02/12/2025
Vista y valorada
“Él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.” — Marcos 5:34
Jesús siempre vio a las personas más allá de su condición, y uno de los ejemplos más hermosos es *la mujer del flujo de sangre. Doce años de dolor, vergüenza y aislamiento la habían marcado.
La sociedad la veía como impura; probablemente evitaban incluso tocarla. Pero Jesús, al sentir que ella lo había tocado, se detuvo. Él pudo haber seguido caminando, pero decidió hacer una pausa para poner Su mirada en ella.
En vez de reprenderla por tocarlo en público, J *esús la llamó “Hija”, un término lleno de ternura y pertenencia.
La dignificó devolviéndole identidad y voz. Le permitió hablar, contar su historia, expresarse. Él no la redujo a su enfermedad; la definió por su fe.
Dignificar hoy, a nuestro prójimo, se trata de eso: ver a las personas por quienes realmente son, más allá de su pasado o heridas. Es detenernos, mirar con intención y recordarles su valor.
No necesitamos grandes gestos; una palabra de afirmacion, una escucha atenta o un acto de compasión puede restaurar el corazón de alguien que lleva tiempo sintiéndose invisible.
Amar como Jesús es dignificar a cada persona con la misma ternura con que Él dignificó a esta mujer. Betty Mancuello*
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