09/15/2026
EL CONOCIMIENTO SOBRE JUDO DEBE LLEGAR TAMBIÉN A QUIENES SOSTIENEN EL PROCESO
Desde hace algún tiempo dedico especial atención a las publicaciones que aparecen en Facebook sobre aspectos técnicos, físicos, tácticos, psicológicos y pedagógicos del Judo. Muchas de ellas nacen del conocimiento, de la experiencia profesional o de la conjugación de ambos, y son elaboradas por profesores que han transitado con resultados reconocidos por diferentes etapas de su vida profesional.
Debemos valorar esa labor. Generar y socializar contenidos de calidad requiere tiempo, estudio, organización de las ideas y, sobre todo, disposición para compartir lo aprendido. Cada reflexión, experiencia o propuesta metodológica puede convertirse en una fuente valiosa de actualización para quienes hoy tienen la responsabilidad de enseñar y entrenar a niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
Sin embargo, me llama la atención el bajo nivel de participación de muchos profesores que se encuentran actualmente al frente del proceso formativo. En los comentarios y debates resulta frecuente encontrar una mayor presencia de judokas y profesores ya retirados. Esto no significa necesariamente que los profesores activos no lean o no utilicen esos contenidos, pero sí limita el intercambio profesional, la confrontación respetuosa de criterios y la construcción colectiva de conocimientos a partir de las realidades actuales del dojo.
También considero que gran parte de esa información continúa circulando casi exclusivamente entre especialistas. Mientras debatimos sobre métodos, planificación, técnica, táctica, preparación física, desarrollo psicológico o formación en valores, los principales protagonistas del proceso (los propios judokas) y quienes los acompañan permanentemente (sus familias) reciben muy poca información que les permita comprender qué se enseña, por qué se enseña, qué pueden esperar en cada etapa y cómo pueden colaborar.
Los profesores que trabajan diariamente en el tatami merecen también nuestro reconocimiento. Son ellos quienes transforman las ideas y los conocimientos en experiencias concretas de aprendizaje; quienes planifican, observan, corrigen, evalúan y reajustan; quienes enfrentan las diferencias individuales y procuran responder a las necesidades reales de cada alumno. Su participación en estos espacios enriquecería los contenidos publicados con la evidencia que surge de la práctica cotidiana.
Los judokas, por su parte, no son simples receptores de instrucciones. Son personas que creen en este deporte y dedican una parte considerable de su tiempo y esfuerzo a aprender, entrenar y superarse. Necesitan comprender su proceso, participar progresivamente en las decisiones relacionadas con su aprendizaje y desarrollar autonomía dentro y fuera del tatami.
Las familias son mucho más que espectadoras. En numerosos casos constituyen los principales patrocinadores económicos del proceso, pero también sus soportes emocionales, organizativos y logísticos: trasladan, esperan, acompañan, motivan y sostienen la continuidad. Por eso necesitan orientaciones claras sobre el desarrollo del judoka, los objetivos de cada etapa, el significado de la competencia, la relación adecuada con los resultados y la manera de apoyar sin sustituir, presionar ni interferir en la labor profesional del profesor.
Exhorto, por tanto, a esa excelente comunidad de profesores que dedica parte importante de su tiempo a generar y compartir conocimientos, a incorporar también contenidos pensados para los judokas y sus familias: mensajes comprensibles, orientaciones prácticas, encuentros informativos, materiales breves y espacios para preguntar y reflexionar.
No se trata de disminuir la profundidad del conocimiento profesional, sino de traducirlo y hacerlo accesible a cada integrante de la comunidad. Cuando profesores, judokas y familias comprenden sus responsabilidades y actúan de manera coordinada, el proceso formativo gana coherencia, confianza y mejores posibilidades de desarrollo.
Una información de calidad no sustituye el proceso, pero permite comprenderlo, acompañarlo y fortalecerlo.
Lic. Wilfredo Duardo Rodríguez, 7.º Dan�JUDOPEDAGOGÍA