24/05/2021
Así comienza "Destino Dorado":
La luz era tenue, pero él aún podía ver el reflejo de aquellos ojos que le hablaban más que mil palabras. El azul de la noche bañaba sus pensamientos de nostalgia, su aroma aún vivía en su nariz.
Pero ya era tarde, no había más tiempo para los recuerdos. Pronto saldría el sol, y Juan debía aprovechar el manto de protección de la noche, para hacer lo que siempre había querido, pero que hasta ese momento, no se animaba a hacer.
Fueron muchas, horas, días semanas y meses en los que buscaba el momento perfecto para emprender esa aventura, esa que su familia y amigos tanto temían.
Pero no aguantaba más, no podía seguir conformándose con imaginar, el tenía un deseo que era más fuerte que todos los miedos, que todas las tinieblas por las que tendría que atravesar para llegar a su preciado y lejano destino.
Casi todos dormían en sus casas, y en aquel pueblo perfumado por la brisa del campo, lo único que se escuchaba era el rumor del viento frío en los árboles, mezclado con pasos perdidos que nunca permitían ver quién los producía.
Eran muchas las historias que escondían aquellas calles, demasiadas tal vez para tan pequeña ciudad, y la de Juan era otra de miles. Una a la que no estaba dispuesto a ponerle fin, pero que estaba muy cerca de tenerlo.
Él nunca habría imaginado que dar el primer paso hacia su encuentro le iba a costar tanto. Con pulso acelerado tomó lo poco que necesitaba para el camino, revisó su bolsillo, le dio un beso a un viejo crucifijo, se persignó y miró al árbol que daba al balcón de su humilde casa.
Las ramas ya estaban alisadas de las tantas veces que las había agarrado para bajar, es que siempre fueron su escape, su ruta de emergencia y por momentos su diversión.
Pero el necesitaba moverse rápidamente, en poco tiempo más partiría el tren que lo llevaría al puerto, siempre y cuando lograra ocultarse entre los embarques que salían de la ciudad, esa misma madrugada.
El establo estaba cerca y su caballo era muy rápido, pero en esta oportunidad "El silencioso" como le decía habitualmente, se quedaría tranquilo en la compañía de los grillos del establo, que con su canto lograban romper el inquietante misterio de la noche.
Decidió moverse por sus propios medios, sabiendo que se cansaría, pero sus pasos eran menos ruidosos que los de su caballo, y era poco probable que los perros le pararan a él.
Tranco la puerta con un viejo armario, necesitaba ganar tiempo en el caso de que alguien viniera a buscarlo, no era frecuente que eso sucediera, pero él quería asegurarse. Le costaba mucho enfrentar a su familia, ya había tenido muchas discusiones con ellos, y en todas, sus padres le manifestaban que no estaban de acuerdo con su decisión. Intentaron disuadirlo de mil maneras, pero en el fondo ya sabían que su decisión estaba tomada, era cuestión de tiempo.
Su padre siempre decía que cada uno en cierto punto de la vida debe enfrentarse a su destino, unas palabras que Juan las tenía muy presente, y sobre todo ahora, cuando se aproximaba el momento que él tanto anhelaba, pero que suponía todo un desafío y el sacrificio de dejar la seguridad que le brindaba su familia, sus amigos y su pueblo.
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