10/08/2017
Nibia Sabalsagaray tenía 24 años, nació en Nueva Helvecia, departamento de Colonia. Era militante de la UJC y estudiante de Literatura en el IPA.
Fue detenida el 27 de junio de 1974, cuando tres hombres uniformados y dos vestidos de civil ingresaron a su domicilio y fue trasladada al Batallón de Transmisiones N° 1, donde muere, ese mismo 27 de junio.
La información oficial señalaba que la causa de la muerte había sido suicidio por ahorcamiento y le fue prohibido a la familia abrir el féretro donde se encontraba el cuerpo. Esta prohibición no es respetada, y la familia, con la ayuda del entonces estudiante de Medicina, Marcos Carámbula y el Dr. Carlos Arzuaga, constata las numerosas heridas en el cuerpo de Nibia producto de la tortura.
Entre otras cosas, es recordada por su brillantez. “Tan brillante era que faltando un profesor para el grupo de cuarto año, el Director del Liceo me pide un nombre para ocupar este puesto y yo le digo que para mí Nibia es la persona idónea pero existe un inconveniente, no tenía 18 años, de manera que el Consejo de Enseñanza Secundaria le da un permiso especial y ella es profesora de Literatura en Colonia Valdense a los 17 años”, recuerda uno de sus profesores, Omar Moreira.
Quienes la conocieron la destacan por su contagiosa y enorme alegría y por haber sido una joven apegada a lo más lindo de la vida.
Nibia Sabalsagaray tenía 24 años, nació en Nueva Helvecia, departamento de Colonia. Era militante de la UJC y estudiante de Literatura en el IPA.
Fue detenida el 27 de junio de 1974, cuando tres hombres uniformados y dos vestidos de civil ingresaron a su domicilio y fue trasladada al Batallón de Transmisiones N° 1, donde muere, ese mismo 27 de junio.
La información oficial señalaba que la causa de la muerte había sido suicidio por ahorcamiento y le fue prohibido a la familia abrir el féretro donde se encontraba el cuerpo de Nibia. Sin embargo, esta prohibición no es respetada, y la familia, con la ayuda del entonces estudiante de Medicina, Marcos Carámbula y el Dr. Carlos Arzuaga (catedrático grado 5 de la Facultad de Medicina), constata las numerosas heridas en el cuerpo de Nibia producto de la tortura.
Nibia era comunista, hija de obreros, y es recordada, entre otras cosas, por su brillantez. “Tan brillante era que faltando un profesor para el grupo de cuarto año, el Director del Liceo me pide un nombre para ocupar este puesto y yo le digo que para mí Nibia es la persona idónea pero existe un inconveniente, no tenía 18 años, de manera que el Consejo de Enseñanza Secundaria le da un permiso especial y ella es profesora de Literatura en Colonia Valdense a los 17 años”, recuerda uno de sus profesores, Omar Moreira.
Quienes la conocieron la destacan por su contagiosa y enorme alegría y por haber sido una joven apegada a lo más lindo de la vida.
“Nibia era una chiquilina de una gran alegría, de una gran simpatía, muy extrovertida.” menciona Marcos Carámbula.
Nibia además de una excelente estudiante y gran militante, era una poeta incipiente, dedicaba horas de su vida a escribir cuentos y poemas basados en sus vivencias, en su forma de percibir y sentir la vida, los cuales dan cuenta de su indudable frescura y autenticidad.
Cuento de Nibia:
MAÑANA EN QUE LLEGUÉ TARDE A CLASE PORQUE PERDÍ EL LIBRO DE PSICOLOGÍA EN LA CATEDRAL
Cuando me levantaba demasiado temprano, para no ser la primera en el Instituto, me bajaba en la plaza Independencia, cruzaba la puerta de la Ciudadela, y me iba caminando hasta Sarandí 416. Una vez tan temprano era, que me senté en un banco de la plaza Matriz a esperar que se hiciera tarde. Era una mañana azul y fría. (Yo me pregunté ¿qué hacen temprano en la mañana, las palomas palomas en las plazas?). Poco a poco empiezan a llegar. La plaza Matriz solo tiene plátanos y es la plaza más vieja de Montevideo. Su fuente parece la más vieja, con sus ángeles sátiros, faunos de mármol blanco musgoso, carcomidos y su chorro de agua torcido, que puede oírse de mañana, muy de mañana, o de noche. La plaza Matriz solo existe de mañana temprano y de noche. Si no, está allí, pero no existe. De mañana en el corazón del silencio, del silencio concéntrico que avanza desde la plaza Matriz, se extiende por la ciudad vieja, nace del sonido de su chorro de agua, que pocos llegan a escuchar. Los viejos haraposos son a la plaza lo mismo que los plátanos, las palomas y la fuente.
Sentada en un banco de la plaza Matriz yo le expliqué a mi amiga Ángela, una mañana vacía, cómo funcionaba el universo, y cómo había llegado hasta ese banco verde, de patas de hierro en el cual estábamos sentadas “mirando pasar la vida”. En la escalinata de la Catedral me hice amiga de la mendiga tuerta que no hablaba, y que tenía un envoltorio de trapos. Francisca siempre estaba con ella. Francisca tenía siente años y me dijo que era su hija. Un día me pidió que la llevara conmigo y yo le dije que no podía porque yo tampoco tenía casa, y que mi casa quedaba muy lejos, en un pueblo y en el pasado y no tenía televisor. Francisca me acariciaba la cara con sus manos gordas y sucias y me decía que le gustaba acariciar mi cara porque era suave y blanca (y yo me sentía hermosa). Nunca me habían interesado las iglesias y todas me parecían iguales. Esa mañana entré a la catedral y recorrí sus altares y me entretuve mirando los vitrales de la cúpula a pesar de sus rojos y azules que me parecían horrendos. En un altar había un señor con la cabeza apoyada en un escalón y estaba llorando (pero no sentí pena. Porque ese señor podía llorar, y tenía un sobretodo, pero a la madre de Francisca con su envoltorio en los brazos le faltaba un ojo y probablemente del otro no podía llorar). El señor que lloraba y tres o cuatro viejas arrodilladas en los últimos bancos era toda la gente que había en la catedral. Cuando salí ya era muy tarde y había perdido probablemente una clase, que no me importaba demasiado.