02/07/2020
Te vamos a pedir que hagas un ejercicio. Para hacerlo necesitamos que cojas tu teléfono móvil y entres en la red social que más usas. Bien, ahora que estás dentro, ve a tu perfil y cuenta las fotos que has publicado de tus hijos o hijas.
A esta práctica, cada vez más común, por parte de madre y padres de compartir fotos, vídeos o información acerca de sus hijos en redes sociales se le conoce por el nombre de Sharenting: share (compartir) + parenting (criar).
Vale, y ahora, piensa, ¿cuántas veces has pedido permiso a tus hijos para subir y hacer públicas estas fotos?
¿Conocemos las madres y padres de los peligros que esto conlleva? ¿Somos realmente conscientes de las consecuencias que puede traer lo que estamos haciendo?
Esta exhibición pública de orgullo en torno a las notas de tu hijo puede ir asentando un hábito, cuanto menos preocupante, que consiste en infravalorar indirectamente el reconocimiento personal, la cercanía de un abrazo o de unas palabras para decirle “me siento orgullosa/o de ti”, “felicidades”… Todos estos son gestos que se circunscriben al ámbito de la intimidad y que ayudan estrechar vínculos. Pero al tener que hacerlo público corremos el riesgo de lanzar un mensaje indirecto que viene a decir que el reconocimiento privado, ese que nos ofrecen las personas que queremos y que nos conocen, no es suficiente, y se percibe como incompleto.
Es importante poner el valor no solo los derechos que tenemos como progenitores sino también los deberes. Y entre estos deberes, el derecho a respetar y a preservar la imagen del menor debería ser una de las obligaciones principales. Nunca nos ponemos en la situación en la que algunos de nuestros hijos, ya de adultos, pueda llegar a reprocharnos en el mejor de los casos, o a denunciarnos, en el peor, el haber hecho pública su imagen, sus calificaciones, sus logros deportivos,… en redes sociales.
De manera indirecta les dejamos entrever que aquellas cosas que consideramos importantes conllevan una publicidad “globalizada”, es decir, hay que hacerlas públicas más allá del ámbito de “lo conocido”, de “lo cercano” a través de redes sociales, lo que implica dos cosas: buscar la aprobación de esa aldea global y generar, de paso, una tensión innecesaria en torno a la respuesta que esa red social proporciona a nuestro criterio.
Apenas nos paramos a pensar que al publicar
lo que nosotros consideramos “sus logros”, o las cuestiones que nos parecen meritorias en ellos, estamos sometiendo nuestro criterio a una evaluación externa de la comunidad virtual y, de manera indirecta, también estamos dejando en manos de esta comunidad la estimación de sus logros. A la larga puede desembocar en una dependencia en torno a ese “exhibicionismo” y a la búsqueda de aprobación más allá de la estricta intimidad.
Para terminar, me gustaría dejar un par de preguntas a modo de reflexión ¿Qué sucedería si, al publicar las notas de nuestros hijos, por poner un ejemplo, la red social comenzar a a decir cosas como “en ese colegio se aprueba fácilmente”, o “dime de qué presumes y te diré de qué careces” o “las notas no están mal, pero seguro que podría dar mucho más de sí”? ¿Qué necesidad hay de correr ese riesgo?
Extracto de:
https://www.familyon.es/sharenting/
https://youtu.be/DDZp8B2QPbw
El Sharenting, a examen Sharenting es la práctica que realizan aquellos padres que comparten fotos, vídeos e información de sus hijos en RRSS. Descubre si tú también lo practicas. h...
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