08/09/2026
Uruguay mostró un desempeño desigual en las pruebas PISA 2025: mientras alcanzó en ciencias su mejor resultado histórico desde que participa en la evaluación, retrocedió en lectura durante la última década. Aun así, el país quedó por debajo del promedio de la OCDE en las cuatro áreas evaluadas, en un contexto regional marcado por el deterioro de los aprendizajes.
En ciencias, el 64% de los estudiantes uruguayos alcanzó al menos el nivel básico de competencia, frente al 74% de promedio de la OCDE. En matemática, solo el 42% llegó a ese nivel, contra el 65% de la organización, mientras que en lectura lo hizo el 57%, frente al 69%. Además, apenas el 1% de los alumnos alcanzó los niveles más altos en matemática y solo el 2% lo hizo tanto en ciencias como en lectura. Empeorando y NO logrando avanzar en Lectura, ergo…de esta manera, no recuperamos la caída libre en “comprensión lectora” como lo dicen las reiteradas mediciones realizadas. Si no hay buena lectura y comprensión lectora para cualquier actividad que sea, con o sin fines de lucro, ¿“que se salve el que pueda”?, tenga la edad que tenga y que ¿pueda sobrevivir en la incertidumbre de su VIDA ?
Aprendizaje Emprendedor desde educación inicial hasta siempre. El emprendedor/a está más allá de llegar a tener un negocio propio, es una forma de SER, de SENTIR, de TRABAJAR, de VIVIR.
El informe también muestra que la desigualdad socioeconómica continúa condicionando el desempeño educativo. Los estudiantes uruguayos del 25% con mayor nivel socioeconómico superaron en 87 puntos buena lectura en ciencias a los del 25% más desfavorecidos, una brecha similar a la registrada en promedio en la OCDE.
Los resultados también reflejan cambios en la vida cotidiana de las aulas. El 57% de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos digitales durante las clases de ciencias, frente al 28% promedio de la OCDE, mientras que el 53% dijo utilizar chatbots de inteligencia artificial para ayudarse a aprender al menos una vez por semana. En total, 6.573 estudiantes de 225 escuelas participaron en la evaluación, que representó a unos 35.700 adolescentes de 15 años en Uruguay.
Ejemplos y testimonios, investigaciones nacionales e internacionales publicados, son más que elocuentes y demandan URGENTES soluciones estratégicas creativas, innovadoras y focalizadas en el mundo real, en el entorno de la VIDA misma, humanizando procesos más eficaces y eficientes.
Pilar F., de 11 años, se quedó helada cuando su maestra le devolvió un trabajo práctico con un “rehacer” escrito en rojo. Antes le había hecho algunas preguntas sobre el contenido, que no había podido responder. Además, la docente le estampó un sello con una curiosa observación: “Alto en ChatGPT”. Mateo está en tercer año. El sistema de inteligencia artificial que más utiliza es Gemini. “Le pido que me explique las cosas que no me esfuerzo en entender, o sea las que no me interesan”, cuenta. Florencia R. estudia Economía, tiene 21 años. “Es inevitable usarla. Los textos a veces son demasiado largos y no llegás. Le pido que me resuma o que me arme un modelo de examen, me ayuda a estudiar. Otras veces, lo reconozco, hace gran parte de los trabajos. Yo la uso para todo, es mi gurú. Pero también es como una adicción”, admite. En las aulas de todos los niveles y a escala global, la inteligencia artificial interpela al sistema educativo y lo confronta con dilemas urgentes. ¿Acumular información significa aprender? ¿Usar IA para estudiar es hacer trampa? ¿Existe una forma virtuosa de utilizarla para potenciar capacidades? En síntesis: ¿la IA va a fortalecer nuestras funciones cognitivas o nos va a volver más limitados? Una formulación más brutal: ¿seremos más inteligentes o más tontos?
El nuevo rol de los docentes como “detectives de IA”, la inquietud de padres que ven a sus hijos delegar la tarea, los modelos inéditos que ya están probando en escuelas del mundo y la formación de futuros profesionales atravesada por la inteligencia artificial son algunas de las producciones previstas para dimensionar la problemática. La delegación cognitiva que promueve la IA, ese proceso de evitar el esfuerzo que implica, por ejemplo, leer un texto, pensarlo, entenderlo, cuestionarlo y resumirlo, no es gratuita: podría significar, plantean los especialistas, que los actuales estudiantes egresen con menos capacidades que con las que ingresaron si no existen intervenciones estratégicas.
Una de las investigaciones más contundentes sobre el impacto en las futuras generaciones fue presentada por el Massachusetts Institute of Technology Media Lab hace menos de un año, con el título “Tu cerebro en ChatGPT”. Por primera vez, se documentó cómo el uso de la IA altera los procesos de aprendizaje. A través del monitoreo con electroencefalogramas (EEG), los investigadores evaluaron a 54 estudiantes de las universidades más reconocidas de Estados Unidos, que fueron divididos en tres grupos. El primero, llamado “solo cerebro”, debía escribir un ensayo a lo largo de tres o cuatro encuentros, sin usar herramientas digitales. El segundo podía utilizar motores de búsqueda tradicionales. Y el tercero tenía acceso al ChatGPT. Los participantes de este último grupo mostraron la menor actividad cerebral, baja memoria del trabajo y poco sentido de autoría. El 83% de los estudiantes no recordaban lo que acababan de producir. Además, la redacción fue definida como “sin alma”. En cambio, el grupo “solo cerebro" tuvo una activación cerebral muy alta, un sentido de la autoría elevado, recordaban y podían explicar su trabajo. En tanto, el grupo que podía usar buscadores mantuvo un nivel de actividad cerebral alto, sentido de autoría y compromiso con el contenido: si bien trabajaron con información externa, habían tenido que apelar a su criterio. Los EEG de los participantes mostraron una caída del 47% en el compromiso neuronal entre quienes usaron ChatGPT: se identificaron 79 conexiones cerebrales significativamente mayores en el grupo que no utilizó IA. Solo 42 vías predominaron entre los que se valieron de la herramienta. Los resultados revelaron que la IA les permitió ser un 60% más productivos, pero significó un 32% menos de carga cognitiva para el aprendizaje. “Delegar el esfuerzo mental en la IA genera un ahorro o beneficio de rendimiento inmediato, pero a cambio de un costo invisible a largo plazo en funciones cognitivas críticas”, concluye el informe.