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Día Internacional de los Adultos MayoresNuestras raíces, nuestra cultura, nuestros adultos mayores.Cuidemos en convivenc...
01/10/2026

Día Internacional de los Adultos Mayores

Nuestras raíces, nuestra cultura, nuestros adultos mayores.

Cuidemos en convivencia los lazos

La batalla silenciosa por la salud mental en UruguayLos días que se siente bien, Yamila Durán se pinta la cara de verde,...
10/09/2026

La batalla silenciosa por la salud mental en Uruguay

Los días que se siente bien, Yamila Durán se pinta la cara de verde, lila y amarillo. Cuando el ánimo no la acompaña, esta uruguaya de 18 años se hace un simple delineado negro en la clase de maquillaje artístico.

El taller forma parte de "Ni Silencio Ni Tabú", un programa de atención y promoción de la salud mental del Instituto Nacional de la Juventud (INJU), junto al Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef.

La iniciativa es una de las tantas que buscan atender la salud mental en Uruguay, el país con la tasa de suicidios más alta de América Latina.

Al final de cada una de estas clases, Yamila habla con sus compañeros y coordinadores sobre las emociones que atravesó durante el ejercicio y los colores que eligió para expresarlas.

Yamila cuenta a BBC Mundo que cuando se acercó a este lugar para recibir asistencia se "sentía sola". "No me sentía entendida ni escuchada", agrega.

Si bien nunca intentó quitarse la vida, por aquel entonces llegó a fantasear con la idea. También se distanció de sus amigos y abandonó la secundaria por dos años.

"Fue después de hablar con los psicólogos e incluso con mis compañeros, cuando empecé a formar vínculos. Eso me ayudó a sentirme mejor", agrega.

Pese a la leve disminución registrada el año pasado, la tasa de suicidios en Uruguay es de 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes.

De acuerdo a sus últimos datos, la tasa de suicidios en la totalidad del continente es de 9,2 cada 100.000 habitantes.

En total, en 2025 se registraron en el país 668 muertes por suicidio, de las cuales 79% correspondieron a hombres y 21% a mujeres.

Mientras que los mayores de 80 años, principalmente hombres, representan el grupo más afectado por las muertes por suicidio, los intentos de quitarse la vida son más frecuentes entre adolescentes, en su mayoría mujeres, de 15 a 19 años.

"Detrás de cada número hay una persona, hay una trayectoria vital interrumpida, hay una familia y una comunidad profundamente afectada", dijo la ministra de Salud Pública.

En este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hacemos foco en una problemática que sigue siendo uno de los principales desafíos de la salud pública en el mundo y que golpea con particular fuerza a Uruguay.

Y, aunque los especialistas advierten que se trata de una problemática compleja y multicausal, aquí destacamos cinco factores que pueden ayudar a entender qué ocurre en este pequeño país.

1. La soledad
La soledad figura entre los principales motivos de consulta psicológica en Uruguay.

"La época en la que vivimos es particularmente hostil para la salud mental y contribuye a que muchas personas se sientan solas", le dice a BBC Mundo la psicóloga y doctora en educación Carmen Rodríguez.

Para la profesora de la Universidad de la República de Uruguay, la dinámica social cada vez más centrada en el individuo, la productividad y el éxito pueden llegar a aumentar el sentimiento de desconexión social.

"La soledad ocupa un lugar importante en el malestar", coincide Jhoana Lecuna, psicóloga y docente interina de la Universidad de la República, quien integra la Red Iberoamericana de Suicidología.

"No significa necesariamente estar físicamente solo, sino experimentar una falta de conexión significativa, de pertenencia o de redes de apoyo", agrega.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial casi una de cada seis personas afirma sentirse sola. En el caso de Uruguay, el número es casi el doble.

El estudio, realizado por una consultora privada para el MSP, muestra que 24% de la población se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad.

Tal como sucede en Uruguay, la OMS sostiene que la soledad afecta especialmente a los extremos de la franja etaria.

"La soledad tiene que ver con el individualismo y con el crecimiento vertiginoso de las redes sociales, que se han convertido en uno de los principales medios de socialización", explica Rodríguez.

2. El silencio

Yamila encontró en sus padres una escucha inicial, pero no con el grado de profundidad que necesitaba. Como muchas familias, ellos carecían de herramientas para ayudarle a hacer frente a su angustia.

"No podía hablar con ellos porque no me decían nada", explica.

"Mi padre es un hombre bastante viejito que no cree en el psicólogo y mi mamá está trabajando todo el tiempo. Ellos tuvieron una infancia dura, entonces no saben mucho cómo hablar de estos temas", continúa.

"Yo me callaba muchas cosas porque me daba vergüenza. Tenía como un escudo que me restringía de hablar por miedo a decir cosas que estuvieran mal", agrega.

El silencio no solo es a nivel social, sino también entre personas que necesitan ayuda y sus círculo más cercano de familias y amigos, porque todavía existe un estigma en torno a pedir ayuda.

A quienes hoy están atravesando un momento difícil quiero decirles que pedir ayuda es posible, que no tienen por qué atravesar ese dolor en soledad.

Pero, encontrar esa ayuda profesional no siempre es sencillo.

3. El acceso a los especialistas

Uruguay ha avanzado en el reconocimiento de la salud mental como un derecho, al incorporar la atención psicológica al sistema público de salud y desarrollar distintos programas de asistencia.

Para muchos, recibir atención psicológica en Uruguay sigue siendo difícil.

Mejorar los tiempos de espera para la asistencia psiquiátrica y el seguimiento de las personas con intentos de suicidios son también parte de las acciones concretas que se deben alcanzar.

Además, aunque suelen asociarse, la salud mental y el suicidio no siempre van de la mano.

Según la OMS, no todas las personas que se suicidan padecen de un problema de salud mental y muchas personas con problemas de salud mental no tienen deseos de quitarse la vida.

4. Las relaciones violentas
Laura Llambí, directora general de salud del MSP, dijo al presentar los datos de suicidio que para responder a este problema no basta con mejorar la respuesta del sistema de salud.

"Necesitamos comprender mejor las diferentes trayectorias del sufrimiento, las desigualdades que atraviesan distintos grupos de población y el papel que tienen las comunidades, los vínculos y las instituciones en la protección de la salud mental", explicó.

En este sentido, la violencia dentro del hogar, de las parejas y los centros educativos son factores de riesgo.

"La violencia en los vínculos constituye otro factor de enorme relevancia. La violencia psicológica, por ejemplo, puede producir consecuencias sostenidas sobre la autoestima", dice Lecuna a BBC Mundo.

El problema se profundiza entre las personas en situación de pobreza, que tienen un 50% más de riesgo de desarrollar trastornos mentales severos, según un estudio de la Universidad de la República de 2023.

La pobreza, la precariedad laboral, las dificultades habitacionales, el desempleo y la desigualdad pueden aumentar la exposición al estrés y limitar los recursos disponibles para afrontar las crisis.

El abuso sexual infantil es uno de los factores que pueden afectar la salud mental y aumentar el riesgo de autolesiones y conductas suicidas.

5. El futuro incierto

Otro elemento es la incertidumbre respecto del futuro.

"Cuando una persona no encuentra posibilidades de desarrollo, estabilidad laboral, vivienda, independencia económica o proyectos que le permitan imaginar un futuro posible, puede aparecer una sensación de estancamiento o de falta de horizonte.

Y en un país de apenas 3,4 millones de habitantes y con una población envejecida, esto se agudiza.

No alcanza con los consultorios pero sin ellos tampoco es posible. La clave está en construir conversaciones, relaciones y espacios que no dejen a las personas solas con las grandes angustias de la existencia.
Eso es lo que enferma.

Recibir asistencia terapéutica y comenzar a compartir actividades donde no se sentirse juzgado, es clave.Los pensamientos suicidas así se van despejado.

Si necesitas orientación o apoyo en Uruguay, puedes comunicarte:
Licenciada en Psicologìa
Línea de Prevención del Suicidio a través del 0-800-0767 o *0767.

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Diez tipos de intervenciones psicoterapeuticas 1. Clarificación: ayudar a precisar algo que aparece confuso o poco defin...
29/08/2026

Diez tipos de intervenciones psicoterapeuticas

1. Clarificación: ayudar a precisar algo que aparece confuso o poco definido. “¿Qué quieres decir cuando dices que te sentiste abandonado?”

2. Validación: reconocer que una emoción o reacción resulta comprensible considerando la historia y las circunstancias de la persona. “Tiene sentido que hayas sentido miedo después de lo que viviste”.

3. Exploración: abrir aspectos que todavía no han sido suficientemente examinados. “¿Qué te pasa cuando alguien se enoja contigo?”

4. Señalamiento: llamar la atención sobre algo significativo que está ocurriendo. “Me doy cuenta de que cada vez que hablas de tu padre bajas la voz”.

5. Confrontación: mostrar con cuidado una contradicción entre lo que la persona dice, siente o hace. “Dices que esta relación te hace daño, y al mismo tiempo encuentras muchas razones para justificar lo que ocurre”.

6. Reflejo: repetir el contenido de lo que dice el paciente sin juzgar ni interpretar. “Sientes que estás atrapado en un trabajo donde no te reconocen”.

7. Interpretación: proponer una posible comprensión de conexiones menos visibles. “Quizás el miedo que sientes frente a tu jefe se conecta con el temor que sentías frente a tu padre”.

8. Reformulación: ofrecer otra manera de comprender una vivencia. “Lo que durante años llamaste debilidad también podría entenderse como una necesidad legítima de cuidado”.

9. Pregunta vincular: explorar lo que sucede entre paciente y terapeuta. “¿Cómo fue para ti que yo te dijera esto?”

10. Síntesis: integrar elementos dispersos que fueron apareciendo durante la sesión. “Hoy hemos podido conectar tu dificultad para poner límites, el miedo al enojo de los demás y algunas experiencias de tu infancia”.

EL CASO DE JUANITO: ¿QUÉ ESCONDÍA SU MIEDO A LOS CABALLOS?El “caso de Juanito”, también conocido como el caso del “peque...
22/08/2026

EL CASO DE JUANITO: ¿QUÉ ESCONDÍA SU MIEDO A LOS CABALLOS?

El “caso de Juanito”, también conocido como el caso del “pequeño Hans”, fue publicado por Sigmund Freud en 1909 con el título Análisis de la fobia de un niño de cinco años.

Juanito —pseudónimo de Herbert Graf— desarrolló alrededor de los cinco años un miedo intenso a los caballos. Temía que lo mordieran, que se cayeran, que se agitaran o que provocaran algún accidente mientras cargaban un carro. La fobia llegó a ser tan intensa que le dificultaba salir de casa.

Es importante señalar que Freud no condujo directamente el tratamiento. El padre de Juanito conversaba con el niño, registraba sus asociaciones y enviaba sus observaciones a Freud. Además, ya conocía las ideas psicoanalíticas. Freud sólo tuvo un encuentro directo significativo con Juanito. Por eso, el caso debe entenderse como un análisis mediado por el padre.

¿QUÉ OCURRÍA EN LA VIDA DE JUANITO?

Antes de que apareciera la fobia, Juanito mostraba:

• Un fuerte apego amoroso hacia su madre.
• El deseo de dormir con ella y tenerla para sí.
• Celos y hostilidad hacia su padre, aunque también lo amaba y admiraba.
• Curiosidad por el embarazo, el nacimiento y la diferencia entre los sexos.
• Celos relacionados con el nacimiento de su hermana Hanna.
• Un marcado interés por los genitales, a los que llamaba “hace-pipí”.

En cierta ocasión, su madre lo amenazó con llamar al médico para que le cortara el pene si continuaba tocándolo. Freud relacionó esta amenaza con lo que denominó “angustia de castración”.

EL CONFLICTO EDÍPICO

Freud organizó este material mediante el complejo de Edipo.

Juanito deseaba ocupar el lugar de su padre junto a su madre. El padre aparecía, por tanto, como un rival. Sin embargo, Juanito no sólo sentía hostilidad hacia él: también lo quería, lo admiraba y necesitaba su protección.

El conflicto no era simplemente “Juanito odiaba a su padre”, sino algo mucho más complejo:

• Deseaba apartarlo para quedarse con su madre.
• Lo amaba y no quería perderlo.
• Sentía culpa por sus deseos hostiles.
• Temía ser castigado por él.

Esta coexistencia de amor y odio es lo que Freud denomina ambivalencia.

¿POR QUÉ APARECIERON LOS CABALLOS?

Para Freud, el caballo funcionaba como un sustituto simbólico del padre.

Algunos caballos tenían manchas negras alrededor de la boca que podían recordar el bigote del padre. Otros llevaban elementos alrededor de los ojos comparables con sus gafas. El animal reunía así ciertos rasgos que permitían representar indirectamente la figura paterna.

El mecanismo central sería el desplazamiento:

El miedo relacionado con el padre se desplaza hacia el caballo.

Juanito no podía reconocer fácilmente que deseaba la desaparición de un padre al que también amaba. En cambio, podía sentir que el peligro procedía de un objeto exterior: el caballo.

La fobia transformaba un conflicto interno y difícil de representar en un peligro externo, concreto y evitable.

En lugar de enfrentarse directamente con sus deseos, su culpa y su miedo al padre, Juanito podía decir: “Tengo miedo de que un caballo me muerda”.

LA FOBIA COMO SOLUCIÓN DE COMPROMISO

Desde la perspectiva freudiana, la fobia no era únicamente un problema: también cumplía una función.

Al localizar la angustia en los caballos, Juanito conseguía organizarla. El conflicto inconsciente se convertía en un peligro reconocible. De esa manera, podía protegerse evitando salir o alejándose de los caballos.

La fobia era, entonces, una formación de compromiso: expresaba parcialmente el deseo prohibido, pero al mismo tiempo lo ocultaba y lo mantenía bajo control.

EL TEMOR A QUE EL CABALLO CAYERA

Juanito no sólo temía ser mordido. También sentía angustia ante la posibilidad de que un caballo se cayera.

Freud interpretó esta escena de manera ambivalente. La caída podía representar:

• El miedo a que algo malo le ocurriera al padre.
• El deseo hostil de que el padre “cayera” y dejara libre su lugar junto a la madre.
• La culpa producida por ese mismo deseo.

El síntoma permitía expresar simultáneamente el amor, el miedo y la hostilidad hacia el padre.

LA FANTASÍA DE LAS JIRAFAS

En una de sus fantasías, Juanito imaginó una jirafa grande y otra jirafa arrugada. La jirafa grande protestaba mientras él se sentaba encima de la jirafa arrugada.

Freud interpretó que la jirafa grande representaba al padre y la jirafa arrugada a la madre. Sentarse sobre la jirafa arrugada simbolizaría el intento de apropiarse de la madre a pesar de la oposición paterna.

La fantasía dramatizaba, de forma infantil, la rivalidad por la posesión amorosa de la madre.

LA FANTASÍA DEL FONTANERO

En otra fantasía, un fontanero retiraba ciertas partes del cuerpo de Juanito y las sustituía por otras más grandes.

Freud consideró que esta fantasía transformaba la angustia de castración en una expectativa de crecimiento. En lugar de imaginar únicamente que podía perder una parte de su cuerpo, Juanito comenzaba a representarse la posibilidad de adquirir un cuerpo adulto.

Esta fantasía indicaba una salida importante del conflicto: Juanito ya no necesitaba eliminar al padre para ocupar su lugar, sino que podía imaginar que algún día crecería y llegaría a ser como él.

DE LA RIVALIDAD A LA IDENTIFICACIÓN

La resolución del conflicto no consistió simplemente en dejar de temer al padre.

Juanito comenzó a identificarse con él. En lugar de vivirlo exclusivamente como rival, pudo tomarlo como modelo. Imaginó que sería adulto, tendría esposa e hijos y ocuparía una posición semejante a la paterna.

Así, el deseo de reemplazar al padre fue transformándose en el deseo de llegar a ser como él.

La identificación permitió conservar el vínculo amoroso con el padre y, al mismo tiempo, aplazar para el futuro la realización de sus deseos adultos.

¿QUÉ QUISO DEMOSTRAR FREUD?

Para Freud, el caso mostraba aproximadamente esta secuencia:

Deseo hacia la madre
↓
Rivalidad y ambivalencia hacia el padre
↓
Amenaza y angustia de castración
↓
Desplazamiento del miedo hacia el caballo
↓
Fobia y evitación
↓
Elaboración mediante fantasías
↓
Identificación con el padre

La fobia no era el conflicto original, sino una forma sustitutiva de expresarlo y defenderse de él.

IMPORTANCIA DEL CASO

El caso de Juanito se volvió fundamental para la historia del psicoanálisis porque permitió articular varios conceptos:

• Sexualidad infantil.
• Complejo de Edipo.
• Angustia de castración.
• Ambivalencia afectiva.
• Desplazamiento.
• Formación de síntomas.
• Fobia como defensa.
• Fantasía inconsciente.
• Identificación con el padre.

También fue uno de los primeros intentos sistemáticos de comprender psicoanalíticamente el sufrimiento infantil.

LÍMITES Y CRÍTICAS

El caso también presenta importantes problemas metodológicos.

El padre conocía las teorías de Freud y dirigía muchas de las conversaciones. Algunas preguntas e interpretaciones podían sugerirle determinadas respuestas al niño. Freud tuvo poco contacto directo con Juanito y construyó buena parte de su interpretación a partir de los informes paternos.

Por ello, el material puede admitir otras explicaciones. No conviene leer el caso como una demostración científica definitiva, sino como una construcción clínica e histórica que tuvo una enorme influencia en la comprensión psicoanalítica de las fobias.

EN SÍNTESIS

Juanito no temía únicamente a los caballos.

Desde la interpretación de Freud, el caballo le permitía representar algo mucho más difícil de reconocer: su deseo de tener a la madre para sí, su rivalidad con el padre, el amor que sentía por él, su culpa y el miedo a ser castigado o perder su afecto.

El síntoma transformó un conflicto interno en un peligro exterior.

Por eso, el caso de Juanito muestra que una fobia no siempre se comprende preguntando solamente “¿a qué le teme esta persona?”, sino también:

¿Qué deseo, conflicto o vínculo se está expresando y ocultando a través de ese miedo?

.
Fuente Sergio Rodríguez Bonilla

Los traumas de la vida cotidiana¿Cuándo empieza el trauma en la vida de una persona? La respuesta incomoda un poco: empi...
05/08/2026

Los traumas de la vida cotidiana

¿Cuándo empieza el trauma en la vida de una persona? La respuesta incomoda un poco: empieza antes de lo que pensamos, en la etapa más temprana de la vida, cuando todavía no tenemos con qué defendernos.

Todos venimos al mundo en estado de desamparo. Por eso, desde el primer día, la historia de cualquier persona empieza con algo traumático. De bebés estamos expuestos a un exceso permanente de estímulos, de sensaciones, de gratificaciones y de frustraciones, y todavía no tenemos las herramientas psíquicas para procesar tanta información. Es menos lo que un bebé tiene que aprender que lo que tiene que aprender a filtrar.

Al principio, es la mamá (o quien cumpla esa función) la que hace ese filtro por él; con el tiempo, el niño va construyendo sus propias representaciones simbólicas para organizar y depurar ese mundo desbordante de estímulos.

Mientras tanto, va formando su memoria sin poder escapar del todo a esa dimensión traumática que trae consigo su fragilidad inicial.

Freud dedicó buena parte de su obra a esta pregunta: ¿dónde termina el trauma real y dónde empieza la fantasía? Nunca dio una respuesta cerrada.

Poco antes de morir, escribió que llamamos “traumas” a esas vivencias tempranas, muchas veces olvidadas, que marcan profundamente el desarrollo psíquico. Y aclaró algo clave: lo traumático no aparece solo en situaciones excepcionales, sino también en esos momentos comunes en los que el psiquismo del niño todavía no está preparado para recibir lo que le llega.

Freud fue, en ese sentido, un gran humanizador de la patología: mostró que lo patológico no es una anomalía ajena a lo normal, sino una fractura en algo que en condiciones habituales funciona como una trama articulada.

Fue de lo normal a lo patológico —del sueño al síntoma, del duelo a la melancolía— y también hizo el camino inverso: del síntoma al sueño, de la psicosis al yo, de la melancolía al superyó. Esa doble mirada sigue siendo, hoy, una de las claves para pensar el sufrimiento humano sin patologizarlo ni banalizarlo.

Vivimos, además, en una época en que las instituciones se debilitan a gran velocidad.

Cuando el Estado y otros sostenes sociales se retiran, las terapias quedan haciéndose cargo, muchas veces de manera provisoria, de una contención que antes era colectiva. Sobre esas ruinas hay que reconstruir proyectos de vida, y eso no se hace sin pensar, sin teoría, sin trabajo simbólico.
Lo traumático, en definitiva, rompe tramas: psíquicas, familiares, sociales. Y no todo trauma es devastador; muchas veces habilita crecimiento y mayor complejidad.

El biólogo Henri Atlan lo pensó con una imagen hermosa: el cristal y el humo. El cristal es la repetición rígida, siempre igual a sí misma. El humo es lo impredecible, lo que cambia todo el tiempo. Lo vivo —y también lo psíquico— está entre ambos: tiene una organización propia, pero puede transformarse y crear algo nuevo.

El problema aparece cuando la cantidad de excitación es tan grande que no puede tramitarse. Ahí el efecto es destructivo, a menos que —individual y colectivamente— logremos ponerle palabras y símbolos a eso que nos desborda. Y esto no es un tema solo de la primera infancia: seguimos atravesando situaciones cotidianas que nos desbordan de manera parecida, aunque ya seamos adultos.

Un duelo inesperado, un cambio brusco, una sobrecarga de información o de exigencias pueden volver a colocarnos, por un rato, en ese lugar de desamparo original.

Pensar el trauma, entonces, no es solo mirar hacia atrás: es también preguntarnos qué estamos haciendo, hoy, para sostenernos entre todos, en una sociedad donde muchas de las instituciones que antes contenían se van debilitando.

La buena noticia es que lo vivo —y lo psíquico— no es puro cristal, rígido e inmodificable: también tiene algo de humo, de plasticidad, de capacidad de transformarse.

Ahí, en ese margen entre lo que nos constituye y lo que podemos seguir creando, hay lugar para pensar, para acompañarnos y para crecer.

Fuente: Ps.Luis Hornstein.

En una de las pocas ocasiones en que Dolto se refirió al psicoanálisis de Winnicott, dijo que analizaría como él si fuer...
04/08/2026

En una de las pocas ocasiones en que Dolto se refirió al psicoanálisis de Winnicott, dijo que analizaría como él si fuera hombre.

Habría que chequear la ambigüedad de la frase, porque no queda claro si dice que Winnicott es un analista demasiado femenino o si expresa un deseo viril suyo (de ella). En cualquier caso, es interesante que introduzca la diferencia hombre-mujer respecto de la posición del analista.

Por ejemplo, una de las diferencias más notables entre Winnicott y Dolto está en cómo conciben la relación temprana. Para Winnicott hay una fusión inicial, de la que progresivamente se sale, con una madre abnegada que dosifica la frustración a partir de una primera mimesis con un ambiente contenedor.

Esta imagen es chocante para el pensamiento de Dolto. Primero, porque ella no piensa una fusión de inicio; incluso plantea una relación de terceridad, a través de la palabra, desde la panza. Nunca hay dos. Y, además, a la frase de Winnicott de que el bebé no existe (ya que no hay bebé sin madre) Dolto responde con que el bebé es un sujeto.

Una diferencia tan notable entre ambos, ¿no es claro que se debe a que una es la teoría de un hombre y la otra la de una mujer?

Winnicott busca la ternura, el calor, la cercanía silenciosa, mientras que Dolto necesita dar cuenta de una distancia que, de lo contrario, se le vuelve un pegoteo obsceno. Esto es algo que termine de entender en estos días cuando releía el libro de Vero “El tabú de la maternidad” en el que teoriza un deseo de separación como constitutivo de la maternidad.

No hay teoría de la maternidad, sino de quien teoriza lo materno a través de una pregunta íntima.

L. Lutereau
/Verónica Buchanan

La paradoja del goce en la neurosis se sostiene en que el sufrimiento mismo opera como satisfacción.Esto ocurre por un d...
07/06/2026

La paradoja del goce en la neurosis se sostiene en que el sufrimiento mismo opera como satisfacción.

Esto ocurre por un desdoblamiento del sujeto: por un lado, se identifica con un ideal superyoico al cual aspira; por otro, al no estar a la altura de ese ideal, se somete al castigo que ese mismo mandato impone.

El sujeto mantiene viva la identificación con el superyó al castigar al propio yo y encuentra una forma de apegarse al ideal a través del sufrimiento.

Cuando Lacan señala que “el sujeto es siempre feliz” no se refiere a un estado de bienestar, sino a la satisfacción pulsional que es tan ladina, que puede encontrar satisfacción incluso en el circuito masoquista del ideal.

Roberto Reyes
Psicoanálisis Lacaneano

Adiós al maestro Edgar Morin, sus enseñanzas quedan.
30/05/2026

Adiós al maestro Edgar Morin, sus enseñanzas quedan.

La clínica psicoanalítica hoy: entre rigor y creatividadLa práctica clínica nos exige cada vez más. Ya no alcanza con so...
17/05/2026

La clínica psicoanalítica hoy: entre rigor y creatividad

La práctica clínica nos exige cada vez más. Ya no alcanza con sostener una técnica rígida ni con refugiarnos en abstracciones. El desafío actual es conjugar rigor metapsicológico con plasticidad técnica, abrirnos a lo desconocido y evitar la repetición de lo ya sabido.

Freud nos advertía: “uno tiene que escuchar cosas cuyo significado sólo con posterioridad discernirá” (1912). Si privilegiamos únicamente aquello que confirma nuestras teorías, corremos el riesgo de no descubrir nada nuevo.

La clínica contemporánea nos desborda:
Pacientes que llegan con incertidumbre sobre los límites del yo, heridas narcisísticas, vínculos frágiles, impulsiones, adicciones, angustias, apatía, trastornos del sueño y del apetito, hipocondría, crisis de ideales y valores. Una multiplicidad de síntomas corporales y existenciales que nos obligan a revisar nuestras actitudes técnicas.

La escucha y sus riesgos
La escucha analítica está siempre mediada por teoría. Pero ¿qué función cumple esa teoría en la práctica? ¿Qué violencia puede ejercer sobre el analizando? Hablamos de violencia secundaria cuando el analista no escucha la alteridad del sujeto, cuando interpreta de manera prefabricada o cuando su silencio genera desinvestimiento. El riesgo es real: atribuirnos un poder de transformación que desconozca lo propio del paciente. Por eso, en la primera entrevista debería producirse cierta concordancia en tres premisas fundamentales:
1. Que el sufrimiento tiene una causa intrapsíquica.
2. Que descubrir esas causas permite afrontar de otra manera el conflicto.
3. Que esa nueva tramitación aliviará el padecimiento.

Entre la pureza y la creatividad
Hoy la práctica oscila entre dos polos: El ideal de pureza del análisis, que busca preservar un encuadre inmutable. La práctica creativa, que extiende el campo del análisis, modifica el estilo interpretativo y reconoce la implicación del cuerpo del analista como objeto-soporte de la transferencia.
En los casos difíciles, el narcisismo aparece en primer plano: la búsqueda de autonomía, la pretensión de autosuficiencia, el intento de dominar o negar al otro. El término “narcisismo” no es unívoco: lo usamos para hablar de la indiscriminación entre yo y otro, de la regulación de la autoestima y del interés exacerbado por la identidad.

El deseo de curar
Se ha tergiversado a Freud al afirmar que no le preocupaba la dimensión terapéutica. En realidad, conjugaba deseo de saber y deseo de curar. La curación no es un “bonus” que cae del cielo ni un síntoma arrancado por furor curandis.
El proyecto terapéutico busca transformar la relación entre el yo y los retornos de lo reprimido, de modo que caigan las inhibiciones, defensas, angustias y síntomas. El proceso analítico aspira a que el sujeto acepte la singularidad de su historia y descubra cómo sus encuentros actuales están influidos por identificaciones y compensaciones narcisistas.

Transformación y límites
La meta del psicoanálisis es modificar las relaciones intersistémicas: yo, ello, superyó y realidad exterior.
No existen vacunas definitivas; siempre pueden surgir nuevos conflictos.Nuestro trabajo es combatir lo mortífero que perturba al paciente en su acceso a la vida. Y para ello necesitamos sincerar la práctica: reconocer nuestros límites, revisar nuestras teorías y evitar que la técnica se convierta en violencia.

La clínica actual nos exige ser intérpretes y, al mismo tiempo, objetos de transferencia. Nos pide rigor y creatividad, teoría y apertura, deseo de saber y deseo de curar.
El psicoanálisis no es nostalgia de pureza, sino compromiso con la complejidad de lo vivo. Todo lo que vive ensucia, todo lo que limpia mata. La pureza absoluta es agua mu**ta. Nuestra tarea es acompañar al sujeto en su singularidad, abrirnos a lo desconocido y sostener la esperanza de que, en el encuentro analítico, se produzca una transformación que alivie el sufrimiento y permita acceder a la vida.

Clínica Psicoanalítica
L. Hornstein

Duelos silenciosos. El derecho a expresar el dolor de una pérdidaTambién llamados duelos invisibles. La falta de apoyo s...
27/04/2026

Duelos silenciosos. El derecho a expresar el dolor de una pérdida

También llamados duelos invisibles. La falta de apoyo social puede complicar el proceso de superarlos.

La palabra duelo proviene del latín duelus que significa “dolor” asociado a una pérdida significativa. “Es una experiencia natural que se da después de una perdida en donde influye lo cultural. Este proceso incluye manifestaciones físicas, emocionales, conductuales y espirituales que van a variar de persona a persona mientras elabora y se adapta a la ausencia de lo que ha perdido”.

Al duelo, convencionalmente, lo asociamos a la muerte de un ser querido , hasta existen rituales -religiosos o no- para acompañar a los dolientes en sus primeras etapas del duelo. Los sistemas educativos y laborales suelen incluir en sus beneficios dar algunos días para que las personas se “recuperen”.

Pero el dolor por la pérdida no solo se siente por la muerte de una persona. También por perder un empleo; todos los cambios que experimentan quienes migran a otros estados o países; una ruptura amorosa; la muerte de un animal de compañía; recibir un diagnóstico que nos hace sentir que hemos perdido la salud; quienes experimentan el dolor por ab**tos y pérdidas gestacionales; el final de una amistad significativa; los padres que se enfrentan al “síndrome de nido vacío”.

Duelos invisibles

“El duelo llamado invisible se da en aquellas pérdidas que no son socialmente reconocidas o validadas como legítimas. Por ejemplo, no hay un ritual que ayude a acompañar esos momentos.

Entonces, no contar con ese apoyo social puede complicar el proceso en esas pérdidas, porque la mayoría de esas personas no tienen un espacio donde puedan expresar lo que están sintiendo”, aclara la doctora Rodríguez Lugo, psicóloga clínica y tanatóloga.

La especialista en atención a duelos comenta que entre sus consultantes ha tratado con personas que viven duelos en secreto, por ejemplo, quienes eran el amante de la persona que murió y nadie sabía, no puede contar por qué está triste. O quienes pasan por un ab**to y tampoco quieren que la sociedad se entere.

Más allá de los secretos, parece que existe una jerarquía o ranking de los duelos. En la que socialmente se clasifica -y califica- a las pérdidas, cuáles son dignas de reconocimiento y cuáles no. Y, a su vez, cuáles sí merecen la justificación de transitar por el dolor.

Esto podría generar aislamiento consciente u obligado. No atreverse a compartir el dolor por miedo a que nadie le entienda o que le digan que "no es para tanto".

Recibir comentarios invalidantes son otro problema en este tipo de duelos: “al menos no estabas casada”; “Dios sabe por qué hace las cosas”; “viene algo mejor para ti”. Estos comentarios pueden hacer que el doliente se sienta poco entendido y también se cuestione su derecho a sentir lo que siente.

Darle más dolor al dolor

“En la atención clínica, hay personas que llegan muy lastimadas por la invalidación de sus pérdidas y la falta de comprensión que sienten por el duelo”,

Entre los duelos que más trata con las personas jóvenes es el relacionado con rupturas amorosas y la muerte de una mascota.

El duelo se suele enfocar en la respuesta emocional, pero las dimensiones a nivel físico, cognitivo, filosófico y cómo influyen en el comportamiento no se pueden dejar de lado.

Toda pérdida es significativa para quien la vive y sea validada socialmente o no, la persona que siente ese dolor no puede evitarlo. Algunas de las diversas reacciones pueden ser:

Emocionales: Tristeza, enojo, culpa, ansiedad, soledad, alivio.
Físicas: Problemas para dormir, cambios en el apetito, fatiga, dolores musculares.
Cognitivas: Confusión, dificultad para concentrarse, pensamientos obsesivos sobre la pérdida.

Cualquier tipo de duelos se puede complicar, pero los invisibles pueden ser susceptibles a presentar factores de riesgo que puede complicar el proceso de duelo a lo largo del tiempo porque el dolor no es validado socialmente. En lugar de procesarlo, la persona tiende a esconderlo; es probable que casi nadie sepa lo que está pasando y puedan ayudarla.

“En cualquier duelo no se tiene un tiempo delimitado, pero digamos que en un par de años se esperaría que se va llevando con cierta naturalidad, va evolucionando y poco a poco se adapta a esa nueva realidad, afrontas la ausencia.

En cambio, cuando el proceso no evoluciona favorablemente, lo notaremos en la desadaptación que las personas tengan en aquellas áreas valiosas de su vida. Poco a poco se van alejando de lo que, en su momento, era importante antes de tener la pérdida. Con el tiempo, incluso eso nos puede llevar a desarrollar un estado depresivo o de ansiedad que ya no es parte del proceso de duelo si no de un trastorno psiquiátrico”.

Afrontarlo y seguir
Es importante identificar las propias emociones en el duelo, que sepan su función.

Cuestionarse ¿Por qué estoy sintiendo esto?, ¿por qué estoy sintiendo tristeza? ¿qué papel tiene esto en mi proceso de duelo?, a lo mejor hasta me siento enojada, enojado, ¿por qué ahora me sentiré enojado y no triste? A veces nosotros mismos rechazamos mucho lo que estamos sintiendo, cuando las emociones no las podemos quitar, están para que sobrevivamos en la vida y tienen una función reguladora en el duelo”.

Es importante recordar que el apoyo social es un factor protector en el proceso de duelo, por lo que será importante aprender a comunicarlo a quien consideremos necesario para que la experiencia se normalice, se valide nuestro dolor y podamos recibir apoyo

Por Liliana Morán Rodríguez, Ciencia UNAM-DGDC

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