03/10/2025
Por Mario Luna Teólogo y Pastor.
En estos tiempos es fundamental tener encuenta el texto de José Arregui: Los fundamentalismos religioso. Este es un texto sencillo que ilumina la situación política de Palestina e Israel y podriamos agregar del Cristianismo en el mundo occidental.
El termino fundamentalismo
Se remonta a 1909, en E.E.U.U. cuando la primer Iglesia Presbiteriana del Norte en reacción a la teología liberal desarrollada en la Alemania protestante durante el siglo XIX, declaró como "fundamentales" e intocables estos cinco principios: la inerrancia de la Biblia, el nacimiento virginal de Jesús, su poder de hacer milagros, su muerte expiatoria en la cruz a causa de nuestros pecados y su resurrección física. Ellos mismos se hicieron llamar fundamentalistas, sin ninguna connotación peyorativa.
Por otro lado, según el autor, el fundamentalismo no es en modo alguno un fenómeno exclusiva del cristiano. Hay fundamentalismo en otras religiones. Por ejemplo Hinudes radicales queman mezquitas en la India, entre otros. Y también, no hay solo fundamentalismos religiosos también hay políticos. Desde la década de los 70s se constituye por una parte el fundamentalismo religioso judío y el cristiano y por otro el político- económico de corte neoliberal.
El autor hace énfasis en presentar 7 rasgos de los fundamentalismos:
1. Búsqueda de un fundamento inamovible. Siempre se tiene la sensación que no hay cambios, no obstante, nada es estable, nada permanece, solo la impermanencia. Ahora bien, las religiones nacieron en un mundo seguro y ahora ante un mundo sin seguridad, esto se convierte en una situación muy difícil, ya que las religiones siempre trabajan orientándose y aferrándose a fundamentos inamovibles, a principios absolutos, a verdades eternas, a certezas indiscutibles, es así como aparece el fundamentalismo. Pero en opinión del autor, el fundamentalismo tiene muy poco de religioso, es más bien, una necesidad de seguridad personal y colectiva. Actualmente hay una combinación entre fundamentalismo y tecnología, para reforzar seguridades. No obstante, el mundo es un sistema abierto, el mundo está en movimiento, siendo creador en el devenir, un mundo en santa evolución.
2. Lectura literal de los textos sagrados. Cuando todo está cambiando, los creyentes recuren a los textos sagrados, para fundar certezas y seguridades. Sin duda los libros sagrados constituyen los argumentos de los fundamentalismos religiosos. Cuando la religión pierde peso social y relevancia cultural, más cuando pierde la credibilidad y autoridad. Es más cuando tambalean los dogmas y los fundamentos y surge la criticidad a estas, es cuando más recurren a los textos sagrados, para agarrarse de estos. Recuren a lo “Esta escrito…”En el fondo no importa el contenido del escrito, sino la pervivencia del sistema de creencias y prácticas, haciendo de esta una lectura literalista. Pero esta dinámica puede ser desmontada desde el saber leer. El fundamentalista no sabe leer ni poemas ni relatos. O al menos olvida cuando lee el texto sagrado. Lo fundamental es saber comprender que significa la lectura y como leer. El texto dice más que lo dicho, y transciende toda interpretación, en eso consiste la revelación del texto.
3. Pretensión de verdad absoluta. El fundamentalista cree que tiene la verdad absoluta, cree que posee la verdad que los demás no poseen. Las religiones monoteístas (judía, cristiana, islámica) se creen las poseedoras de la verdad absoluta. Pero las religiones Orientales, han enseñado siempre que la realidad absoluta no se deja aprender en la mente y en la palabra. Por tanto, la fe en el único Dios puede ser también el mejor antídoto contra el absolutismo, pues solo Dios es el absoluto.
4. Dependencia de autoridad indiscutible. Es otra de las notas características de todo fundamentalismo: la sumisión incondicional a un líder fuerte e indiscutible. En el fondo se trata siempre del mismo mecanismo psicológico personal y grupal: la necesidad de seguridad. Y, para estar siempre seguro, la necesidad de una autoridad que tenga la última palabra en todo. La fidelidad a la propia conciencia responsable por encima de toda instancia exterior crea inseguridad. El fundamentalista quiere eludir todas estas inseguridades recurriendo a una autoridad externa: el gurú, el maestro, el rabino, el obispo, el imán. Pero, en realidad, nada hay más contrario a la religión que la sumisión servil a un ser humano y el abuso del poder de quien lo detenta, a pesar de que lo uno y lo otro abunden tanto en todas las religiones. Ahora bien el antídoto para esta situación planteada es la libertad. Es verdad que el secreto fundamental del camino espiritual es liberarse del propio yo, pero a eso solamente llega el que de una forma u otra corre el riesgo de la libertad. Por otro lado se trata de romper el paradigma de la divinización del poder ha llevado a la imposición de regímenes teocráticos.
5. Defensa de una moral inmutable. El fundamentalista soporta mal la incertidumbre en general, y la incertidumbre moral en particular. Quisiera que todo estuviese resuelto y claro en todos los casos. La opción de conciencia es un riesgo, y el riesgo crea inseguridad. El fundamentalista quiere seguridad prefiere sacrificar la conciencia a asumir la inseguridad. Ahora bien, los grandes principios son universales, pero sus aplicaciones concretas son siempre particulares, y cuanto más concretas tanto más relativas son todas las normas.
Fe en un dios supuestamente conocido. El fundamentalismo no es ni mucho menos patrimonio exclusivo de las religiones monoteístas. Pero la figura de un Dios exterior y único fácilmente se convierte en instancia suprema que legitima las peores perversiones y los peores abusos sin réplica posible. Dios es la palabra más polisémica y contradictoria de todas las palabras. Cuando decimos Dios, podemos estar evocando lo más bello y consolador, pero también lo más terrible y opresor. Es más: si alguien cree que entiende lo que dice al decir "Dios" es seguro que no es Dios, de quien habla y se engaña si así lo cree. Es seguro que lo que él entiende no es Dios, tanto si lo afirma como si lo niega. Los creyentes fundamentalistas y los ateos fundamentalistas, pues de todo hay en la viña de Dios, creen saber qué o quién es Dios, pero ése es su error. Sin embargo, el Dios que entendemos no es Dios, sino una idea humana más o menos sutil una imagen humana más o menos bella, más o menos deforme. Cuando comprendes a Dios, no es Dios aquello que comprendes, sino justamente lo que no comprendes en aquello que comprendes. Todo eso que piensas cuando piensas a Dios, no es Dios. Todo lo que la teología más sabia, tradicional o moderna o incluso posmoderna, enseña acerca de Dios no es Dios. Todo lo que la Biblia afirma acerca de Dios como revelación divina, eso precisamente no es Dios. En síntesis, Dios es siempre más. O es siempre menos, pues nuestras medidas de más y de menos no valen de nada con el misterio de Dios. Dios es menos Señor, menos omnipotente, menos omnisciente, menos impasible. Dios no es Dios, como nosotros lo imaginamos. Pensar que es como lo imaginamos, aunque sea en nombre de la Biblia, o precisamente por eso, eso es ser fundamentalista. Dios nos libre de ese Dios, para abrirnos al Misterio, a la anchura y el consuelo, a la humildad y la mansedumbre, a la paz y el refrigerio.
6. Visión maniquea del mundo. Una visión y una división maniquea. El fundamentalista mira y divide el mundo en dos: "Nosotros y todos los demás". Nosotros, los puros y rectos; todos los demás, la gran mayoría, heréticos y desviados. Nosotros, los fieles creyentes; los otros, increyentes secularizados. Nosotros, el resto elegido; los otros, la masa amorfa.
7. En último término, no se puede dividir el mundo entre fundamentalistas y no fundamentalistas. Nadie se mire a sí mismo como no fundamentalista solamente. Y nadie mire al otro como solamente fundamentalista.
Es decir, el texto plantea, formas o pautas para curarse del fundamentalismo. No obstante, la sexta premisa es en la que debe enfocarse el mundo cristiano, pero también en la política y en la sociedad. Se trata de romper con esa visión maniquea de la realidad y del mundo que nos afecta a todas y todos.
En mi opinión, el texto plantea, formas o pautas para curarse del fundamentalismo. No obstante, la última premisa que desarrolla, es la que se debe trabajar en el mundo cristiano, pero también en la política y en la sociedad. Se trata de romper con esa visión maniquea de la realidad y del mundo que nos afecta a todas y todos.
Por otra parte, me parece necesario con esta lectura, romper también con las imágenes de Dios que se nos han construido que muchas veces responden al poder, y tratan de manipular al ser humano, desde imaginarios construidos con una intencionalidad, de controlar las conciencias y libertades del ser humano.