Contours ArteCalle

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Contours ArteCalle is a decolonial feminist, open access publication.

Photos from Contours ArteCalle's post 04/27/2026

En el día de ayer, Okikilo recibe a niñas y niños de nuestro proyecto infantil, no fue solo un día para aprender a elaborar dulces, y degustarlos tuvimos un tiempo para la lectura de la última edición de la Revista ZUNZÚN "Los Derechitos "donde aparecen derechos a la atención y a la información,que se les debe dar, pero también leimos algunos fragmentos del libro escrito por Yadira R Vargas del proyecto "Lo llevamos Rizo ""Historias Afroestima Mi cabello rizado "donde enseña como cuidar ,conocer,querer y que representa el cabello afro. Los invito a que lo lean y pongan en manos de sus niñxs,jóvenes y adolescentes.

Terminamos degustando unas sabrosas Torrejas y jugando al Parchís. Okikilo rescatando tradiciones en dulces,pero también juegos infantiles y la lectura.
Ya esperan ansiosos el próximo encuentro jj

Photos from Contours ArteCalle's post 04/11/2026
Photos from Contours ArteCalle's post 04/09/2026

El pasado día 7 de abril,el Centro Martin Luther King, abrió sus puertas una vez más para compartí r y sororizar,pero esta vez desde un tallerllamado "Feria de Conocimientos "auspiciado por el Centro Oscar Anulfo Romero donde la especialista Zulema Hidalgo e Hildelisa Leal,junto a mujeres emprendedoras, costureras, productoras agrícolas, artesanas ,zapateras ,elaboradoras de alimentos, etc,compartimos saberes,aprender y desaprender, sobre gestores económicos,normativas, capacitaciones,experiencias desde nuestros proyectos de vida,articulaciones y redes entre mujeres,unidas para un desarrollo personal y comunitario.

Photos from Contours ArteCalle's post 03/29/2026

Hace más de 3 años,andamos un camino junto a Cindy Garcia unas de las fundadores de este proyecto decolonial,antiracista y feminista,mujeres emprendedoras,creadoras,transformadoras de espacios y de vidas,juntas colaborando,socializando,intercambiando saberes y culturas.

Ese día CONTOURS ARTECALLE reconoció el trabajo comunitario q realiza el PROYECTO SOCIO CULTURAL COMUNITARIO "LA MUÑECA NEGRA ",hoy nosotras damos gracias por ser parte de Co tours

03/08/2026

💜 | Ella misma lo dice: no tiene nada que ver con la mujer que en 2014 empezó a pensar en economía familiar. En una isla donde sobrevivir es el verbo que conjugan todas, Maritza Arango Montalvo prefiere hablar de reinventarse.

La entrevista ocurre una tarde de esas en que La Habana aprieta el calor contra la piel, en el patio del Centro Martin Luther King. Un lugar del que —dice— no ha vuelto a salir desde que entró por primera vez. Habla con pausas, a veces se detiene para corregirse, para precisar. No quiere que le inventen nada. Lleva el cabello recogido debajo de un turbante y las manos ocupadas en sostener "la ternura" donde apunta cosas mientras habla, como si la entrevista fuera un diálogo entre dos que se toman notas mutuamente.

A esa hora el patio huele a café recién hecho. Cuando se sienta frente a mí, la miro. Tiene la mirada directa, de esas que no esquivan. Apoya el cuerpo en el banco y su bolsa de colores, junta las manos y espera la primera pregunta. Pero antes de que yo abra la boca, ella ya está hablando:

—¿Sabes lo que pasa? Que nosotras, las mujeres cubanas, tenemos que ser como ese árbol que crece en la acera partida: el que echa raíces donde puede y busca la luz aunque le caiga sombra de todos lados.

No sé si es una respuesta o una advertencia de lo que viene.

—¿Cuáles crees que son los desafíos de las mujeres cubanas hoy?

Me mira como si la pregunta le exigiera un esfuerzo de síntesis que no está dispuesta a hacer. O quizá es que los desafíos son tantos que necesita ordenarlos. Se toma su tiempo. Mira hacia un lugar infinito, donde la tarde comienza a declinar. Luego vuelve a mí.

—Mira, te voy a poner tres. Pero no son los únicos. Son como la punta del iceberg.

Hace una pausa. Separa las manos, extiende los dedos.

—Primero: el peso. Tenemos el peso de muchas cosas encima. La casa, que en Cuba sigue siendo cosa de mujeres. El trabajo, porque todas trabajamos —las que tienen trabajo formal y las que inventan por cuenta propia—. Los hijos, los padres, los maridos, los hermanos. La sociedad nos impone tantas cosas que a veces no sabes dónde termina lo que tú quieres y empieza lo que esperan de ti.

—¿Y cómo se lleva ese peso?

—No se lleva —responde rápido—. Se arrastra. Se aprende a vivir con él. Pero hay días que pesa más. Días en que tienes que ser la que cocina, la que resuelve el agua que no llegó, la que atiende a quien se enferma, la que va a la cola por el pan, la que trabaja, la que además tiene que estar bella, sonriente, dispuesta. Y nadie te pregunta: ¿y tú cómo estás? Yo lo he aprendido de mis amigas, de mi familia. No tengo marido, soy soltera, pero todas las mujeres llevamos el peso de todas. No sé si me entiendes.

Se detiene. Pasa la mano por sus muslos como borrando algo invisible.

—Segundo: los obstáculos. Tenemos trabas, muchas. El bloqueo, que no es un invento nuestro, que está ahí y lo sentimos todos los días en la comida que falta, en la medicina que no llega, en el sueño que tienes que posponer. Pero también las trabas de aquí, las de adentro. El burocratismo, la mentalidad de algunos que todavía creen que la mujer debe estar en un lugar y no en otro. Las miradas cuando lideras, cuando decides, cuando alzas la voz.

—¿Te ha pasado?

—Todos los días —sonríe con la alegría de un rostro que ha luchado mucho—. Todos los días alguien te pregunta si puedes, si estás segura, si no será demasiado para ti. Como si ser mujer fuera una disminución de capacidades.

Aprieta los labios. Luego suelta:

—Tercero: sobrevivir. Porque vivas ya estamos. Así que lo que tenemos es que sobrevivir.

Dice "sobrevivir" como quien escupe una semilla. Pero inmediatamente rectifica. Se inclina hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que entiendo bien:

—Pero no me gusta esa palabra. Solo sobrevivir. Porque nos pasamos la vida reinventándonos. Ese es el verdadero desafío: no quedarte en sobrevivir, sino buscar la manera de vivir con dignidad, con belleza, con sentido. Es un reto grande, sí. Pero también es lo que nos hace grandes.

..

No quiero preguntarle la edad. Solo el nombre completo para guardarlo, pero ella lo suelta como quien se presenta en una fiesta, con orgullo:

—Soy Maritza Arango Montalvo.

Y luego enumera lo que es: una mujer emprendedora, una mujer empoderada. Pero aclara de inmediato, porque le importa que se entienda bien:

—Empoderamiento no es solamente económico. A veces se cree que empoderada es la que tiene su dinero, su negocio. Y eso es importante, claro. Pero es mucho más. Es político: saber que tienes derecho a opinar, a decidir, a ocupar espacios. Es social: entender que no estás sola, que hay otras, que juntas pueden más. Es cultural: conocer de dónde vienes, quiénes son tus raíces, qué te sostiene. Siento que me han brindado herramientas para poder empoderarme en todo eso.

Las herramientas llegaron por caminos que ella no esperaba. Hubo un taller, alguien que la trajo por primera vez al Centro Martin Luther King. Eso fue en 2014. Y entonces dice algo que merece ser escrito con mayúsculas:

—Desde el primer taller supe que quería seguir en este camino.

Y desde entonces no ha salido.

—¿Cómo llegas a no conformarte como emprendedora? ¿Esa motivación de dónde viene?

Maritza se recuesta en el banco. Por primera vez en la conversación, parece que va a contar una historia larga. Y así es.

–Yo no llegué a ser una mujer emprendedora cuando empecé a desarrollarme económicamente en la Muñeca Negra (esa iniciativa familiar que forma parte del Movimiento de Mujeres en Espiral). O cuándo se me metió en las venas las esencias de mi madre y mi tía Margarita Montalvo, a quienes les debo parte de lo que soy.

La Muñeca Negra es un proyecto sociocultural comunitario. Ella ha sido parte de eso desde pequeña. La Muñeca Negra es literalmente su casa, su raíz profunda, su espacio. Allí se respira talleres, actividades, mujeres reunidas hablando de identidad, de raza, de cultura. Allí ha podido entender cómo se piensa la economía popular y feminista.

—Hasta que un día mi tía me dijo: ¿y por qué no coordinas? Y yo dije: ¿yo? ¿Para qué? ¿Con qué autoridad? ¿Con qué preparación?

Se ríe ahora, pero se nota que no fue gracioso entonces.

—Me sentía pequeña para eso. Sin herramientas. Sin saber. Pero había algo, una fuerza, que me empujaba. Las mismas mujeres del proyecto, las mayores, me decían: tú puedes, tú tienes que estar aquí, esto también es tuyo. Descubrió que podía transmitir.

Después llegó Okikilo.

—Okikilo —pronuncia despacio— en lengua yoruba quiere decir dulces.

El proyecto nació de una obsesión: los dulces tradicionales cubanos que se estaban perdiendo. Los que hacían las abuelas, los que llevaban nombres africanos, los que se vendían en las esquinas y ahora ya no.

—Me di cuenta de que no era solo el dulce. Era la memoria. Era la receta que viajó en un barco, que se adaptó, que sobrevivió. Era la historia de mujeres que cocinaban para sostener familias, para mantener tradiciones, para no olvidar. Okikilo es eso: un proyecto para rescatar tradiciones y nombres. Y también es una forma de vida.

Maritza habla y en cada pausa se nota que mide las palabras. No quiere que la retraten mal. Quiere que se entienda que ella es madre, soltera, una mujer que se siente libre de hacer y deshacer. Pero sobre todo quiere que se entienda lo de la transformación.

—Me he transformado en muchísimas cosas —dice, y hay asombro en su voz, como si ella misma no terminara de creérselo—. No tengo nada que ver con la mujer que empezó en el 2014. Nada que ver con la que soy hoy.

—¿En qué has cambiado?

—En todo. En la forma de verme a mí misma. En la forma de entender mi lugar en el mundo. En cómo me relaciono con las otras mujeres. Antes era más callada, más de esperar que me dijeran lo que tenía que hacer. Ahora no. Ahora decido. Me equivoco, sí. Pero decido.

—¿Y esa transformación?

—La he podido transmitir. He podido transformar también, apoyar, solidarizar y sororizar con otras mujeres.

Cuando dice "sororizar" no lo hace como quien usa una palabra de moda. Lo hace como quien ha descubierto que sola no se puede.

Afuera la esperan. Una ciudad apagada por caídas del Sistema Energético Nacional. La Habana se enciende en luces escasas, en ventanas abiertas, en voces que llegan desde la calle. Maritza no tiene prisa por irse. Sigue ahí, con los brazos abiertos y las manos quietas.

Pienso en lo que dijo al principio: "Tenemos el peso de muchas cosas encima". Pero también en lo que dijo después: "Vivas estamos".

Antes de irme, le pregunto:

—¿Qué es lo más hermoso que has aprendido en todo esto?

Se toma su tiempo. Tanto que creo que no va a responder. Pero responde:

—Que la dignidad no es algo que te regalan. Es algo que construyes. Todos los días. Con lo que tienes, con lo que no tienes, con las que te acompañan. Y que la belleza está en eso: en levantarte cada mañana y decir: hoy voy a inventarme otra vez. No importa lo que pasó ayer. Hoy empiezo de nuevo.

Me levanto para irme. Ella también se levanta. Me da la mano, pero antes de soltarme, dice:

—Una cosa más. No te olvides de poner que esto no es solo mío. Es de muchas. De las que vinieron antes, de las que están, de las que vendrán. Porque una mujer sola puede, pero muchas mujeres juntas pueden todo.

Afuera, La Habana sigue su rumbo. Maritza se queda ahí, sonríe frente a mi teléfono con una carcajada enorme aunque no alcancé a capturar ese instante.

Seguirá reinventándose, porque en esta Isla, ella lo sabe, sobrevivir no basta. Y ella lo hace con la dignidad de quien sabe que no está sola, con la belleza de quien convierte la masa en memoria, con la fuerza de quien lleva el peso y aún así sonríe.

Eso es Maritza Arango Montalvo. Una mujer que se reinventa cada día.

✒️🎨 Yuliet Teresa-Intensa

SEMlac-Cuba. Comunicación para la equidad Federación de Mujeres Cubanas Revista Mujeres

Photos from Contours ArteCalle's post 01/19/2026

Terminando el taller de la muñeca de la amistad de Cecilia Lezama

Photos from Contours ArteCalle's post 01/17/2026

Cecilia Lezama Durante su taller de muñecas de la amistad matzaco mexico

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