07/07/2026
La palabra “No puedo” no existe
En junio de 1989 crucé la frontera con una sola maleta. No estaba llena de ropa ni de dinero; estaba llena de sueños.
Dejaba atrás mi tierra, mi familia, mis amigos y todo lo que había conocido. Frente a mí había un país completamente nuevo, un idioma que no entendía y un futuro lleno de incertidumbre. Hubo momentos en los que el miedo quiso apoderarse de mí, pero había algo más fuerte que cualquier temor: la esperanza de construir una vida mejor sin olvidar jamás quién era ni de dónde venía.
Desde lo más profundo de mi corazón llevaba un sueño que parecía imposible: crear una compañía de danza folclórica donde nuestros niños y jóvenes pudieran abrazar sus raíces, sentirse orgullosos de ser mexicanos y descubrir que nuestra cultura es un tesoro que merece vivir para siempre.
Los primeros años fueron una verdadera prueba de fe.
Trabajé como lavaplatos de siete de la noche a tres de la madrugada. Mientras la mayoría descansaba, yo terminaba mi jornada con las manos cansadas y el cuerpo agotado. Sin embargo, en lugar de regresar a casa a dormir, tomaba el camino hacia el College of Marin para aprender inglés. Muchas veces el sueño vencía a mi cuerpo, pero nunca logró vencer mis ganas de salir adelante.
Aprendí que los sueños no se construyen con comodidad. Se construyen con sacrificio, lágrimas, disciplina y una fe inquebrantable.
Dios, en su infinita bondad, puso ángeles en mi camino.
Uno de ellos fue mi gran amigo de la infancia, Fernando Méndez. Cuando más necesitaba una mano, él creyó en mí. Su amistad me recordó que incluso en los momentos más difíciles nunca estamos completamente solos.
En 1991 llegó una oportunidad que cambió mi vida para siempre. El director de San Rafael High School me abrió las puertas para enseñar danza folclórica. Por primera vez sentí que mi sueño comenzaba a tomar forma. Mientras seguía trabajando de madrugada para sobrevivir, durante el día tenía el privilegio de compartir con jóvenes algo que siempre había llevado en el alma: el amor por nuestras tradiciones.
Años después conocí a otra persona que Dios puso en mi camino: la chef Heidi Krahling.
Ella no solo me enseñó el arte culinario ni me abrió las puertas de su restaurante Insalatas. Me regaló algo mucho más valioso: confianza. Creyó en mi sueño cuando todavía era solo eso, un sueño. Gracias a su comprensión pude salir del trabajo para enseñar danza en escuelas, sembrando poco a poco las semillas de lo que algún día florecería.
Y entonces ocurrió el milagro.
En 1996 nació oficialmente mi academia de danza, Ballet Folklorico Netzahualcoyotl
Nunca imaginé que aquel pequeño sueño que comenzó en silencio llegaría a convertirse en una familia tan grande. Lo que empezó con unos cuantos estudiantes hoy ha tocado la vida de miles de bailarines, familias y niños que han aprendido a amar sus raíces a través de la danza.
Cada ensayo…
Cada viaje…
Cada traje bordado…
Cada aplauso…
Cada lágrima de emoción…
Han sido regalos que Dios me permitió vivir.
Nada de esto lo hice solo.
Gracias a cada bailarín que alguna vez vistió nuestro traje con orgullo. Ustedes no solo aprendieron a bailar; ayudaron a mantener viva una historia, una cultura y una identidad.
Gracias a las madres y padres de familia que confiaron en mí lo más valioso que tenían: sus hijos. Gracias por permitirme ser parte de sus vidas y caminar junto a ustedes durante tantos años.
Mi eterna gratitud para la Sra. Eva Worsham. Gracias por creer en mis ideas, incluso cuando parecían imposibles, y por compartir el mismo sueño de ofrecerles a nuestros niños un lugar donde el arte, la disciplina y nuestras tradiciones transformaran sus vidas.
Gracias a nuestra Assistant Director,Meredith May Belany. Tu entrega, tu paciencia y tu amor por nuestros estudiantes han fortalecido esta familia y han dejado una huella imborrable en cada generación de bailarines.
Gracias a la maestra Stephanie Rubio por sumarse a este sueño con entusiasmo, compromiso y un profundo amor por el folclor mexicano.
Y gracias a cada persona que, de una u otra manera, puso una piedra en la construcción de este hermoso proyecto.
Hoy, cuando miro hacia atrás, no recuerdo las noches de cansancio.
Recuerdo las oportunidades.
No recuerdo las dificultades.
Recuerdo las personas que Dios puso en mi camino.
No recuerdo los sacrificios.
Recuerdo las sonrisas de miles de niños descubriendo el orgullo de sus raíces.
Han pasado más de tres décadas desde aquel joven inmigrante que llegó con una maleta llena de ilusiones.
Hoy miro a Ballet Folklórico Netzahualcóyotl y ya no veo solamente una compañía de danza.
Veo abrazos.
Veo familias que crecieron con nosotros.
Veo generaciones enteras que aprendieron a amar a México aun estando lejos de él.
Veo un legado que seguirá viviendo mucho después de mí.
Si alguna enseñanza quisiera dejarles a quienes lean estas palabras, es que nunca permitan que las circunstancias decidan el tamaño de sus sueños.
Porque los sueños no entienden de fronteras.
No conocen idiomas.
No distinguen entre ricos y pobres.
Los sueños solo le pertenecen a quien tiene el valor de perseguirlos, incluso cuando el camino parece imposible.
Y si Dios pone un sueño en tu corazón, también pondrá las personas, las oportunidades y la fuerza para hacerlo realidad.
Por eso, después de tantos años, puedo decirlo con la misma convicción con la que crucé aquella frontera:
La palabra “No puedo” no existe.
— Maestro Netza Vidal
Fundador y Director
Ballet Folklórico Netzahualcóyotl