19/08/2026
Einsicht - Psic. Rudolf Bernhard Behrens
Todo cambio profundo en la vida de un ser humano viene precedido por una EINSICHT. ¿Quien soy? Mi nombre es Rudolf Bernhard Behrens.
Sin embargo eses es solo mi nombre. Soy para cada persona alguien en particular, así como cada persona es alguien en particular para mí. Lo que yo sea también depende del momento de la vida en que me conozcan, de las circunstancias particulares que lo acompañan y por supuesto de la historia personal correspondiente. Puedo afirmar con conocimiento de causa que soy hijo de mi madre y de mi padre, ni
19/08/2026
Hace 10 años
15/08/2026
# # Primera entrega: El misterio
Cuenta la mitología griega que Psique era una joven de una belleza extraordinaria.
Y aunque nadie lo decía abiertamente, muchos admitían, si bien en silencio para evitar desairar a la Diosa, que su belleza era comparable con la de Afrodita, la diosa de la belleza.
Y quizá no sea casualidad: Psique significa alma en griego.
Quizás ni nosotros mismos entendamos todavía la belleza del alma humana: algo hermoso, misterioso y difícil de conocer completamente.
Afrodita, a quien no se le habían escapado las miradas y los gestos de aquellos que veían pasar a Psique, urdió un plan malévolo para deshacerse de aquella contendiente mortal.
Encomendó a Eros que utilizara sus poderes para que Psique se enamorara del hombre más feo que pudiera encontrar.
Sin embargo, incluso Eros cayó rendido ante la belleza de Psique. Muy probablemente aquella belleza no residía solamente en su rostro o en su cuerpo. Había algo más.
Algo que los inmortales, precisamente por su condición, quizás nunca podrían alcanzar de la misma manera.
La curiosidad de la inocencia. La entrega a algo que el tiempo limita. Aquello que nunca se comprende del todo y que, sin embargo, es inherente a la condición humana.
Y fue precisamente ese misterio lo que también cautivó a Eros.
Para evitar las represalias de su madre, llevó a Psique, a escondidas, a un palacio maravilloso. Allí podía amarla lejos de los ojos de Afrodita y, aunque fuera solo durante unas pocas horas, olvidar su condición de inmortal y fusionarse en una efimeridad que preserva.
Pero le había puesto una condición:
Ella nunca debía ver su rostro.
Psique aceptó, evidentemente también por miedo a la diosa, y durante un tiempo obedeció.
Hasta que aparecieron sus hermanas, que comenzaron a sembrar dudas y, por qué no admitirlo, también llevadas por la envidia.
—¿Quién es realmente? —le preguntaron—. ¿Y si detrás de todo esto hay un monstruo?
Las dudas comenzaron a crecer.
Y comenzaron a horadar la felicidad que había alcanzado a pesar de todo.
Y aquí vale la pena una reflexión muy propia del ser humano.
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar el misterio?
¿Por qué, cuando no sabemos qué hay detrás de algo, suponemos la mayoría de las veces que debe haber algo malo, algo oscuro, algo terrible?
Quizás la muerte sea el misterio más grande en ese sentido. Sabemos que supone el final de una forma de vida. Pero lo que pueda haber —o no haber— después permanece todavía en la nebulosa de uno de los grandes misterios de la existencia.
Y, sin embargo, paradójicamente, los misterios —o, mejor dicho, la necesidad de desvelarlos— han sido una de las grandes fuerzas impulsoras del desarrollo humano.
Por generaciones.
Y así, una noche, Psique tomó una lámpara mientras Eros dormía.
Quería descubrir quién era realmente.
Y al iluminar su rostro descubrió que no era ningún monstruo.
No era una abominación ni nada por el estilo.
Era Eros en persona.
El dios del amor.
Pero toda búsqueda tiene un precio. Y quizás hay momentos en los que, al intentar arrancarle al misterio su secreto, olvidamos que algunas verdades pueden cambiar para siempre aquello que éramos antes de conocerlas.
Y en ese instante, una gota de aceite caliente cayó sobre el dios del amor.
Eros despertó.
Y con ese despertar comienza la siguiente parte de la historia.
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