Escuela de los Misterios

Escuela de los Misterios Comprometidos al estudio del Arte o Artes Secretas de los Misterios Ocultos de las Antiguas Escuelas Para quienes sondean los arcanos de la naturaleza.

08/25/2026
08/15/2026

YO SOY!

José de Arimatea sacó un cadáver de una cruz con sus propias manos.

Sangre bajo sus uñas. El peso de un hombre mu**to que se hunde en sus brazos.

Lo envolvió en lino, presionó la tela en heridas que aún estaban mojadas.

Nicodemo trajo setenta y cinco libras de especias funerarias. El funeral de un rey para un hombre que el mundo acaba de asesinar.

Lo llevaron a un agujero en la roca y cerraron la piedra.

Y todo lo que has hecho entró con Él.

Todas las noches no puedes dormir por lo que hiciste a ella. Todas las mañanas, no puedes mirarte al espejo. Lo que le hiciste a él. Lo que les hiciste a ellos…

Ésa mentira que has estado cargando tanto tiempo que se siente como hueso.

La versión de ti que bebe solo y finge que mañana será diferente.

Ese hombre fue enterrado con Cristo.

Piedra sellada. Hecho!

No gestionado. No en terapia. No en un plan de pago con Dios donde poco a poco te ganas el camino de regreso. Enterrado. En una tumba. Bajo la roca. Se ha ido.

Tres días de silencio. Tres días de un cuerpo frío en la oscuridad.

Entonces la piedra se movió.

Y cuando salió, la ropa de la tumba estaba doblada en la losa. No tropesó enredado en la muerte. Lo dejó sentado allí como un hombre que ha terminado

Con la ropa que solía usar.

Lázaro necesitaba que alguien lo desenvolviera. La muerte todavía se aferraba a él incluso después de que estaba respirando.

Jesús dobló su propia ropa de entierro y salió limpio.

Esa es la diferencia entre religión y resurrección. La religión te desenvuelve lentamente. Te pide que manejes tu pecado. Asiste a la clase. Lee el libro. Esfuértate más la próxima semana.

La resurrección dice que el hombre que entró en esa tumba está mu**to. El hombre que salió no lo conoce.

No estás arreglando el viejo tú. El viejo tú está en una tumba sellada en Jerusalén, y no va a volver.

El hombre que lee esto, el que piensa que está demasiado lejos, tú no estás demasiado lejos. Ya estás enterrado. El funeral tuvo lugar hace dos mil años!

Ahora levántate. La piedra ya se ha movido. La ropa de cama ya está doblada.

Levántate, camina y sal al nuevo mundo; limpio, puro y sin manchas…

08/07/2026

La Iniciación
Transmisión de ése Algo Vibrante

Antes de adentrarnos, elevemos la mirada hacia aquello que da sentido a nuestro encuentro: la Logia Masónica no es simplemente un recinto de piedra y madera. Es, en su esencia más profunda, la recreación viva de aquellos santuarios donde, hace milenios, el ser humano comenzó su ascenso consciente hacia la Luz.

El templo egipcio, los misterios de Caldea, los ritos de Grecia —todos ellos nos revelan una verdad que hoy se nos transmite también aquí: la Iniciación no es un acto, sino un despertar. Es el momento en que el recipiente humano se sintoniza con una frecuencia más alta y recibe aquello que no se puede enseñar con palabras: la transmisión de una fuerza, de una llama, de ese algo vibrante que ha recorrido siglos esperando al hermano dispuesto a recibirlo.


El origen sagrado del mundo iniciático fue en el mundo antiguo

Desde los albores de la civilización, antes incluso de que se escribieran los primeros textos sagrados, la Iniciación fue el camino secreto del conocimiento. En el Antiguo Egipto, los templos de Karnak, Luxor o Sais no eran simples lugares de culto: eran máquinas espirituales. Quien entraba recorría un camino simbólico que iba desde la oscuridad exterior, atravesaba salas de columnas que representaban el mundo manifestado, y llegaba finalmente al santuario interno. Allí, tras pruebas, ayunos y enseñanzas veladas, el iniciado experimentaba el renacimiento: comprendía que su alma es inmortal y que su existencia terrenal es solo una etapa de retorno hacia la Luz. El propósito no era otro que transformar al ser humano, purificarlo y devolverle la conciencia de su naturaleza divina .

En Caldea y Sumeria, los misterios astrales enseñaron que todo lo que existe lleva impreso un ritmo, una frecuencia. Las estrellas, el alma, la naturaleza —todo obedece a una misma ley de vibración. El iniciado aprendía a reconocerla y a sintonizarse con ella.

En la Antigua Grecia, los Misterios Eleusinos y el oráculo de Delfos resumieron todo conocimiento en una frase: "Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses". La ceremonia era un paso más allá de la razón: una experiencia directa, vivencial, que dejaba en el alma una huella imborrable. Su propósito: liberar al ser humano del miedo a la muerte y mostrarle que la vida eterna ya comienza aquí y ahora .

En todos estos lugares, una misma verdad: la Iniciación no se explica, se recibe. No se aprende, se despierta. Y quien no estaba dispuesto, no podía captarla.


La Logia es alegoría viva de la Iniciación

Precisamente por esto podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que una Logia Masónica es la alegoría encarnada de la Iniciación. Así como en los templos antiguos se avanzaba de lo exterior a lo interior, de la sombra a la Luz, en nuestra Logia se reproduce ese mismo recorrido. El recinto no es solo paredes y techo: es el cosmos en miniatura, es el escenario donde el hombre profano deja de ser quien era para comenzar a ser quien realmente es .

Por eso ocurre lo que ocurre: hay hermanos que asisten años y años, conocen cada rincón, cada palabra del ritual, y sin embargo nunca reciben esa transmisión. Están presentes, pero su interior permanece cerrado. No hay resonancia. Algo dentro de ellos no vibra al unísono, y por más que estén ahí, el regalo más grande pasa de largo. En cambio, hay otros que quizá asisten poco, que apenas conocen las formas, y sin embargo se siente en ellos la presencia viva de la Masonería: llevan la Luz dentro, la irradian, la transmiten sin hablarla. Han sintonizado.

Y también vemos lo contrario: hermanos que conocen cada detalle, discuten de política, de ciencia, de todo aquello que pertenece al mundo exterior, y se quedan en la corteza, en lo profano. Jamás cruzan el umbral interior. No es la Logia quien los aleja: son ellos quienes no se abren a la vibración.


Todo es vibración: la verdad eterna que la ciencia redescubre

Hermes Trismegisto, aquel sabio egipcio-griego cuya voz resuena a través de los milenios, lo dejó escrito en el Kybalión, en su tercer Gran Principio:

"Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra."

Hace miles de años lo sabían los sacerdotes de Egipto y Caldea. Hoy la ciencia moderna —la física de partículas y la cuántica— ha terminado por confirmarlo: todo lo que existe está compuesto por átomos en movimiento constante. La diferencia entre una cosa y otra, entre lo denso y lo sutil, es solo frecuencia vibratoria. El pensamiento vibra más rápido que la materia; el espíritu vibra más alto que el pensamiento. Y así, todo lo que somos, sentimos y hacemos emite una frecuencia que atrae o aleja, sana o enferma .

Hace años decíamos sencillamente "algo me da buena o mala vibra". Era la intuición hablando antes que la razón. Sabíamos que algo nos agradaba o nos repelía sin saber por qué. Con el tiempo comprendimos que esa corazonada era el alma reconociendo su propia frecuencia o su contraria. Muchos seres humanos han perdido esa sensibilidad: viven anestesiados, ya no sienten, ya no vibran. En la Masonería ha ocurrido lo mismo: muchos han cerrado su interior por temor a lo desconocido, y por eso no reciben lo que la Logia ofrece.

El amor fraternal es la frecuencia más elevada

El odio, el rencor, la envidia —vibran en frecuencia baja, lenta, densa. Envenenan el cuerpo y el espíritu. En cambio, el amor fraternal, la generosidad, la justicia y la verdad vibran en frecuencia elevada, sutil, luminosa. Quien cultiva estas cualidades no solo eleva su propia vida, sino que sana y transforma todo lo que lo rodea. Su sola presencia cambia la frecuencia del entorno.

Por eso hoy, más que nunca, los masones estamos despertando a una nueva conciencia. No basta con saber el ritual de memoria; hay que sintonizar con él. Hay que elevar nuestra vibración interior hasta resonar con la Suprema Hermandad Consciente que nos precede. Entonces, y solo entonces, dominaremos nuestras pasiones y aprenderemos a amar verdaderamente como hermanos.


La Iniciación Masónica es, en última instancia, la invitación a volver a sintonizar nuestra alma con la armonía del universo. No se trata de un título, ni de un grado, ni de asistencia. Se trata de abrir el interior para recibir aquello que ha permanecido oculto a los ojos pero no al corazón: esa transmisión, esa fuerza, ese algo vibrante que ha sobrevivido a milenios y que hoy, aquí y ahora, espera por ti en el silencio sagrado de la Logia.

Que tu alma vibre en frecuencia de Luz. Que tu corazón resuene con el Amor Eterno. Y que al sintonizarte, recibas lo que desde siempre te ha estado esperando.

— Alcoseri

07/31/2026

Los Maestros Olvidados de la Gnosis

(6) Basílides de Alejandría, un maestro fundador de la escuela basilidiana pero también un discípulo de Simón

Fue una de las figuras más enigmáticas y metafísicamente audaces del gnosticismo del siglo II.

Basílides fue discípulo de Simón el Mago.

Principio:
En Basílides, el Principio supremo no es Dios en el sentido teológico clásico.

Es:
el Inengendrado
el Innominable
el Dios que no es Dios
No crea el mundo.
No piensa.
No quiere.

Está más allá del Ser.

Según Basílides, el mundo material no es creado por el Absoluto, sino por potencias inferiores, porque el Absoluto está fuera de la creación.
Sin embargo —y esto es capital en Basílides respecto a ciertos otros pensadores—,
el mundo no es radicalmente malo.

El mal proviene sobre todo de la ignorancia, del olvido del origen (el pratyabhijñā de la gnosis de los hindúes), de la confusión entre el Dios supremo y los Arcontes.

En la gnosis de Basílides, el Cristo no se encarna en sentido material: es un Eón venido de lo alto que no ha sufrido realmente; es Simón de Cirene quien habría sido crucificado en su lugar.

Esto se vuelve verdaderamente escandaloso para la Iglesia, tanto más cuanto que proclama con fuerza que el Cristo transmite la gnosis y que no redime mediante el sacrificio de su sangre.

De este Absoluto, que no es un Padre amoroso sino un Misterio radical, surgen —no por voluntad sino por procesión— niveles de realidad:

• el Nous
• el Logos
• la Phronesis
• la Sophia
• la Dynamis

Estas potencias no son todavía el mundo: constituyen los cielos invisibles.
Basílides habla de 365 cielos, gobernados por Arcontes.

Este número no es arbitrario:
corresponde a los días del año, a un cosmos total, cerrado, cíclico.

En la cima de los Arcontes se encuentra Abraxas (que veremos en detalle más adelante). Su nombre vale 365. Es Señor del Gran Cosmos, pero no el Dios supremo.

Es muy mal conocido incluso por quienes creen conocerlo.

Abraxas no es un personaje: es una función cósmica.

Reina sobre el tiempo que se repite (de ahí su vínculo con Saturno), no sobre la Eternidad.

Se le representa con:
una cabeza de gallo
un cuerpo humano
piernas de serpiente
un látigo y un escudo

Abraxas es una potencia cósmica, no un Demiurgo maléfico como se ve en otros lugares, especialmente entre los setianos.

De Abraxas se despliegan los 365 cielos, cada uno regido por un Arconte.

Estos cielos forman un cosmos cerrado, un sistema de esferas concéntricas: una verdadera prisión cósmica suave, hecha de orden y de ley, una verdadera matriz.

Abraxas es el último rostro del Cosmos, el último gran obstáculo, ¡UN UMBRAL!

El gnóstico debe reconocer su potencia, no adorarlo, no combatirlo, sino atravesarlo.

Es el guardián del umbral cósmico. Representa al Gran Ordenador de los egipcios.

Reina hasta el momento en que el alma se acuerda. Después se desvanece.

En Basílides, el alma no asciende hacia Dios, se retira del cosmos.

La subida es una desidentificación progresiva. El alma debe dejar de definirse por el cuerpo, su biografía, la causalidad lineal, el miedo a la muerte, porque en esta etapa la muerte se vuelve transparente.

Es aquí donde muchos se detienen.
Los Arcontes gobiernan la Ley, la recompensa, el karma. El alma debe renunciar a ser justa. Renuncia incluso a la salvación merecida.
Es una etapa muy elevada y muy difícil.
El alma no combate a los Arcontes. No reconoce su jurisdicción y les dice: «No tienes ningún derecho sobre lo que no te pertenece.»

La gnosis actúa como una contraseña. Es más importante de lo que parece cuando se llega al Oriente Eterno.

En Basílides el cosmos es perfecto, cerrado, coherente. Abraxas es su garante.

La salvación consiste en salir del cosmos, salir de la matriz. El objetivo no es la perfección del hombre, sino la salida del hombre.

Este concepto se acerca a los Arcana Arcanorum, que son un corpus de prácticas de retiro orientadas a la desidentificación radical, a la muerte simbólica del ego cósmico y al acceso a un Principio no condicionado, y no a la redención.

Para Basílides, el objetivo no es la perfección del hombre, sino la salida del hombre.

Por: Balland Daniele

Address

Bedford, TX
76021

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Escuela de los Misterios posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The School

Send a message to Escuela de los Misterios:

Shortcuts

Featured

Share