadora, de un clic o de un buscador, surgió esta reflexión de Umberto Eco. Ahora me pregunto qué estaría diciendo acerca de los procesos que hoy podemos desarrollar a partir de la inteligencia artificial.
Quizá Umberto Eco estaría pensando que, tal vez, hay un poco de razón en quienes afirman que los maestros están siendo desplazados por la inteligencia artificial. O quizá no. Quizá simplemente pensaría que se trata de una herramienta de apoyo para optimizar ciertos procesos que Internet, en su momento, simplemente no permitió desarrollar.
Umberto Eco se contestaba a sí mismo que un profesor no existe solamente para informar. Su trabajo consiste en formar personas capaces de pensar sobre aquello que reciben.
Porque una buena clase no depende de la cantidad de datos que se mencionan, sino del diálogo, de la discusión y de la posibilidad de comparar distintas ideas.
Saber que ocurre un conflicto en algún país puede conseguirse viendo las noticias. Comprender por qué sucede allí y no en otro lugar requiere analizar procesos, contextos y relaciones que difícilmente aparecen completos en los medios.
Además, Eco advertía que los medios de comunicación también transmitían valores, interpretaciones y formas de mirar el mundo. Precisamente por eso consideraba que la escuela debía enseñar a discutir esas versiones, evaluar sus argumentos y comprobar la información antes de aceptarla como verdadera.
Sin embargo, el desafío se volvió todavía mayor con la llegada de Internet. La red contiene una cantidad de información que supera con facilidad la que cualquier profesor puede recordar. El problema después no consistió en encontrar datos. El verdadero reto aparece cuando surge la pregunta. ¿Cómo distinguir una fuente confiable de una que no lo es? ¿Cómo decidir qué merece ser recordado y qué puede descartarse?
Esa capacidad de seleccionar constituye una habilidad que no surge automáticamente por tener acceso a un buscador. Cualquiera puede almacenar información. Lo difícil consiste en organizarla, compararla, cuestionarla y darle sentido. Incluso reconoce que muchos docentes todavía enfrentan dificultades para enseñar ese proceso. Aun así, considera que su responsabilidad consiste precisamente en mostrar cómo se analiza críticamente aquello que circula en Internet.
La diferencia, entonces, ya no está en quién conoce más datos. La diferencia aparece en quién logra construir relaciones entre ellos. Internet puede decirnos qué es un personaje histórico o qué significa un concepto científico. Lo que no hace por sí solo es explicar por qué esas piezas importan cuando se observan juntas. Según Eco, esa sigue siendo una tarea de la escuela.
Me llama mucho la atención cómo un texto de Umberto Eco, escrito hace décadas, continúa vigente, porque la discusión sigue siendo prácticamente la misma. En aquel entonces se preguntaban si los maestros todavía tenían sentido, si era necesario que estuvieran ahí para enseñar aquello que ya podía encontrarse en Internet.
Es la misma discusión que estamos teniendo hoy, solo que ahora en la era de la inteligencia artificial.
Desde luego, no creo que los maestros vayan a desaparecer. Los maestros siempre estarán ahí. También creo que los procesos mentales que ejecuta nuestro cerebro humano son imposibles de desplazar por una inteligencia artificial.
Quizá esa discusión iniciada por un estudiante hace casi dos décadas continúa acompañándonos cada vez que abrimos un buscador para resolver cualquier duda cotidiana. Tener respuestas disponibles nunca había sido tan sencillo. Aprender a formular mejores preguntas sigue siendo otra historia.
Ahora la pregunta cambia de dirección. Cuando buscas una respuesta en Internet, ¿también te detienes a preguntarte por qué deberías creer en ella? Hoy esa misma pregunta podría hacerse frente a cualquier respuesta generada por una inteligencia artificial.
¿Ustedes qué piensan? ¿Creen que, en la era de la inteligencia artificial, realmente ya estamos atravesando por esos procesos? ¿O simplemente estamos repitiendo la misma discusión que comenzó cuando Internet llegó para cambiar nuestra forma de aprender?
Si esta reflexión te acompañó hasta el final, cuéntame qué opinas en los comentarios y compártela con alguien que disfrute conversar sobre educación y conocimiento.
Referencia
Eco, U. (2007). ¿Para qué sirve el profesor? 21 de mayo de 2007. Traducción de Mirta Rosenberg. Publicado por La Nación/L'Espresso...😎😎😎