08/16/2026
SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Hoy la Iglesia celebra con alegría que la Santísima Virgen María, al terminar el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo. Esta verdad de fe, profundamente arraigada en la Tradición de la Iglesia y celebrada desde los primeros siglos, fue proclamada solemnemente como dogma por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus.
La nos recuerda el destino al que Dios nos llama. En María contemplamos anticipadamente aquello que esperamos por la gracia de Cristo: la resurrección de la carne y la vida eterna. Ella no ocupa el lugar de Cristo; todo lo contrario: su glorificación manifiesta la victoria de su Hijo sobre el pecado y la muerte.
El Catecismo nos enseña que la Asunción de María es una participación singular en la Resurrección de Cristo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos (CIC 966).
Por eso esta solemnidad no consiste solamente en mirar hacia María, sino también en mirar hacia el Cielo. Nuestra vida tiene una meta: Dios. María, primera entre los redimidos y Madre de la Iglesia, nos muestra lo que la gracia de Cristo quiere realizar plenamente en nosotros.
Que en esta solemnidad podamos pedir:
María, Madre nuestra, guíanos siempre hacia Jesús y enséñanos a caminar con la mirada puesta en el Cielo.
Nuestra Señora de la Asunción, ruega por nosotros.