15/10/2021
HOMENAJE A LA PROFESORA GRACIELA MORET
Hoy seguro en el cielo los ángeles se preguntarán, como se preguntó Salomón el sabio hombre de Dios en Cantar de Los Cantares, “¿Quién es esta que surge como al aurora, bella como la luna, brillante como el sol, impresionante como las estrellas del cielo?”.
Y en nosotros, acá en el plano terrenal, queda el bello recuerdo de tu imagen inmaculada de una dama excepcional, abnegada y exigente en su extraordinaria labor de formación de quienes tuvimos el honor de ser tus alumnos.
Mujer de carácter fuerte y claridad meridiana al expresar su sentir y parecer sin tapujos ni medias tintas. Siempre expresaste y defendiste tu verdad con criterios muy particulares y respetables, fundamentados en tus firmes principios morales y éticos, característicos de los seres humanos íntegros en todos los escenarios de la vida.
Quienes tuvimos el privilegio de conocerte y de cultivar tu amistad, sabemos de tu grandeza espiritual. Un alma noble, generosa y solidaria con quien lograba ser parte de tu selecto y afortunado círculo de amistad al cual tuve la dicha de pertenecer, pues en tu concepción del concepto fuiste rigurosa y prudente.
Graciela, en tu honor, querida amiga.
Es indudable cada vez que nos toca despedir un ser querido, un familiar, una amiga, que nos ha tocado en el caso de Graciela, la tristeza nos embarga nuestro corazón como respuesta normal por nuestra naturaleza humana. Sin embargo, en la quietud del espíritu, sabemos, quienes creemos y profesamos la Fe cristiana, que le hemos de volver a ver en gloria eterna cuando resucitemos juntos. Pues Fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que, aún sin ver, tenemos la seguridad que veremos.
Y ese gran día, Graciela, tenemos la esperanza de caminar todos juntos en la nueva Jerusalén, Ciudad Santa, con sus calles de oro y muros de jaspe, adornados con piedras preciosas: zafiro, ágata, esmeralda, ónice, cornalina, crisólito, berilo, jacinto y amatista, tus piedras preferidas, y perlas en sus puertas. Imagino, amiga, tu rostro radiante de alegría y gozo ante la Gloria de Dios iluminando el camino.
Descansa en paz, querida amiga, camino a tu morada eterna junto al Creador, que enjugará toda lágrima, y en donde ya no habrá más llanto, ni dolor, ni sufrimiento, pues Dios mismo estará contigo (Apocalipsis 21).
AUTOR: PROFESOR LUIS CARLOS RODRÍGUEZ
Centro generador del conocimiento en el área de la alimentación y la nutrición