Escuela de Evangelismo

Escuela de Evangelismo Recuperando la pasión por las almas perdidas…

* Conocido de antemano: Dios amó y puso su pacto de gracia sobre su pueblo desde antes de la fundación del mundo; no sig...
08/24/2026

* Conocido de antemano: Dios amó y puso su pacto de gracia sobre su pueblo desde antes de la fundación del mundo; no significa solamente que sabía quiénes creerían (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2).

* Elegido: Dios escogió en Cristo, por pura gracia y no por méritos previstos, a quienes salvaría (Efesios 1:4).

* Predestinado: Antes de la creación, Dios determinó soberanamente que sus escogidos serían conformados a la imagen de Cristo (Romanos 8:29).

* Llamado: Dios llama eficazmente al pecador por medio del evangelio, llevándolo voluntariamente a Cristo (2 Timoteo 1:9).

* Regenerado: El Espíritu Santo da nueva vida espiritual al pecador que estaba mu**to en sus delitos y pecados (Tito 3:5).

* Convertido: El pecador, por la gracia de Dios, se vuelve del pecado a Cristo mediante el arrepentimiento y la fe (Hechos 20:21).

* Justificado: Dios declara justo al pecador únicamente por la justicia de Cristo recibida mediante la fe (Romanos 5:1).

* Adoptado: Dios recibe al creyente como hijo, concediéndole todos los derechos y privilegios de pertenecer a su familia (Efesios 1:5).

* Santificado: Dios aparta al creyente para sí y, por su Espíritu, lo transforma a la imagen de Cristo (1 Corintios 6:11).

* Preservado: Dios guarda a sus hijos en la fe hasta el fin, sosteniéndolos por su poder y su gracia (1 Pedro 1:5).

* Glorificado: Dios llevará al creyente a su estado final de perfección, libre para siempre del pecado, la corrupción y la muerte (Romanos 8:30).

El evangelio comienza con estas dos verdades: nosotros somos pecadores incapaces de salvarnos, pero Cristo es el Salvado...
08/23/2026

El evangelio comienza con estas dos verdades: nosotros somos pecadores incapaces de salvarnos, pero Cristo es el Salvador perfecto y suficiente. El Hijo de Dios tomó el lugar de culpables, llevó nuestros pecados en la cruz y resucitó para nuestra justificación. Por eso, la entrada al cielo no depende de nuestra sabiduría, religión ni buenas obras, sino únicamente de confiar en Jesucristo y en su obra consumada: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo» (Hechos 16:31).

El pecado heredado de Adán permanece en nosotros como una barba que vuelve a crecer; por más que intentemos eliminarlo m...
08/22/2026

El pecado heredado de Adán permanece en nosotros como una barba que vuelve a crecer; por más que intentemos eliminarlo mediante la ley, la religión o nuestras buenas obras, no podemos limpiar nuestro propio corazón (Romanos 3:20). Pero el evangelio anuncia que Cristo cargó con nuestra culpa en la cruz, nos reviste de su justicia perfecta y nos concede un corazón nuevo por pura gracia (2 Corintios 5:21; Ezequiel 36:26). Aunque el creyente todavía lucha contra el pecado, ya no está bajo su condenación, porque «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).

Conocer a Cristo no es solamente saber acerca de Él, sino descansar por la fe en su persona y en su obra consumada. Ser ...
08/22/2026

Conocer a Cristo no es solamente saber acerca de Él, sino descansar por la fe en su persona y en su obra consumada. Ser hallado en Él significa comparecer delante de Dios sin nuestra propia justicia, vestidos únicamente con la justicia perfecta que Cristo obtuvo para nosotros mediante su obediencia, muerte y resurrección (Filipenses 3:8-9). Allí está la verdadera vida, porque en Él tenemos perdón y reconciliación; y allí está el verdadero gozo, porque ya no dependemos de nuestros méritos, sino de la gracia libre y soberana de Dios en Cristo Jesús.

La Ley debe venir primero para mostrarnos nuestro pecado, cerrar nuestra boca y revelar que no podemos justificarnos por...
08/22/2026

La Ley debe venir primero para mostrarnos nuestro pecado, cerrar nuestra boca y revelar que no podemos justificarnos por nuestras obras (Romanos 3:19-20); después resplandece el Evangelio, que aparta nuestros ojos de nosotros mismos y los fija en Cristo, quien cumplió perfectamente la Ley, sufrió su condenación en nuestro lugar y nos concede gratuitamente su justicia por la fe (Gálatas 3:13; 2 Corintios 5:21). La obra del diablo consiste en volver nuestra mirada hacia nuestro desempeño para producir orgullo o desesperación; pero el Evangelio nos llama a mirar únicamente a Jesús y descansar en su obra consumada: «Consumado es» (Juan 19:30; Hebreos 12:2).

El Evangelio anuncia que la salvación no depende de que nuestros pecados sean pocos ni de que nuestras obras sean muchas...
08/22/2026

El Evangelio anuncia que la salvación no depende de que nuestros pecados sean pocos ni de que nuestras obras sean muchas, sino únicamente de Cristo y de su obra consumada. Aun el pecador más culpable que cree en Él recibe perdón completo, porque Jesús cargó en la cruz con toda su condenación y le acredita su justicia perfecta (2 Corintios 5:21); pero quien rechaza al Hijo permanece bajo la ira de Dios, aunque se considere moral o poco pecador (Juan 3:18, 36). Por eso, la esperanza no está en medir nuestros pecados, sino en mirar por la fe al Salvador que prometió: «El que cree en mí tiene vida eterna» (Juan 6:47).

Cuando la fe se fortalece al contemplar a Cristo y su obra consumada, los temores pierden su dominio, porque el creyente...
08/22/2026

Cuando la fe se fortalece al contemplar a Cristo y su obra consumada, los temores pierden su dominio, porque el creyente sabe que sus pecados han sido perdonados, que ya no hay condenación para él y que nada podrá separarlo del amor de Dios (Romanos 8:1, 38-39). Esa misma seguridad lo impulsa a evangelizar sin avergonzarse ni temer el rechazo, pues no anuncia sus propios méritos, sino el poder de Dios para salvar a todo aquel que cree (Romanos 1:16). Así, con los ojos puestos en Jesús, podemos confesar: «Creí, por lo cual hablé» (2 Corintios 4:13).

08/22/2026
La gracia y la fe no nacen de la capacidad ni de la voluntad natural del pecador, sino que son dones soberanos de Dios. ...
08/17/2026

La gracia y la fe no nacen de la capacidad ni de la voluntad natural del pecador, sino que son dones soberanos de Dios. Él es quien, por medio de su Espíritu, nos concede creer y nos une salvadoramente a Cristo: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8).

Cada día muchas personas parten de este mundo sin conocer la esperanza del evangelio. Por eso, la Iglesia no puede distr...
08/15/2026

Cada día muchas personas parten de este mundo sin conocer la esperanza del evangelio. Por eso, la Iglesia no puede distraerse proclamándose a sí misma ni sustituyendo el mensaje de salvación por palabras vacías. Nuestra misión urgente es anunciar a Cristo crucificado: el Salvador que murió por pecadores y resucitó para dar vida eterna. Mientras haya almas sin Cristo, debemos predicarlo con fidelidad, amor y urgencia.

«Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado».
— 1 Corintios 1:23

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