03/05/2016
El Kybalion Los siete principios o axiomas, como están descritos en el Kybalión, son: Mentalismo. El Todo es mente; el universo es mental. Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arrib…
Esta página está orientada a la difusión del conocimiento Espiritista.
03/05/2016
El Kybalion Los siete principios o axiomas, como están descritos en el Kybalión, son: Mentalismo. El Todo es mente; el universo es mental. Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arrib…
Principio de Vibración
María Coello
El tercer principio Hermético: es el de “vibración, el cual consiste en que todo se mueve, nada reposa, todo vibra en diferentes grados, en distintas direcciones y maneras, con una frecuencia e intensidad particular. De manera básica podemos definir la vibración, como el movimiento sobre un punto fijo, como lo electrones del átomo que giran en torno al núcleo. En la medida que la frecuencia es más rápida, es de tal intensidad que pareciera estar en reposo, es la energía del Espíritu, que constituye uno de los polos de la vibración mientras que en el otro extremo de la escala encontramos vibraciones más lentas, que se corresponde con la materia densa y que por su lentitud también parecieran estar en reposo. Existen entre ambos polos diferentes intensidades y modos de vibración. La materia está compuesta por átomos en constante movimiento y transformación; la Física Moderna ha comprobado que la energía y la materia son estados vibratorios, (e=mc2). Para la Doctrina Hermética, al igual que para la Doctrina espiritista, el Éter es un eslabón entre la energía espiritual y material densa; un estado que se manifiesta como una materia sutil de gran plasticidad y elasticidad, que todo lo llena y sirve de transmisor de las ondas de luz, calor, magnetismo y electricidad, que son algunas formas del movimiento vibratorio. Nuestro cuerpo intercambia átomos con el medio y se renueva constantemente, por eso nos decía Heráclito en la antigua Grecia: “Nadie se baña dos veces en el mismo río” haciendo referencia a que todo cambia, pero sabiamente añadió: “menos la Ley del cambio”. No debemos resistirnos al cambio porque él nos introduce a la corriente de la transformación que permite al Espíritu realizarse. El hermetismo a través del Principio de Vibración, afirma que toda manifestación, pensamiento, emoción, va acompañado de una vibración que afecta a los demás, de allí la importancia de aprender a dominar los estados mentales para producir las vibraciones adecuadas y repeler las perjudiciales, modificando nuestros pensamientos. Cuando nos reunimos con personas afines a nuestro sentir nos rodeamos de vibraciones y frecuencias similares; recordemos que las energías iguales se atraen y que nuestros pensamientos, emociones, deseos e impulsos son solamente estados vibratorios, debemos atraer a nosotros ondas positivas, modificando nuestros estados mentales; esto deben cuidarlo especialmente los médiums y recordar que los espíritus de mayor jerarquía moral vibran en alta frecuencia y que elevar nuestro estado nos permitirá sintonizar entidades espirituales de mayor progreso. La vibración también se manifiesta a través del color y del sonido, por eso lo que los colores y la música pueden cambiar nuestro estado anímico. También debemos cuidar las palabras que emitimos, porque tienen poder y pueden influir positiva o negativamente, tanto en nosotros como en los demás. El secreto de la Ley de Atracción, es la vibración que permite aline-arnos y comunicarnos con el universo. En este sentido podemos leer en el Espiritismo en su Asiento: “...las vibraciones de cada hecho de los hombres de la tierra, se comunican en todo instante por el conductor Éter...”. La comprensión de este principio permite alcanzar el domino de la transmutación, la alquimia del amor, que tanto para la Doctrina Hermética como para la espiritista es el nivel vibratorio más elevado que podemos conquistar los seres humanos.
LA NATURALEZA HUMANA
La naturaleza humana consiste en que el hombre está conformado por tres entidades: cuerpo, alma y espíritu. Conocer nuestra naturaleza nos permite entender las clásicas preguntas metafísicas ¿De dónde vengo?, ¿Por qué estoy aquí? y ¿A dónde voy? Teniendo claro estas interrogantes, ello nos proporciona fortaleza y seguridad en sí mismo, lo cual se traduce en salud y calidad de vida. Y si practicamos lo que aprendemos obtendremos la felicidad, porque el conocimiento aplicado es el alimento del espíritu.
La esencia del ser humano es una chispa de la Divinidad, un eón, fotón, centella del alma (escintilla animae) o, como se dice en nuestra Doctrina, una partícula del Espíritu Universal. Esta “chispa” divina no es creada por ningún creador, simplemente emana directamente del Espíritu Universal y se envuelve en el Alma Universal para adquirir “individualidad”. Al envolverse, la chispa Divina “pierde” su luz, “se convierte en su contrario”. Este proceso es lo que algunas filosofías y religiones llaman la Caída del Alma o ángeles caídos. Y determina lo que algunos han denominado unidad de contrarios y que otros, como Zoroastro y Descartes, han llamado Dualismo.
El gran sabio Nicolás de Cusa (Cardenal católico omitido por Joaquín Trincado en la Filosofía Austera Racional) había señalado que “Dios” es la Coincidentia Oppositorum (la unión de los contrarios) y que la redención del hombre consistía en la unión de lo finito con lo infinito; es decir, del proceso paulatino de sublimación del alma humana por la acción volitiva del hombre, que permite que el espíritu penetre el alma y le transmita sus facultades y poderes, confiriéndole el llamado poder psíquico o poder del alma. En otras palabras, la redención es la eclosión de la chispa Divina de lo más profundo del alma humana cuando el hombre ha acrisolado sus instintos, lo cual es posible por el conocimiento y experiencias acumuladas durante nuestras existencias y la morigeración de las pasiones, gracias al proceso de reencarnación.
Este proceso es dialéctico y teleológico; es decir se da por contradicción y es el destino final de los seres humanos, la realización de nuestra esencia Divina. Nadie puede ser sabio si antes no ha sido ignorante; nadie puede ser bueno si antes no ha sido malo; para ser grande es necesario ser primero pequeño, y así sucesivamente. Al respecto, el Maestro Joaquín Trincado nos dice: “… si no hubiéramos pasado por
mal ¿Cómo conoceríamos el bien? Aquellos males os hacen apreciar los bienes eternos” (Conócete a ti Mismo, Párrafo V, Obras del Espíritu, p. 66). Como la sabiduría es una y la misma, esto también está recogido en el texto bíblico cuando señala: “Dichosos los de corazón limpio porque verán a Dios” (Mt. 05:03-08); “Satanás se transforma en ángel de luz” (2Co. 11:13-14). Esto lo ha pretendido tergiversar el Catolicismo, cuando en su traducción bíblica dice: “Satanás se disfraza de ángel de luz” (Es el mismo pasaje bíblico). Como se observa, son versiones o interpretaciones bastantes diferentes, pues “transformar” implica cambiar de forma, trascender en otra distinta, así como el gusano se transforma en mariposa; mientras que disfrazarse significa ccambiar la apariencia exterior para ocultar el aspecto real de una cosa; pero la Biblia ¿No y que es un texto infalible dictado por Dios?, ¿No es la palabra infalible de Dios?
El final de este proceso, o redención como lo denominó Cusa, es lo que los hindúes llamaron nirvana, Aristóteles entelequia, Hegel aufhebung, Nietzsche súper hombre, o como dice el texto bíblico: “Al final seremos dioses”. En otras palabras, no es más que seres de luz, que han purificado sus almas, cuya luz del espíritu se expresa a través del alma.
Ahora se nos facilita entender la expresión de Heráclito: “El eterno retorno”, o la parábola de Jesús de Nazareth: “Los últimos serán los primeros”.
Lo que diferencia al hombre de los animales es precisamente lo humano, porque aparte de nuestra alma tenemos un espíritu, cosa que los animales no tienen.
Es importante traer a colación la sentencia de Abraham, cuando señaló: “Y los siglos serán treinta y seis desde que escribiré mi Ley y de este siglo mis hijos serán de luz porque verán la luz del Padre que les darán mis espíritus”. Esta profecía se cumplió en el siglo de la Luces con la aparición de Allan Kardec, dando al mundo por vez primera una Doctrina denominada Espiritismo, cuyos antecedentes están en el Renacimiento Clásico, donde se rescató el estudio del Hombre, el Humanismo, es un retorno al conócete a ti mismo, un paso más hacia la instauración del Reinado del Espíritu.
(Es un análisis objetivo e imparcial, comparado a la luz de la cultura histórico-filosófica. Aclaratoria para no herir susceptibilidades).