11/01/2020
En el último piso de un rascacielos neoyorkino, ubicado en el distrito financiero, un joven abogado de provincia contempla los edificios, calles, avenidas, carros y peatones que intentan acomodarse y competir en una de las ciudades más seductoras y poderosas del mundo. John Milton, propietario del edificio y de la firma de abogados que la ocupa, le interroga siempre con una sonrisa. Alternando con preguntas personales y profesionales, Milton logra adivinar el mayor deseo del muchacho, y remata con un “¿eres capaz de invocar tu talento a voluntad?” advirtiéndole que el éxito es un activo costoso de adquirir, y que si quiere trabajar en su firma deberá pagar ese tributo.