27/04/2026
La Revista digital de Tiempo Cultural hace una interesante evocación de lo que fue el oficio de la telegrafía. Hace algunos años, todavía era muy celebrado el 27 de abril, como Día del Telegrafista.
¿Por qué el 27 de abril? Porque ese día, pero de 1870, se inauguró la primera línea telegráfica entre San Salvador y el Puerto de La Libertad.
Así, disfrutemos de una lectura interesante.
RECORDAMOS UN IMPORTANTE OFICIO
La Revista digital de Tiempo Cultural realizó una entrevista a alguien que desempeñó una ocupación que, en su tiempo, fue imprescindible. Jamás se pensó que ese oficio desaparecería. Sin embargo, la tecnología lo sumergió en las sombras del pasado. Hoy solo pervive el recuerdo. De este modo, conversamos con el señor Carlos Augusto Hernández Franco, quien es sensuntepecano de corazón, ya que vio la luz de la vida en otra localidad. Cuenta con más de 30 años de residir en la localidad de los 400 cerros. Casado con una apreciadísima docente sensuntepecana, la niña Adelfita Zavala, con quien formó una ejemplar familia.
Don Carlos Augusto es hijo de de los señores Manuel Franco y Otilia Hernández.
¿QUÉ LO INDUJO A HACERSE TELEGRAFISTA?
Para explicar, relata lo siguiente. –“Cuando asistía a la escuela, pasaba por las oficinas de la Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), hoy un recuerdo. Y me quedaba viendo fijamente los aparatos y escuchando los sonidos. Un día, don Antonio Mendoza (telegrafista), me observó, y me preguntó si quería aprender. Dije que sí, y él me enseñó”, nos explica.
Agrega que debe hacerse una distinción entre telefonista y relegrafista. El telefonista atendía y pasaba llamadas de teléfono. El telegrafista redactaba y enviaba telegramas por medio de aparatos telegráficos.
Aclara que el telegrafista tenía que conocer la clave Morse. Los telefonistas aprendían otras claves internacionales, puntualiza.
¿EN QUÉ OFICINA LABORÓ INICIALMENTE? En la de Quezaltepeque. Fue en noviembre de 1959 y ya se llamaba ANTEL. Percibía como sueldo 165 colones al mes.
Quienes recordamos cómo era el funcionamiento de las oficinas de ANTEL, tenemos presente que jamás cerraban por la noche. La razón era que siempre debía permanecer un telefonista de turno.
Don Carlos Augusto refiere que las jornadas eran de 8 horas, de día y por la noche. Sin embargo, en situaciones de emergencia o coyunturas especiales, tenían que permanecer al frente de sus aparatos hasta 24 horas.
ANÉCDOTA. Nos relata una “pasada” divertida. –“En la oficina de Quezaltepeque las máquinas eran anticuadas, y para lograr comunicación había que dar vuelta a una manecilla y lograr contacto con la central. Desde aquí pasaban las llamadas a otras partes del país. La central era nuestro destino infaltable. Cuando necesitaba conectar llamadas, yo decía: centro, centro, pasame Cojute o cualquier otro lugar al que no se le decía todo el nombre. En cierta ocasión, llegó un señor a pedir llamada para Zacatecoluca. Entonces, pedí a la central que me pasara Zacate, Zacate. Y no respondían. Yo de nuevo solicitaba: Centro, centro, pasame Zacate. El señor solo miraba mientras yo insistía en que me pasaran Zacate. De repente, ya no estaba. Pero al momento llegó con un manojito de zacate” , recuerda.
SUS LUGARES DE LABOR: Don Carlos Augusto rememora que trabajó en las oficinas de ANTEL en Quezaltepeque, Nejapa, San Salvador, Apopa, Ilobasco y Sensuntepeque. En esta cabecera se retiró con más de 30 años de labor.
¿SE SIENTE SATISFECHO POR EL OFICIO QUE DESEMPEÑÓ?
-“Me siento satisfecho y me enorgullece el haber sido parte de las telecomunicaciones, en El Salvador, que fueron tan importantes, vitales y humanas en las comunidades, máxime en aquellos tiempos”, asegura.
MENSAJE. Su mensaje a colegas de antaño es que se sientan dichosos al haber prestado tan importante servicio al país. –“Fuimos importantes, y aunque muchos se han olvidado del rol tan esencial que desempeñamos, nosotros mantengamos vivo el amor por el oficio que tuvimos, y agradezcamos a Dios que nos dio la oportunidad de ejercer tan bella profesión”, finaliza.