22/09/2026
La discusión entre ambos autores propone otra manera de entender cómo se forman las preferencias culturales.
Por Redacción Nota Antropológica
Hace algunos días publiqué una nota relacionada con la manera en la que Pierre Bourdieu entendía la forma en que se estructuran los gustos dentro de las clases sociales a partir del habitus, ese conjunto de hábitos, referencias y formas de mirar el mundo que aprendemos sin darnos cuenta desde el entorno donde crecemos. Después de eso quise buscar algunas críticas que se le pudieran hacer al sociólogo francés y terminé encontrándome con una discusión que quizá pueda hacernos pensar distinto la manera en cómo concebimos esos gustos que creemos tan personales.
Pero ¿Realmente elegimos lo que nos gusta? Pensemos un momento en esa canción que no dejamos de cantar, la ropa que usamos, el tipo de series en Netflix que consumimos o incluso la comida que consideramos “de buen gusto”. Muchas veces creemos que todo eso nace de decisiones individuales. Sin embargo, para Bourdieu nuestras preferencias culturales están relacionadas con la clase social, la educación, el entorno familiar y las experiencias acumuladas desde la infancia.
El sociólogo francés estudió cómo las personas aprenden maneras específicas de hablar, vestir, comer y consumir cultura. A eso lo llamó “habitus”, un concepto que puede entenderse como una especie de programación social cotidiana adquirida casi sin darnos cuenta que moldea lo que sentimos natural, correcto o deseable.
Su planteamiento tuvo impacto porque proponía algo inquietante para la época: el gusto no es solamente una decisión personal; también funcionaría como una marca social.
Es ahí donde entra Michel de Certeau. El historiador y filósofo francés retomó parte de esas discusiones durante los años setenta y publicó en 1980 La invención de lo cotidiano, un libro donde observa la vida diaria desde otro ángulo. De Certeau reconoce el valor de los estudios de Bourdieu, especialmente cuando analiza cómo las estructuras sociales influyen sobre las prácticas culturales.
Según de Certeau, si todo estuviera tan determinado por las estructuras sociales y por el habitus, entonces quedaría muy poco espacio para el movimiento real de las personas. ¿Dónde quedan las decisiones pequeñas?, ¿qué pasa con quienes reinterpretan reglas, mezclan referencias culturales o utilizan las cosas de maneras que no se esperan?
Algo tan simple como comprar ropa de segunda mano y combinar prendas consideradas “finas” con tenis desgastados puede funcionar como ejemplo. Para Bourdieu, buena parte de esas decisiones siguen vinculadas al entorno social donde cada persona aprendió a mirar el mundo. Aunque para de Certeau también existe ahí una capacidad de reinterpretar lo recibido, alterar significados y construir usos que nadie planeó completamente.
Ahí está precisamente la diferencia entre ambos, mientras Bourdieu pone atención en cómo las estructuras sociales moldean nuestros hábitos y gustos, de Certeau quiere mirar lo que hacemos dentro de esos límites, incluso cuando parece que todo ya estaba decidido.
Entonces, por un lado Bourdieu pone atención en cómo las estructuras sociales producen comportamientos relativamente estables, de Certeau mira las pequeñas maniobras cotidianas que las personas realizan dentro de sistemas que no controlan completamente.
Para explicarlo utiliza la idea de las “tácticas”, que no son más que pequeñas acciones; la persona que modifica recetas para rendir más comida; quien transforma espacios públicos para convivir con amigos; quien mezcla géneros musicales asociados a grupos sociales distintos; quien consume productos de maneras diferentes a las planeadas por empresas o instituciones.
Según de Certeau, incluso dentro de estructuras sociales desiguales las personas encuentran márgenes de acción.
Eso no significa que niegue la existencia de las clases sociales o de las diferencias económicas. Tampoco está diciendo que el poder desaparezc, lo que cuestiona es la idea de que los individuos solamente reproduzcan lo que aprendieron desde su posición social.
La discusión ocurrió en Francia después de las protestas de mayo de 1968, una etapa donde universidades, instituciones políticas y formas tradicionales de autoridad comenzaron a ser cuestionadas por estudiantes, trabajadores e intelectuales. En medio de ese ambiente, muchos autores intentaban entender cómo funciona la vida cotidiana dentro de sociedades atravesadas por desigualdades culturales y económicas.
Por una parte, Bourdieu observaba cómo las instituciones reproducen diferencias sociales mediante la educación, el consumo cultural y los gustos. Por otra parte, de Certeau quería mirar aquello que sucede abajo, en espacios cotidianos donde las personas adaptan, alteran o desvían las reglas impuestas.
La diferencia puede parecer teórica hasta que se aterriza en pleno 2026. Hoy Spotify te recomienda música, Netflix te recomienda películas, TikTok ropa y Facebook noticias. Ahora los algoritmos intentan anticipar nuestros gustos. También seguimos asociando ciertos consumos culturales con dinero, educación o estatus social. Aunque al mismo tiempo millones de personas mezclan referencias, transforman tendencias y construyen identidades culturales que no coinciden enteramente en categorías cuadradas.
Si llegaste hasta este punto de la nota, cuéntame en los comentarios cuál es ese gusto que tienes y que muchas personas considerarían raro, pero que para ti representa completamente tu manera de ser.
Fuente
De Certeau, M. (2000) La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer. México, Universidad Iberoamericana / ITESO.