Carlos Lazo

Carlos Lazo

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Página de amistad entre jóvenes y gente de los Estados Unidos, Cuba y el mundo. ¡Puentes de amor!

05/28/2026

Hijo mío: Un día como hoy, hace exactamente cuarenta años, naciste tú. Era como la una de la tarde.

En aquel entonces, yo era un joven de veintiún años. En el momento de tu venida al mundo, yo trabajaba en un puesto de viandas, en Centro Habana. En ese instante, despachaba papas (papas “titinas”, porque las papas grandes se habían acabado).

Yo tenía las manos rojas, de trajinar con el fango y las viandas. De pronto me llamaron por teléfono y me dijeron que habías nacido tú, mi primer hijo.

Me dio una alegría tremenda. Entonces, entre aquella tierra colorada y mientras daba un vuelto de pesetas, medios y quilos (calderilla que ya no existe y que hoy se me antojan monedas mágicas) empecé a cantar “El nacimiento", de Ruben Blades. “Nació mi niño abran los balcones…”.

Una lágrima de alegría me rodó por la mejilla. Cuando me la limpié con la mano, se me embarró el cachete de tierra. Ni cuenta me di, hasta que alguien me dijo, “límpiate la cara que tienes fango”.

Lo demás es historia; han pasado una pila de años y ya no eres un niño.

Hoy, como si la vida fuera un hechizo de repeticiones, vuelvo a vivirlo todo otra vez. Vuelvo a cantar canciones y a decir poemas (ahora, le canto a tus hijos). Es como si el tiempo retrocediera y yo te volviera a cantar a ti. Es como si, por arte de magia, tú te multiplicaras y me multiplicaras a mí.

En los ojos de mis nietos, vuelvo a mirar los ojos tuyos de niño y vuelvo a percibir el asombro cuando les leo (¿te acuerdas?) el cuento de Meñique, de "La edad de oro".

Hoy mi cara no tiene tierra como en aquel día, pero tiene arrugas. Esas arrugas son, en cierto modo, rastros de polvo de los caminos transitados por el alma.

Han pasado cuatro décadas desde tu nacimiento. Ahora, con tus retoños a mi vera, vuelvo a reeditar "lo que fui, lo que soy y seré". Y, como dijera un poeta amigo; vivo “Agradecido como un perro”.

¡Feliz cumpleaños, hijo mío! ¡Gracias por ser y por estar! ¡Gracias por los retoños! ¡Gracias por la nuera que me diste, que también es hija! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué no se acabe la magia!

Carlos Lazo
Organizador de Puentes de amor
28 de mayo de 2026

05/25/2026

Discurso de graduación en una escuela de los Estados Unidos:

Queridos estudiantes, padres y maestros. Hace unos días, la directora de la escuela se me acercó y me dijo: “Profe, ¿pudieras dar el discurso de la ceremonia de los alumnos que se gradúan de doceavo grado?”.

Era mediodía. Estábamos en la cafetería, en medio del bullicio. Aquel pedido me tomó por sorpresa. Pero, recordando que muchos de ustedes han sido mis alumnos durante estos años, sin pensarlo mucho dije: “Claro que sí, directora, cuente conmigo”.

Sin embargo, después que dije “sí”, me quedé preocupado. Había aceptado ser el “keynote speaker” (así nombran al que da un discurso de graduación) pero yo nunca había dado uno. No tenía idea de qué decir.

Pero entonces me acordé de una historia de hace más de cuarenta años, de cuando yo era estudiante, como ustedes. Aquel recuerdo siempre me ha acompañado. ¡Decidido! Les contaría esa historia y quizás les pudiera servir de algo. Aquí les va.

Cuando yo estaba en el preuniversitario, tenía muchos problemas. Vivía en Cuba. Tenía 15 años y estaba solo. En ese tiempo, mi madre y mi familia emigraron a los Estados Unidos. Yo era un adolescente viviendo solo, cocinando, lavando ropa, en fin, solo. Esa era mi realidad durante mis años de preuniversitario. Andaba desorientado y lleno de miedos e interrogantes.

Pero, si las cosas marchaban mal en el hogar, en la escuela iban peor. Yo era un joven conflictivo y rebelde, un “weirdo”, como dicen aquí. Ciertos maestros y estudiantes me evitaban. Para los padres de algunos de mis amigos, yo era una mala influencia. Arriba de eso, mis indisciplinas y malas calificaciones, le echaban más leña al fuego.

En esa encrucijada apareció un ángel en forma de maestro. De la noche a la mañana, aquel profesor se convirtió en la luz de mis días. Tenía una mirada bondadosa y llena de amor. Si yo tenía hambre, él compartía su almuerzo conmigo. Aquel hombre santo, dividía a la mitad un pedazo de pan y me decía: "Come". Lo hacía como el padre que cumple un sagrado deber. Era como si, entre las paredes descascaradas de aquel edificio de preuniversitario de La Habana, se reeditara la multiplicación de los panes y los peces.

Como les dije, yo tenía muchos problemas personales. Además, como la mayoría de los jóvenes, me parecía que mis problemas eran el fin del mundo. Pero mi maestro podía ver lo que otros no veían y hasta profetizar el futuro. Por eso, cada vez que me notaba triste o preocupado, me decía: “No te desanimes. Vendrán dificultades. Muchas veces el camino estará lleno de espinas”. Pero invariablemente insistía: “La vida es un viaje maravilloso. Todo depende de lo que decidas hacer con lo que te tocó”.

Años después me “tocó” pasar un año preso, en Cuba. Después, crucé el estrecho de la Florida en una balsa y llegué a Estados Unidos. Aquí me hice médico de combate en el ejército y fui enviado a una guerra. Vi cosas horribles allí, “un camino de espinas”, como había profetizado mi profesor. Pero no todos fueron tropiezos. Años después me hice educador. Incluso pude regresar a mi país natal a llevar alimentos y medicinas a niños y personas necesitadas. Algunos de ustedes, que se gradúan hoy, me acompañaron.

En todos los momentos buenos y malos de la vida, las palabras de aquel maestro me han acompañado: “La vida está llena de dificultades. La vida es un viaje maravilloso”.

Hoy, en el día de vuestra graduación, quiero regalarles este mensaje. Es el mismo que me dio mi maestro cubano hace más de cuarenta años. Quiero creer que cuando él me lo dio, sabía que yo se lo transmitiría a ustedes. Ya les dije, era un ángel y los ángeles no hacen las cosas por gusto.

Y aquí les va: Vendrán dificultades y tristezas. Incluso puede que tengan que enfrentar retos e injusticias. Pero, pase lo que pase, tengan presente que la vida es un viaje maravilloso. Todo depende de ustedes, de su capacidad para creer en sus sueños, pero también, en su capacidad de dar y de recibir amor.

Si aprenden esa lección, quizás un día, dentro de muchos años, también ustedes les repetirán ese mismo mensaje a sus alumnos o a sus propios hijos.

Feliz graduación, hijos míos, y que Dios los bendiga a todos.

Carlos Lazo
Organizador de Puentes de Amor
25 de mayo de 2026

05/23/2026
05/10/2026

En 1989 yo estaba preso en Cuba. Un año de privación de libertad “por salida ilegal del territorio nacional”. Fueron tiempos difíciles. Estar preso siempre es una experiencia dura. ¿La celda? Oscura y abarrotada. ¿El sol? Una hora, de vez en cuando. Me sabía de memoria las dimensiones del patio del penal. “Uno, dos, tres, cuatro…”, contaba, mientras caminaba. Eran como doscientos pasos en una dirección. Luego llegaba a la pared, daba media vuelta y caminaba doscientos pasos en sentido contrario.

Fueron tiempos duros, cierto. Pero hubo cosas que lograron sacarme temporalmente de aquel encierro y que me devolvieron la alegría. “¡Recluso!”, se oía al reeducador, cuando aparecía por la reja del patio. “Tiene una carta”, y extendía la mano con un sobre de correo. Entonces me venía el alma al cuerpo. Aquella correspondencia era una alfombra mágica que, momentáneamente, me permitía escapar de un mundo ajeno y hostil.

A veces las cartas eran de mi madre. Otras veces eran de mi esposa de entonces. Mi madre siempre me reiteraba su cariño y me aconsejaba, igual que aconsejan todas las madres del mundo: “Pórtate bien hijo”, decía, “un año lo pasa un sapo debajo de una piedra”. Las cartas de la esposa eran parecidas; muestras de apoyo, amor y cariño. Pero las dos, madre y mujer, tenían algo en común; un mensaje de esperanza. Siempre me decían de manera recurrente, que vendrían tiempos mejores. “Tú verás que, cuando salgas, todo irá mejor”, me escribía mima. O si no, “Sé fuerte, después de la tempestad viene la calma, te quiero”, escribía la esposa.

Quince años más tarde, viviendo ya en los Estados Unidos, me tocó ir a la guerra. Las guerras son parecidas a las prisiones. Quien va a la guerra se traslada, de la “normalidad” de su vida, a un mundo hostil. La guerra es también un encierro. Es como si nos hubiera tocado bajar al in****no sin habernos ido de la tierra.

Yo era médico de combate. En aquella guerra cruel (¡todas lo son!) me tocó curar a mis compañeros, heridos en el campo de batalla. A veces también socorrí a civiles iraquíes víctimas de las balas y las explosiones. A aquellos y a estos, muchas veces les cerré los ojos en el último viaje.

Al igual que antes en la prisión, en aquella guerra también hubo algo que me hizo escapar del pandemónium; las cartas. Mi madre me escribía con frecuencia. También recibía misivas de Lisette, mi actual esposa. Aquellas cartas, de mamá y de mi mujer, tenían en común lo mismo que tienen todas las cartas de todas las madres y esposas amorosas del mundo, un mensaje de amor y de esperanza.

Al igual que aquellas esquelas de la prisión, en Cuba, esas cartas de la guerra, me hacían volar lejos. Era como si aquellas hojas de papel detuvieran las explosiones y me recordaran que, en algún lugar, esperando, había un mañana de esperanza.

Hoy, en el día de las madres, recordé todo eso y me pregunté: “¿Qué les regalo?”. “¿Qué ofrenda obsequiarle a mi madre, que ya no está?”. “¿Qué regalo darles a todos aquellos amores de antes? “¿A las madres de mis hijos?”. “¿A la suegra que terminó siendo también mi madre?”. “¿Qué ofrenda entregarle a Lisette, la mujer y la madre, el amor que ha estado a mi vera por veinticinco años?”. ¿Qué podría darles a todas esas que son raíz, puntal y soporte de la familia cubana? Lo que fui y lo que soy se lo debo a ellas.

Hay deudas que no se pueden pagar, no hay con qué. Pero trataré.

En este día, les envío un poquito del regalo grande que me dieron.

Vendrán tiempos mejores: Para las madres separadas de sus hijos, por geografías o por rejas.

Vendrán tiempos mejores, para las madres y abuelas que zapatean un plato de comida para alimentar a su prole.

Vendrán tiempos mejores, para las madres que ven pasar la noche de apagón en apagón y que temen despertarse entre guerras y explosiones.

A todas esas madres, madres cubanas, madres mías: ¡Les envío mi amor! ¡Les envío la esperanza! ¡Feliz día!

Carlos Lazo
Organizador de Puentes dd Amor
10 de mayo de 2026

04/26/2026

���¡HOMENAJE A UN HERMANO CUBANO! ¡Feliz cumpleaños Guajiro Citadino!

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04/12/2026

NBC NEWS ENTREVISTA AL PRESIDENTE MIGUEL DIAZ-CANEL🇨🇺

04/03/2026

Comienza la Pascua y nos llega con la liberación de más de dos mil presos en Cuba. ¡Enhorabuena!

Muy buena noticia para las personas liberadas, así como para sus familiares y amigos. El regreso de un hijo al seno familiar, siempre es motivo de regocijo. Yo sé de lo que hablo. Yo he experimentado el dolor del encierro y la tristeza de la lejanía. Pero también he sentido en carne propia la alegría de ese abrazo de mamá o papá. El perdón siempre es sanador; para la Patria y para la familia.

Con ese mismo espíritu de misericordia, esperamos y rezamos porque también se levanten las prohibiciones de ocho años de entrada a Cuba, de médicos, profesionales y cubanos a los que no se les permite regresar. La familia no debe esperar más por ese abrazo, ni la Patria tampoco. ¡Felices Pascuas!

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Carlos Lazo
Organizador de Puentes de Amor
3 de abril de 2026

04/01/2026

🥰🇨🇺¡NO HAY DE OTRA! 🥰

03/31/2026

🥰🇨🇺En el día de hoy, llegaron a Holguín, 2500 libras de lenteja en grano. Esta carga solidaria fue entregada por nuestro hermano Tighe, de Codepink, y será entregada en hospitales infantiles y en hogares de ancianos.

Esta entrega es resultado de la campaña humanitaria realizada por Codepink y Puentes de amor para enviar ayuda a los damnificados por el huracán Melissa.

Agradecemos a todos los que contribuyeron para hacer posible esta modesta entrega.

Agradecemos a Codepink y a Medea Benjamin por su esfuerzo incansable para ayudar al pueblo cubano.

Agradecemos a los hombres y mujeres de Puentes de amor por el esfuerzo.

Sabemos que esto es un granito, en medio de un mar de necesidades. Pero de granito en granito se construye un puente. ¡Seguimos pa’ lante!

Carlos Lazo
Organizador de Puentes de Amor
31 de marzo de 2026

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