29/12/2019
Gillian es una niña de siete años y no puede sentarse en la escuela. Se levanta continuamente, se distrae, vuela con los pensamientos y no sigue las lecciones. Sus profesores se preocupan, la castigan, la regañan, premian las pocas veces que está atenta pero nada, Gillian no sabe sentarse y no puede estar atenta. Cuando llega a casa, mamá también la castiga. Mamá piensa que no puede fingir nada ante el comportamiento de la niña. Así que Gillian no sólo toma malas notas y castigo en la escuela, sino que también los toma en casa, como si no fuera ya un castigo y una humillación el maltrato y los gritos delante de todos los compañeros. Un día la madre de Gillian es llamada a la escuela. La Señora, triste como quien espera malas noticias, toma a la niña de la mano y se va a la escuela, en la sala de entrevistas. Los profesores hablan de enfermedad, de un trastorno evidente de la niña. Todavía no hay hiperactividad, o tal vez alguien le daría un medicamento a la pequeña Gillian. Durante la entrevista llega un viejo profesor que conoce a la niña y su historia. Pide a todos los adultos, madre y colegas, que lo sigan a una habitación contigua desde donde se puede ver a la niña. Al irse le había dicho a la niña que tuviera un poco de paciencia, que volvería enseguida, y le enciende una vieja radio con música de fondo. Como la niña se encontraba sola en la habitación inmediatamente se levantó y comienzó a moverse, persiguiendo con los pies y el corazón la música en el aire. El viejo profesor sonríe mientras los colegas y la madre lo miran entre confundido y compasivo, como a menudo se hace con los viejos. Él grita:
"¡Vean a Gillian, no está enferma. Gillian es bailarina!".
Le recomienda a la madre que la lleve a una clase de baile y a sus colegas que la hagan bailar de vez en cuando.
La niña asiste a su primera lección y cuando llega a casa le dice a mamá con felicidad: "¡Todos son como yo, allí nadie puede sentarse!"
En 1981, después de una hermosa carrera de bailarina, después de abrir su propia academia de baile, después de recibir reconocimientos internacionales por su arte, Gillian Lynne sería la coreógrafa del famoso musical Cats.
Fuente “El elemento”.