09/25/2026
Olvidé los auriculares y me niego a romantizar en lo absoluto el bullicio de la gente hablando sin escrúpulos en los cafeces. Me fui de uno porque tenía el cerebro latiéndome de escuchar a dos personas que ni por un segundo dejaron de charlotear en su idioma y entro en un Starbucks para continuar a escribirte (y huir de los 30º fuera); pero en su lugar, hay aún más gente. Lo de los cafeses tranquilos en la semana para los escritores ya no cuela. Por eso ahora reservan habitaciones de hoteles con vistas o cabañas perdidas en el bosque (mi sueño).
Pero hay que adaptarse a las circunstancias, así que mientras saboreo un Maple Pecan Frappuchino imaginando estar escribiendo desde el ventanal al bosque lleno de hojas caídas, hoguera encendida y mantita encima, puedo por unos segundos aislarme del sonido…
“Este mes es una invitación a mirar cuánto creciste mientras esperabas que algo creciera.”
y también…
“Es cierto que no podemos escapar de la tormenta que se posa sobre nosotros en algunos momentos. Pero sí que podemos buscar refugio, consuelo y cobijo en los espacios y personas que nos transmiten seguridad, amor y comfort. En cosas, lugares, recuerdos, personas, mascotas, gestos que nos recuerdan que el camino puede tener baches, pero que no estamos solos, no lo estamos y, detrás de cada tormenta, siempre, pero siempre, se esconde el sol, que acabará saliendo.
Te invito hoy a que compartamos el paraguas y salgamos a caminar bajo la lluvia, una vez más, hasta que pase…”
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