03/09/2024
El Algoritmo Supremo
Edwin González
29.8.24
Puede parecer un tanto peculiar el titulo del presente análisis, quizá, extraño, pero no debe preocuparse, seré claro e intentare darle sentido a lo que acá estudiaremos. El termino que puede parecer poco común para la mayoría, es algoritmo, una palabra que le es propia en esencia al ámbito informático. Eso no quiere decir que no sea utilizado en otros ámbitos de la academia, puesto que el mismo ha sido tomado prestado para a otras disciplinas, lo he visto usar entre políticos y debates de filosofía.
Entender el termino es sumamente fácil, no hay ninguna ciencia extraña en él o algún tipo de encriptación indescifrable, de facto, apela a algo simple con lo que todos estamos familiarizados. Sin más, lo que esto significa, grosso modo, es instrucción. Estoy seguro que esto no es nada extraño a la cristiandad, ya que el cristianismo tiene todo un amplio sistema de instrucciones, lo que se puede llamar ley o mandamientos. Quiero plantear analógicamente esta cuestión, tomando prestado el procedimiento que se da a nivel informático, que será explícitamente claro para añadir sentido y contenido a nuestro target actual.
En la informática, los algoritmos son líneas de código que tienen parámetros sintácticos y semánticos, poseen toda una estructura que puede llegar a ser algo compleja, estas funcionan bajo un esquema lógico. Los programadores deben ser lógicos por excelencia, la lógica, como ha de saberse, busca dar sentido a lo que el programador escribe. Es un trabajo que sin duda puede llegar a tener niveles de dificultad dantescos. Muchas veces son necesarias millones de estas líneas de código para llegar al fin tanto intermedio como ultimo. El intermedio, es la creación de un sistema útil, el ultimo, es esa utilidad que el mismo debe tener para el usuario final.
Dicho lo anterior, la orientación que quiero darle a este artículo, de seguro ya usted lo habrá descifrado. Al referirme a un algoritmo supremo no estoy aludiendo a algo más que la palabra de Dios, nuestro algoritmo supremo. Pero no es solo nuestro algoritmo supremo, es de hecho, en terminos universales, el algoritmo supremo. Habíamos dicho atrás, que los algoritmos simplemente son instrucciones, y que estas funcionan bajo parámetros lógicos que tienen toda una estructura gramatical. Exactamente lo mismo sucede con la gloriosa palabra de Dios. Sus instrucciones contienen una lógica irrebatible, aunque haya quienes piensen lo contrario. Los que así piensan, es solo porque no se manejan bajo esquemas lógicos del pensamiento.
Los algoritmos de Dios, contienen nada mas y nada menos que la lógica misma de su razón suprema. Como paréntesis, pregunto retóricamente, quien sería capaz de rebatir la lógica de Dios. Ningún algoritmo carece de propósito, al menos no los que surgen de una razón cuyo formato se centra en la coherencia. En Dios no existen las incoherencias, se puede o no creer en Él, pero para el que dice creer, argüir que sus razones son incoherentes, demuestra la incoherencia de quien esgrime el fallido y fracasado argumento. Así como un ingeniero de la informática o los sistemas, diseña y escribe algoritmos, Dios también escribió los suyos, literalmente es así, eso el que lo vemos en el evento sobrenatural que Moisés experimento cuando le fueron entregadas las tablas de la ley, las cuales fueron escritas por la mano de Dios.
Las instrucciones del Todopoderoso están cargadas de sentido y significado, todas ellas buscan dar orientación, por eso deben tener sentido y ser inteligiblemente aprehensibles por el hombre que es el usuario final que se beneficiara del sistema ético de Dios. De tal suerte que, el algoritmo del Todopoderoso, siempre apuntara hacia la búsqueda de una institución ética que pretende desarrollar al hombre como una entidad cuya praxis se suscriba a la justicia. Dios ama al justo, pero aborrece al pecador, en tanto que este último procede indiscriminadamente y con persistencia en su delito. Mucho se podría elucubrar sobre cuál es el fin último de este algoritmo supremo. Algunos creen que es para salvación, otros que, para ser buenos, y así como de grande es el bazar en un mercado de pulgas, podría también serlo las diferentes aproximaciones exegéticas que desean buscar el sentido absoluto de la ley.
Lo que es claro, es que dicho algoritmo, en un sentido que habrá que precisar, no es para salvación. Ni siquiera para ser buenos. De capitular con la idea de que la ley es para ser salvos, se estaría entrando en la esfera de la otra religión del mundo, porque como ya he dicho, en el mundo solo existen dos religiones. Una cuya salvación se alcanza por obras de bondad, donde la justicia y el merito del sujeto es algo que se obtiene en su praxis, y otra donde la salvación descansa únicamente en la doble imputación de una justicia que es foránea al sujeto cognitivo, extra nos, fuera de nosotros, y que se recibe en un acto de pura gracia, teniendo como causa instrumental la fe. Esta discriminación entre los teólogos se puede llamar de dos formar, infusión o imputación, pero también suelen utilizarle los términos, analítica y sintética. No me dedicare al explicarlo, lo dejo para la curiosidad del lector.
Todo cristiano reformado debe tener al menos una noción decente de lo que mencione atrás, aunque mi experiencia me ha dicho que pocos tienen idea de estas cosas, lo que es una situación seria y, sobre todo, peligrosa. La biblia es muy clara en estos asuntos, pese a lo polémico que históricamente ha sido el tema. Pero volviendo al punto, el algoritmo de Dios, no es ni para salvación ni tampoco para hacernos bueno, lo que si ambiciona, es que el creyente busque y trabaje por la justicia, que es un imperativo de la fe que profesamos. Pero ¿Por qué ser justos? Si alguien dice ser hijo de Dios, debe entender que no se manda solo, que tiene un Señor, y que ese Señor ha instituido reglas absolutas como andamiaje de vida para el creyente. Dios es justicia pura y perfecta, y no puede exigir nada menos que justicia. Pero la justicia no es algo que se crea en el vacío, no sale de la nada o es producto de procedimientos estadísticos azarosos.
Y aquí en donde quiero entrar a precisar algo de suma importancia. Que un cristiano reformado diga que la salvación no depende de las obras de ley, no es en lo absoluto, una declaración de antinomianismo. Lo digo, porque esa la objeción por excelencia de aquellos que siguen creyendo en una justificación que se halla por las obras de la ley. Pablo es muy claro al respecto cuando escribiendo a los efesios les dice:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9.
Muchos interpretan esas palabras de Pablo como una autentica declaración antinomiana, ¡vaya que es absurdo el argumento! No hay antinomianismo en la ortodoxia reformada. Los reformadores, si bien fueron contundentes en afirmar que somos salvo únicamente por los méritos del Mesías que nos son imputados, también lo fueron al expresar que las obras son absolutamente necesarias, no como un medio para la salvación, sino mas bien como una demostración inequívoca de que la persona realmente había sufrido una regeneración en su espíritu. Esa idea es muy clara en Lutero y Calvino. De tal manera que, todo intento de argüir que la fe reformada es antinomiana, es decir, que no le importa la ley, es infundada y peca en desconocer los cánones reformados.
Santiago, a quienes muchos ignorantes y maliciosos han intentado meter en el ring de boxeo con Pablo, aclara el asunto. El nunca dice que las obras sean para salvación, lo que si afirma con gran certeza, es que, la fe sin obras es mu**ta, y esa es la celebre frase que pone de cabeza a muchos, creyendo que lo que Santiago ahí esta expresando, es una idea contrapuesta a la de Pablo, queriendo dar a entender que la salvación es en realidad un asunto de obras. Eso ocurre por olvidar la regla de oro de la hermenéutica, el contexto lo es todo. Lo que Santiago esta aseverando, es que, alguien que diga tener fe genuina, jamás puede vivir al margen de la obra. Es más, llevemos esto hasta su consecuencia mas severa y lógica.
Lo que el autor sagrado esta comunicando con una severidad destructora, es que la idea de un cristiano que no da frutos, es ficticia, en otras palabras, si el que esta diciendo ser cristiano, y va al culto los domingos, y ora, etcétera, no da nunca frutos, el tal no es cristiano, y si no es cristiano, la lógica aplastante de la biblia nos diría que el tal no es salvo. Hacia ese tema es que Santiago está orientando su mensaje. En consecuencia, cumplir los mandamientos son una demostración de un espíritu renacido, quien hace escarnio de la ley y no le da su justo lugar, y jamás se interesa en cumplirla, no tiene fe salvífica, porque el alma regenerada por el Espíritu Santo, da frutos, porque en el algoritmo que se integró en ese golpe de gracia, muda su naturaleza, y lo hace acto para cumplir los mandamientos, elípticamente, se diría lo contrario. Así de sencillo. Pablo informa a su discípulo Timoteo lo siguiente:
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16
Creo que este texto es fundamental para el presente análisis. Quizá estemos ante la expresión mas viva y sugerente de toda la escritura respecto al tema de lo que este algoritmo supremo es y pretende. Ya tocamos a vuelo de pájaro, la cuestión de la justicia, pero como acaba de leer en el texto, la cosa no queda ahí, además de hablar de justicia, también indica la didaje (enseñanza), redargüir y corrección, pero si ha leído con detenimiento, la magistral exposición de Pablo en ese versículo, esta informando que hay un cumulo de elementos que fungen como causas instrumentales, para el fin último, que es lo que hemos venido tratando. Pablo dice que, la razón por la que la escritura busca enseñar, redargüir e instruir, es para hallar la justicia.
Así estamos viendo el fundamento escrituristico que le aporta legitimidad a nuestro análisis. Dios quiere que seamos justo, este termino es muy sugerente, es potente en todo sentido. Si queremos saber que es justicia, al menos en términos muy abstractos, habría que mirar hacia Dios. No puedo proponer otra vía mejor, según entiendo, para saber que significa ser justo, que conociendo el carácter del Todopoderoso. La razón suprema de la biblia no es darle salvación al hombre, es que el hombre conozca a su Creador, que le dio y sigue dando vida, en un acto providencial de su soberana voluntad. Jeremías lo expresa elocuentemente al indicar:
Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
No hay vacilación en el profeta, si algo debe ufanar al hombre, hacerlo sentir orgullo, y aquí el orgullo, que en líneas generales es negativo, se hace legal, solo en este caso, es en entenderle y conocerle. Por eso no puedo proponer otra vía mejor para saber que significa ser justo. Conoce a Dios, pero entienda, a Dios no se le conoce abriendo la biblia solo los domingos para el sermón de la semana, o escuchando el discurso de su pastor. Necesitamos tener una relación constante y de mucha calidad con nuestro Señor, y eso significa invertir tiempo, todo el que sea necesario, sin escatimar. También hacerse de recursos que le ayuden en su avance, un cristiano debe aprender a invertir mas en su biblioteca que en su armario. No hay formulas mágicas para esto. Hay que actuar, tiene toda libertad para hacerlo, pero si la voluntad no se cede a esa meta, no podremos llegar a nada.
En ocasiones he dicho dos cosas: 1- Nada en la vida es gratis, y en la vida cristiana menos, o se esfuerza en agradarle, y para ello primero tiene que conocerle y conocer su voluntad preceptiva, o se queda justo en el lugar que se encuentra en este momento, o peor, porque estoy completamente convencido de lo que dice Robert Charles Sproul, un cristiano que dice está estancado, en realidad no esta estancado, parado y vegetando en un mismo lugar, en realidad esta retrocediendo. Nunca quedamos en el mismo punto inertes. 2- La fe cristiana no es para vagos. El que no hace lo que Josué registra cuatro veces en el primer capítulo de su libro, no tendrá ninguna oportunidad, y ¿Qué es lo que dice? ¡ESFUERZATE Y SE VALIENTE! Si obedeces, porque esta es una condición absoluta, tendrás una vida gloriosa, porque Dios no es deudor de nadie.