10/09/2026
La batalla silenciosa por la salud mental en Uruguay
Los días que se siente bien, Yamila Durán se pinta la cara de verde, lila y amarillo. Cuando el ánimo no la acompaña, esta uruguaya de 18 años se hace un simple delineado negro en la clase de maquillaje artístico.
El taller forma parte de "Ni Silencio Ni Tabú", un programa de atención y promoción de la salud mental del Instituto Nacional de la Juventud (INJU), junto al Ministerio de Salud Pública (MSP) y Unicef.
La iniciativa es una de las tantas que buscan atender la salud mental en Uruguay, el país con la tasa de suicidios más alta de América Latina.
Al final de cada una de estas clases, Yamila habla con sus compañeros y coordinadores sobre las emociones que atravesó durante el ejercicio y los colores que eligió para expresarlas.
Yamila cuenta a BBC Mundo que cuando se acercó a este lugar para recibir asistencia se "sentía sola". "No me sentía entendida ni escuchada", agrega.
Si bien nunca intentó quitarse la vida, por aquel entonces llegó a fantasear con la idea. También se distanció de sus amigos y abandonó la secundaria por dos años.
"Fue después de hablar con los psicólogos e incluso con mis compañeros, cuando empecé a formar vínculos. Eso me ayudó a sentirme mejor", agrega.
Pese a la leve disminución registrada el año pasado, la tasa de suicidios en Uruguay es de 19,16 muertes por cada 100.000 habitantes.
De acuerdo a sus últimos datos, la tasa de suicidios en la totalidad del continente es de 9,2 cada 100.000 habitantes.
En total, en 2025 se registraron en el país 668 muertes por suicidio, de las cuales 79% correspondieron a hombres y 21% a mujeres.
Mientras que los mayores de 80 años, principalmente hombres, representan el grupo más afectado por las muertes por suicidio, los intentos de quitarse la vida son más frecuentes entre adolescentes, en su mayoría mujeres, de 15 a 19 años.
"Detrás de cada número hay una persona, hay una trayectoria vital interrumpida, hay una familia y una comunidad profundamente afectada", dijo la ministra de Salud Pública.
En este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hacemos foco en una problemática que sigue siendo uno de los principales desafíos de la salud pública en el mundo y que golpea con particular fuerza a Uruguay.
Y, aunque los especialistas advierten que se trata de una problemática compleja y multicausal, aquí destacamos cinco factores que pueden ayudar a entender qué ocurre en este pequeño país.
1. La soledad
La soledad figura entre los principales motivos de consulta psicológica en Uruguay.
"La época en la que vivimos es particularmente hostil para la salud mental y contribuye a que muchas personas se sientan solas", le dice a BBC Mundo la psicóloga y doctora en educación Carmen Rodríguez.
Para la profesora de la Universidad de la República de Uruguay, la dinámica social cada vez más centrada en el individuo, la productividad y el éxito pueden llegar a aumentar el sentimiento de desconexión social.
"La soledad ocupa un lugar importante en el malestar", coincide Jhoana Lecuna, psicóloga y docente interina de la Universidad de la República, quien integra la Red Iberoamericana de Suicidología.
"No significa necesariamente estar físicamente solo, sino experimentar una falta de conexión significativa, de pertenencia o de redes de apoyo", agrega.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial casi una de cada seis personas afirma sentirse sola. En el caso de Uruguay, el número es casi el doble.
El estudio, realizado por una consultora privada para el MSP, muestra que 24% de la población se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad.
Tal como sucede en Uruguay, la OMS sostiene que la soledad afecta especialmente a los extremos de la franja etaria.
"La soledad tiene que ver con el individualismo y con el crecimiento vertiginoso de las redes sociales, que se han convertido en uno de los principales medios de socialización", explica Rodríguez.
2. El silencio
Yamila encontró en sus padres una escucha inicial, pero no con el grado de profundidad que necesitaba. Como muchas familias, ellos carecían de herramientas para ayudarle a hacer frente a su angustia.
"No podía hablar con ellos porque no me decían nada", explica.
"Mi padre es un hombre bastante viejito que no cree en el psicólogo y mi mamá está trabajando todo el tiempo. Ellos tuvieron una infancia dura, entonces no saben mucho cómo hablar de estos temas", continúa.
"Yo me callaba muchas cosas porque me daba vergüenza. Tenía como un escudo que me restringía de hablar por miedo a decir cosas que estuvieran mal", agrega.
El silencio no solo es a nivel social, sino también entre personas que necesitan ayuda y sus círculo más cercano de familias y amigos, porque todavía existe un estigma en torno a pedir ayuda.
A quienes hoy están atravesando un momento difícil quiero decirles que pedir ayuda es posible, que no tienen por qué atravesar ese dolor en soledad.
Pero, encontrar esa ayuda profesional no siempre es sencillo.
3. El acceso a los especialistas
Uruguay ha avanzado en el reconocimiento de la salud mental como un derecho, al incorporar la atención psicológica al sistema público de salud y desarrollar distintos programas de asistencia.
Para muchos, recibir atención psicológica en Uruguay sigue siendo difícil.
Mejorar los tiempos de espera para la asistencia psiquiátrica y el seguimiento de las personas con intentos de suicidios son también parte de las acciones concretas que se deben alcanzar.
Además, aunque suelen asociarse, la salud mental y el suicidio no siempre van de la mano.
Según la OMS, no todas las personas que se suicidan padecen de un problema de salud mental y muchas personas con problemas de salud mental no tienen deseos de quitarse la vida.
4. Las relaciones violentas
Laura Llambí, directora general de salud del MSP, dijo al presentar los datos de suicidio que para responder a este problema no basta con mejorar la respuesta del sistema de salud.
"Necesitamos comprender mejor las diferentes trayectorias del sufrimiento, las desigualdades que atraviesan distintos grupos de población y el papel que tienen las comunidades, los vínculos y las instituciones en la protección de la salud mental", explicó.
En este sentido, la violencia dentro del hogar, de las parejas y los centros educativos son factores de riesgo.
"La violencia en los vínculos constituye otro factor de enorme relevancia. La violencia psicológica, por ejemplo, puede producir consecuencias sostenidas sobre la autoestima", dice Lecuna a BBC Mundo.
El problema se profundiza entre las personas en situación de pobreza, que tienen un 50% más de riesgo de desarrollar trastornos mentales severos, según un estudio de la Universidad de la República de 2023.
La pobreza, la precariedad laboral, las dificultades habitacionales, el desempleo y la desigualdad pueden aumentar la exposición al estrés y limitar los recursos disponibles para afrontar las crisis.
El abuso sexual infantil es uno de los factores que pueden afectar la salud mental y aumentar el riesgo de autolesiones y conductas suicidas.
5. El futuro incierto
Otro elemento es la incertidumbre respecto del futuro.
"Cuando una persona no encuentra posibilidades de desarrollo, estabilidad laboral, vivienda, independencia económica o proyectos que le permitan imaginar un futuro posible, puede aparecer una sensación de estancamiento o de falta de horizonte.
Y en un país de apenas 3,4 millones de habitantes y con una población envejecida, esto se agudiza.
No alcanza con los consultorios pero sin ellos tampoco es posible. La clave está en construir conversaciones, relaciones y espacios que no dejen a las personas solas con las grandes angustias de la existencia.
Eso es lo que enferma.
Recibir asistencia terapéutica y comenzar a compartir actividades donde no se sentirse juzgado, es clave.Los pensamientos suicidas así se van despejado.
Si necesitas orientación o apoyo en Uruguay, puedes comunicarte:
Licenciada en Psicologìa
Línea de Prevención del Suicidio a través del 0-800-0767 o *0767.
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