Educando a mis chiquitines

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Educación Preescolar

17/08/2025

“El preescolar no es para leer ni escribir…”

El preescolar no es un espacio para que los niños aprendan formalmente a leer y escribir, sino para algo mucho más profundo: preparar su mente, su cuerpo y sus emociones para el aprendizaje posterior.

Entonces… ¿qué sí es el preescolar?
• Desarrollo socioemocional: Aprenden a compartir, esperar turnos, trabajar en grupo y expresar lo que sienten.
• Lenguaje oral: Se enriquece el vocabulario, se fomenta la narración de experiencias, el uso de canciones, rimas y juegos de palabras.
• Motricidad fina y gruesa: Pintar, rasgar, abrochar, saltar, correr… todo fortalece músculos y coordinación, necesarios luego para sostener el lápiz o leer con atención.
• Pensamiento lógico y matemático: A través de juegos, series, clasificación de objetos, conteo en contextos cotidianos.
• Exploración del entorno: Curiosidad, preguntas, experimentación con materiales y fenómenos naturales.
• Juego simbólico: “Jugar a la tiendita”, disfrazarse, inventar historias, que estimula creatividad e imaginación.

¿Y la lectura y escritura?

En esta etapa solo se acercan de manera lúdica:
• Reconociendo su nombre en carteles.
• Relacionando imágenes con palabras.
• Dibujando y garabateando libremente (precursor de la escritura).
• Escuchando cuentos y comprendiendo que los libros cuentan historias.



📌 En resumen: El preescolar no es para que los niños “salgan leyendo y escribiendo”, sino para que tengan las bases emocionales, cognitivas y motrices que harán que, cuando llegue el momento en primaria, el aprendizaje de la lectoescritura sea natural y sin frustraciones.

15/08/2025

La puerta se abrió dejando escapar un leve chirrido.
El reloj marcaba casi las siete de la tarde.

Apenas Marcos cruzó el umbral, su madre, desde la cocina, alzó la voz:

—¿Por qué llegas tan tarde? —preguntó, sin siquiera mirarlo.

—Perdón, mamá… —susurró el niño, con la vista clavada en el suelo.

Ella se limpió las manos en el delantal y salió con el ceño apretado.

—¡Mira la hora que es! —reclamó—. Seguro estabas metido en alguna travesura…

Sin permitirle responder, lanzó otra frase cargada de reproche:

—¡Eres un malcri4do!
—¿Otra vez diste problemas en la escuela?

Marcos levantó apenas los ojos, vidriosos de tristeza.

—Mamá… ¿me perdonas? —dijo en un hilo de voz.

La mujer, aún molesta, no lo miró.

—¡Tú y tu hermano me tienen al límite!
—¡Cualquier día me van a causar un inf4rto!

En ese instante sonó el teléfono.
Ella, bufando de impaciencia, contestó:

—¿Bueno? —dijo con tono áspero.

—Buenas tardes —respondió una voz masculina—. ¿Hablo con la mamá de Marcos?

—Sí, yo soy —respondió, sin interés.

—Soy el maestro de su hijo…

Con la voz cargada de dureza, replicó:

—¿Y qué hizo ahora ese niño problemático?

—Señora… necesito que me escuche —dijo el profesor, con una seriedad que hizo una breve pausa en la conversación.

Ella no lo dejó continuar:

—¡Dígame de una vez qué hizo ese pequeño diabl0!

El profesor respiró hondo. Buscó palabras suaves, pero no las había.

—Marcos subió a la azotea de la escuela para jugar…
—Resbaló.
—Cayó desde el quinto piso.
—Murió al instante.

Un silencio helado llenó la línea.

—Lo siento… —dijo el maestro, apenas audible.

El teléfono se deslizó de sus manos.
Con él, se derrumbó su mundo.

—¡No… mi hijo no! —gritó, cayendo de rodillas.

Entonces, como un eco que atravesaba su corazón, recordó las últimas palabras de Marcos, esas que había ignorado minutos antes:

—Mamá… perdón por dejarte sola con mi hermanito…

Y entendió, de golpe, todo lo que se había negado a ver:

Que su hijo no era un problema.
Era un niño.
Un niño que sabía pedir perdón, aun sin imaginar que no habría un mañana.
Un niño que solo quería ser escuchado… abrazado… amado.

Pero ya era tarde.

---

Reflexión:
No reniegues del ruido que hacen tus hijos.
No te impacientes porque hablan sin parar o porque llenan la casa de preguntas.

Ese desorden de juguetes, esas risas, esas vocecitas que te llaman una y otra vez…
son el sonido de una etapa que un día se acabará.

Llegará el momento en que no lleguen tarde.
En que ya no haya gritos en casa.
Ni pequeñas manos tirando de tu ropa.
Ni dibujos para pegar en la nevera.
Ni disculpas tímidas que interrumpan la tarde.

Los hijos crecen.
Y, a veces, se van antes de lo que imaginas.

Abrázalos mientras los tienes cerca.
Escúchalos sin prisa.
Perdónalos sin exigirles que supliquen.

Porque hay palabras que, si no se dicen hoy…
mañana será demasiado tarde.

¿Qué legado quieres dejarles?

¿Que gritabas por todo…
o que sabías dar un abrazo justo cuando más lo necesitaban?

29/07/2025

Mamá, papá...todo depende de ustedes💖

Photos from Educando a mis chiquitines's post 06/07/2025

Con Imagenes Educativas – ¡Me acaban de reconocer como uno de sus fans destacados! 🎉

30/06/2025
27/06/2025

26/06/2025

¿Porque mi hijo olvida lo que le enseñaron ayer?

Cuando un niño olvida lo que le enseñaron recientemente, puede deberse a varias razones, y no siempre es señal de un problema de aprendizaje grave. Aquí te explico los motivos más comunes y qué puedes observar:

🧠 Causas comunes por las que un niño olvida lo aprendido

1. No comprendió bien la información

Si un niño no entiende lo que se le enseñó, es muy difícil que lo recuerde.

• Aprende de memoria sin comprender.
• No puede explicarlo con sus propias palabras.
• Se confunde fácilmente al aplicarlo en otro contexto.

2. Falta de repetición o práctica

La memoria necesita reforzarse. Si solo lo vio una vez, es normal que lo olvide.

• No tuvo oportunidad de usar lo que aprendió.
• Las tareas no se repasan, solo se hacen una vez.

3. Problemas de atención

Si no estuvo concentrado al momento de aprender, su cerebro no lo registró bien.

• Se distrae con facilidad.
• Parece que “está en la luna”.
• Pregunta lo mismo varias veces.

4. Estrés, ansiedad o falta de sueño

Un niño cansado o emocionalmente cargado tiene más dificultad para almacenar información.

• Duerme mal o poco.
• Está muy nervioso o preocupado.
• Se muestra irritable o desmotivado.

5. Ritmo de aprendizaje más lento

No todos aprenden al mismo tiempo ni de la misma forma.

• Necesita más tiempo y apoyo para retener la información.
• Mejora con acompañamiento y paciencia.

6. Dificultades de memoria de trabajo

Algunos niños tienen dificultad para sostener y manipular información en su mente.

• Olvida instrucciones simples.
• Se pierde en pasos al resolver problemas.
• Le cuesta seguir una historia o secuencia.

✅ ¿Qué puedes hacer?
• Haz preguntas abiertas: “¿Cómo entendiste esto?” o “¿Dónde podrías usarlo?”
• Usa imágenes, juegos o movimiento para repasar.
• Repite de forma natural y en distintos momentos del día.
• Observa si olvida solo en una materia o en general.
• Consulta a un especialista si la dificultad persiste en varias áreas.

26/06/2025

¿SABES CÓMO ELIGE UNA MAMÁ AGUILA AL PADRE DE SUS CRÍAS? 🦅

No es por suerte. Lo pone a prueba.

Arranca una rama del árbol, vuela muy alto… y la deja caer.
Entonces, los machos que quieren conquistarla se lanzan a atraparla.
Uno lo logra. La devuelve con cuidado, de pico a pico.
Ella vuelve a soltarla. Y él vuelve a atraparla.
Así, una y otra vez.
Solo si no falla, ella lo elige.

Porque un día, ese macho no tendrá que atrapar una rama…
sino a su hijo, cuando caiga por el acantilado.

Después, juntos hacen un nido fuerte y alto.
Lo llenan con ramas duras y luego lo acolchan con sus propias plumas.
Allí nacen los aguiluchos.
Y al principio, los papás los cuidan con todo:
Les dan calor, comida, los protegen del sol y del frío.

Pero llega el momento de enseñarles a volar.
Y ahí… todo cambia.

El padre empieza a romper el nido.
Saca las plumas suaves, deja solo las ramas duras.
El hogar ya no es cómodo.
La madre vuela cerca con un pez… pero no se los da.
Solo lo muestra.
Y los aguiluchos chillan. Pero nadie se acerca.

Entonces, uno se atreve a moverse… y cae.

Cae con torpeza por el acantilado.
Pero justo antes de tocar el suelo…
el padre lo atrapa.
Y lo sube de nuevo.

Y otra vez.
Y otra más.
Hasta que, en una de esas caídas…
el aguilucho abre las alas.
Siente el viento.
Y vuela.

Ese día, ya no le dan el alimento en el pico.
Le enseñan a cazar. A defenderse.
A ser libre.

Así crían las águilas.
Con amor, sí…
pero también con esfuerzo, con pruebas, con coraje.

Porque una madre sabia no busca al más bonito, ni al más fuerte.
Busca al que no deje caer a sus hijos.

Y porque el amor no es retener para siempre…
es enseñar a volar.

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