03/27/2026
QUIEN ES MELQUISEDEQ
Conocer, aunque sea superficialmente, a este Alto Personaje es imprescindible si de verdad queremos comprender, a nuestra escala humana, un Aspecto de la Divinidad, por encima y más allá de interesantes y siempre reveladoras interpretaciones cabalísticas.
La primera noticia que se tiene de Melquisedec aparece en el Libro del Génesis:
Melquisedec, rey de Salem, quien era sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino y le bendijo diciendo:
"Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”.
Melquisedec, como veremos más adelante, se cita más veces en las Sagradas Escrituras y siempre se dice de él que es “Sacerdote del Dios Altísimo” y “Rey de la Paz”.
Ahora bien, sólo existe un Rey de Paz y ése es Dios mismo, y del mismo modo que un Sacerdote es un Mediador e Intercesor entre Dios y el hombre. Melquisedec es “Sacerdote de Dios Altísimo”, esto es, un Aspecto de Dios que encarna el Sacerdocio Universal.
Vemos, por consiguiente, que Melquisedec es, al mismo tiempo, Rey y Sacerdote, es decir, que procede directamente de la Presencia de Dios, que es Poder y Autoridad supremos.
No cabe la menor duda: Melquisedec es un Misterio dentro del Gran Misterio de Dios.
Veamos ahora, que se dice de él en libro de Salmos: 110
“Dios (“El Existente”) dijo a mi Señor:
Mi Señor, mi Amo, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”.
Obviamente, aquí se plantea un enigma: ¿Quién es este Señor y Amo del cual habla David?
Ciertamente que no se trata de Jehová, porque David nos está diciendo que es Otro.
David dice: “Dios (Jehová, se entiende) dijo a mi Señor…” Por consiguiente, Uno está hablando al Otro. Y Aquél Quien Habla es Jehová Dios, y le habla a Otro, a quién David llama Amo o Señor.
Entonces encontramos que el Señor habla a Otro Señor.
Seguimos leyendo:
“El Señor enviará desde Sion la vara de tu poder: domina en medio de tus enemigos.
Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en las hermosuras de la santidad desde el seno de la mañana: Tienes el rocío de tu juventud. Juró el Señor Dios, y no se arrepentirá, porque Tú eres Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”.
Vemos en este pasaje que quien es llamado Señor y Amo también es denominado Sacerdote para siempre según el Orden de Melquisedec.
Esto es: el Señor Dios, mediante una de Sus Manifestaciones como Rey-Sacerdote (Melquisedec), anuncia claramente que Otra de Sus Manifestaciones, El Cristo, encarnará en este mundo y en otros, el Sacerdocio divino.
En el Nuevo Testamento (Hebreos, 5), san Pablo nos dice que el propósito de un Sacerdote es ofrecer sacrificio a Dios en nombre de los hombres.
Como sabéis, queridos Hermanos, me gusta recurrir al Diccionario para centrar
conceptos generalmente mal comprendidos:
sacrificio.
(Del lat. sacrificĭum).
1. m. Ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiación.
“Porque todo Sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de
debilidad, y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo”.
(Hebreos, 5)
Y aquí, queridos Hermanos y Hermanas que estáis llamados a revestir la dignidad Sacerdotal en el seno de nuestra Orden, os ruego que meditéis la conocida frase “por cooptación celeste”, que queda muy bonita pero que generalmente es muy mal comprendida:
San Pablo nos dice que ningún hombre puede tomar el honor sacerdotal para sí mismo, sino que tiene que ser llamado por Dios para ello. Por eso, para la dignidad y oficio de Sacerdote, es Dios Quien elige y, por tanto, es el mismo Dios Quien unge al hombre o a la mujer en la
Ordenación, de ahí la expresión “por cooptación celeste”.
Más adelante, san Pablo continúa:
“Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a Sí Mismo haciéndose Sacerdote, sino El que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy, porque Tú eres Sacerdote para siempre, según el Orden de Melquisedec”.
El “enigma” del Señor que habla del Otro Señor podemos, pues, esclarecerlo así:
La Manifestación de Dios como Padre que ama a Sus criaturas “en este Valle de Lágrimas”, suscita Su Amor mediante Otra de Sus Manifestaciones, El Cristo, es decir, ese “misterioso” “Otro Señor”, que aquí abajo se llamaría Melquisedec, el Rey-Sacerdote del Altísimo que encarnaría total y plenamente Jesús.
Porque, en efecto, Melquisedec, según las Escrituras, “no tuvo principio y permanece para siempre” Jesús sí tuvo principio, pero Cristo-Dios, no, pero al operarse la unión hipostática entre El Cristo y Jesús, éste último, al ser ordenado “Sacerdote para siempre según el Orden de Melquisedec”, se convierte, stricto sensu, en la encarnación terrestre de Melquisedec.