08/28/2026
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¿Qué puede sobrecargar sensorialmente a las personas autistas?
La sobrecarga sensorial ocurre cuando el cerebro recibe más información de la que puede procesar cómodamente en un momento determinado. En las personas autistas puede aparecer con mayor facilidad, aunque cada persona tiene sensibilidades diferentes y no existe una lista universal de estímulos que afecte a todos.
Entre los desencadenantes más habituales encontramos las luces brillantes o intermitentes, los contrastes visuales intensos y determinados patrones. También pueden resultar difíciles los sonidos fuertes o repentinos, como sirenas, fuegos artificiales, conciertos, electrodomésticos o ruidos repetitivos.
Los olores intensos —perfumes, productos de limpieza, comida o basura— pueden generar un malestar considerable. Lo mismo sucede con determinadas texturas, presentes en ropa, etiquetas, alimentos o superficies. Para algunas personas, además, los sabores muy intensos, amargos o determinadas combinaciones de texturas pueden resultar desagradables.
Los entornos con mucha gente, ruido y movimiento también pueden incrementar el estrés. A esto se suma algo que no siempre se considera sensorial: los cambios inesperados en la rutina o los planes, que pueden aumentar la sensación de descontrol y sobrecarga.
Incluso el contacto físico inesperado, como abrazos o toques, puede resultar incómodo para algunas personas.
Comprender estos factores no significa sobreproteger a las personas autistas. Significa reconocer que, cuando aparece una sobrecarga, reducir los estímulos, permitir un espacio tranquilo y respetar las necesidades individuales puede marcar una enorme diferencia.