10/30/2015
La Maquina Humana
No hay persona que no esté llena de ideas falsas sobre sí misma, pero lo más grave es que no queremos darnos cuenta de que somos una máquina sin libertad auténtica de movimiento, pues sus acciones, palabras, ideas, sentimientos y deseos son provocados por variados estímulos exteriores y complejas respuestas y causas interiores, La explicación de esto reside en nuestra multiplicidad psicológica. Pues estas causas interiores de las que hablamos no son otra cosa que nuestros “yoes” y ellos son los que utilizan nuestra máquina orgánica, cual hilos invisibles manejando una marioneta, haciéndola actuar a su antojo. Por eso es que sólo somos pobres seres pensantes, con memoria y vitalidad, muñecos vivientes que tenemos la vana ilusión de que hacemos las cosas o de que podemos hacerlas, cuando en realidad nada podemos hacer.
Ese velo de ilusión, (Maya, como lo llaman los Indostaníes) nos impide ver la realidad tal como es, tanto interior como exterior, lo que nos hace creer que hacemos las cosas por nosotros mismos, cuando no es así, las cosas nos suceden, que es muy distinto.
Imaginemos un muñeco automático controlado por un complejo mecanismo, y que tal muñeco tiene vida, se enamora, habla, camina, desea, hace guerras, etc. Imaginemos (y esto es lo principal) que ese muñeco puede cambiar de dueños a cada momento y que cada dueño tiene su propio criterio, su propia forma de divertirse, sentir, vivir, etc.
Un dueño cualquiera, queriendo conseguir dinero, apretará ciertos botones y entonces el muñeco se dedicará a los negocios; otro dueño (varias horas después), lo pondrá a reír y a bailar; luego, un tercero, lo pondrá a pelear, un cuarto lo hará enamorar de una mujer; un quinto, de otra; un sexto lo hará pelearse con un vecino y crearse un problema de policía; y un séptimo lo hará cambiar de domicilio.
Realmente, el muñeco del ejemplo, no ha hecho nada, pues es manejado, pero él se cree que sí ha hecho, él tiene la ilusión de que hace, cuando en realidad no es así, porque no tiene el Ser Individual, no es libre. Sin lugar a dudas, todo ha sucedido como cuando llueve o cuando calienta el sol, pero el pobre muñeco cree que ha tomado decisiones, cuando son sus respectivos dueños quienes han hecho lo que han querido con él.
Igual a ese títere somos los seres humanos. Somos marionetas de carne y hueso, controladas cada una por legión de entidades energéticas sutiles que en su conjunto constituyen el Ego, el Yo Pluralizado.
El Evangelio Cristiano califica a todas esas entidades como legión de demonios y, en realidad, eso son. Si decimos que el YO es legión de demonios que controlan la máquina humana, no estamos exagerando, así es.
El hombre-máquina, no tiene individualidad alguna porque no posee el Ser, sólo el Ser Verdadero tiene poder de hacer. Sólo el Ser puede darnos verdadera individualidad, sólo el Ser nos convierte en hombres verdaderos.
Quien de verdad quiera dejar de ser un simple muñeco mecánico, debe eliminar cada una de esas entidades egoicas que juegan con la máquina humana, empezando por verificar y comprender su propia mecanicidad, pues no se puede realizar ningún cambio si antes no se comprende y admite la propia mecanicidad.
El humanoide es una máquina, pero una máquina muy especial: si llega a comprender lo que es, si es bien conducida y si las circunstancias lo permiten, puede dejar de ser máquina y convertirse en Hombre auténtico. Ante todo se requiere empezar por comprender a fondo y en todos los niveles de la mente, que no tenemos individualidad verdadera, que no tenemos un Centro Permanente de Conciencia. En un momento determinado somos una persona y en otro momento otra, todo depende de la entidad que controle la situación en cualquier instante.
Aquello que origina la ilusión de integridad del humanoide intelectivo es, por una parte, su sentido real de individualidad física, esto es, la sensación que tiene de su cuerpo físico; por otra parte, su nombre y apellidos; y por último, la memoria y cierto número de hábitos mecánicos implantados en él, por la educación o adquiridos por simple imitación, esto último relacionado directamente con la personalidad.
No podremos dejar de ser máquinas, no podremos cambiar, ni adquirir el Ser Individual Verdadero y convertirnos en Hombres legítimos, mientras no tengamos el valor de eliminar, mediante la comprensión de fondo y en orden sucesivo, a cada una de esas entidades metafísicas que en su conjunto constituyen el Ego, el Yo.
Cada idea, pasión, vicio, afecto, odio, deseo, etc., tiene su correspondiente entidad que lo produce. Todas esas entidades metafísicas, todos esos yoes, no tienen verdadera ligazón entre sí, ni coordinación de ningún tipo. Cada una de esas entidades depende totalmente de las circunstancias, sucesos, cambio de impresiones, etc.
La pantalla de la mente cambia de colores y escenas a cada instante, todo depende de la entidad que en ese instante determinado controle la mente. Por la pantalla de la mente van pasando, en continua procesión, las diversas entidades que integran el Yo Psicológico. Estas se asocian, se disocian, forman ciertos grupos especiales de acuerdo con sus afinidades, riñen entre sí, se desconocen, etc.; pues cada entidad de la legión, llamada “YO”, cree ser el todo, el Ego total, este “YO” ni remotamente sospecha que sólo es una ínfima parte.
El “humanoide intelectivo” no es Hombre, pero tiene dentro de sí, en estado latente, todas las posibilidades para convertirse en Hombre. No es una ley que esas posibilidades se desarrollen, lo más natural es que se pierdan. Sólo mediante tremendos súper-esfuerzos pueden desarrollarse tales posibilidades humanas. Esto lo sabían bien los sabios mayas cuando escribieron el “Popol Vuh” (la Biblia Maya):
“¡Que aclare! ¡Que amanezca en el cielo y en la tierra! Que no habrá gloria ni grandeza alguna hasta que surja la criatura humana, el Hombre formado”.
Mucho tenemos que eliminar y mucho que adquirir. Se hace necesario hacer un inventario para saber cuanto nos sobra y cuanto nos falta. Es claro que el “Yo Pluralizado” está de sobra, es algo inútil y perjudicial. Es fundamental desarrollar ciertos poderes, ciertas facultades, ciertas capacidades, que el hombre-máquina se atribuye (Conciencia despierta, Voluntad consciente, poder de hacer, etc.) y cree tener, pero que en realidad no tiene.
Si queremos dejar de ser máquinas, si queremos despertar conciencia, tener verdadera voluntad consciente, individualidad, capacidad de hacer, es necesario empezar por conocernos a nosotros mismos y luego disolver el Yo Psicológico. Cuando suceda, sólo habrá quedado dentro de nosotros el SER VERDADERO.
C.I.A.G.