14/04/2024
¿POR QUÉ HAY PERSONAS QUE NO SE CURAN?
La sanación es muy poco atractiva.
Los impedimentos para la curación incluyen el no renunciar a vivir en el pasado, el no dejar de ser víctima, y el miedo al cambio.
Dirigir el pensamiento y la energía hacia el pasado desvía la fuerza vital de las células y los órganos que necesitan esa energía para funcionar y sanar en el Ahora.
Negarse a perdonar o aceptar un evento o a una persona del pasado produce fugas energéticas del cuerpo. El perdón y la aceptación sanan estas filtraciones.
El perdón no tiene nada que ver con no responsabilizar a otros por las heridas que causaron. Tiene más que ver con liberarnos de la percepción de “víctima”.
Cuando podemos ver un acto doloroso como parte del proceso de la vida, como un mensaje o un desafío, la energía vital fluye de vuelta a los circuitos del cuerpo físico.
Las personas no se curan porque no se han liberado de la ilusión de ser víctima. Con demasiada frecuencia, la gente obtiene poder con sus heridas porque han encontrado que suscita el apoyo de otros.
Las heridas se convierten en un medio de manipular y controlar a los demás.
Generalmente, la recuperación requiere hacer cambios en el estilo de vida, medio ambiente, y relaciones. El cambio puede ser aterrador.
Es fácil mantenerse en un compás de espera, alegando que uno no sabe qué hacer, pero rara vez eso es cierto, porque sabemos exactamente lo que debemos hacer, pero estamos aterrorizados para actuar en consecuencia...
El cambio es alarmante, y la espera da sensación de seguridad, cuando la única manera de adquirir ese sentimiento de seguridad es entrar en el torbellino de los cambios y salir por otro lado, sentirse vivo otra vez.
La sanación requiere acción.
Soltar el pasado, dejar puestos de trabajo estresantes o relaciones inadecuadas, son acciones que sostienen la energía del cuerpo.
Comer adecuadamente, hacer ejercicio diario, alimentarnos de lecturas profundas, conocernos y comprendernos, buscar nuestro crecimiento espiritual...
Lo que apoya al uno apoya al otro, porque la energía física, la energía psíquica y la energía espiritual están inextricablemente unidas.
Incluso el proceso de morir, al que todos nos enfrentamos, puede convertirse en un acto de sanación de viejas heridas que son liberadas resolviendo asuntos pendientes.
En definitiva: el cambio viene de aprender a amar toda situación en todo momento…, aprender a fluir..., ser amor en acción.