09/06/2026
Hace algunos años se formaba este stellium.
En algún lugar de Buenos Aires, en una mañana de junio, el Sol, la Luna y los planetas ocupaban una configuración irrepetible. Una fotografía del cielo que solo existió una vez.
Hoy me resulta extraño pensar que aquella disposición sigue existiendo de alguna manera. El cielo cambió miles de veces, las personas fueron y vinieron, los lugares cambiaron y las versiones de mí mismo también cambiaron, pero aquella instantánea permanece grabada en el tiempo.
A veces pienso que estamos constantemente interactuando con el pasado.
Leemos libros escritos hace décadas o siglos. Escuchamos música compuesta por personas que quizás ya no están. Caminamos por calles construidas por otros. Vemos fotografías que capturaron instantes que desaparecieron hace mucho tiempo.
Incluso este mismo pensamiento que estoy escribiendo ya pertenece al pasado en el instante en que termina cada palabra.
Y de la misma manera, hace algunos años se formaba este cielo.
Sol en Géminis.
Luna en Escorpio.
Marte en Escorpio.
Saturno en Escorpio.
Venus en Géminis.
Una combinación de aparentes contradicciones. Una mente que busca comprender y un corazón que siente con intensidad.
Quizás nunca sabré si los planetas influyen realmente en nuestras vidas.
Pero sí sé algo.
La persona que nació bajo ese cielo atravesó alegrías, pérdidas, cambios inesperados y momentos en los que tuvo que volver a empezar.
Y, a pesar de todo, sigue aquí.
Tal vez eso sea lo verdaderamente importante.
No la carta natal.
No los aspectos.
No los símbolos.
Sino el hecho casi milagroso de que todavía exista la capacidad de asombrarse, de aprender y de seguir transformándose.
Porque quizás la vida no consiste en convertirse en alguien distinto.
Quizás consiste en recordar, poco a poco, quién hemos sido siempre.