07/06/2026
Hasta siempre, Colegio Nuestra Señora del Rosario de Ciales
Hay despedidas que duelen. Hay cierres que se sienten profundamente en el alma. Y hay historias tan hermosas que, aunque lleguen a su último capítulo, jamás tendrán un final verdadero porque vivirán para siempre en el corazón de quienes las amaron.
Hoy nos corresponde escribir las palabras más difíciles de nuestra historia.
Después de más de seis décadas formando generaciones, educando corazones y sembrando valores, el Colegio Nuestra Señora del Rosario de Ciales cierra sus puertas de manera permanente. Su misión terrenal llega hasta aquí, pero su legado permanecerá vivo en cada estudiante, en cada familia, en cada maestro y en cada persona que alguna vez cruzó sus pasillos.
Desde aquellos primeros años, cuando comenzaba a levantarse esta obra educativa que serviría a nuestro pueblo por más de 60 años, hasta este último día del año 2026, nuestro colegio fue mucho más que un edificio, fue hogar, fue refugio, fue comunidad, fue fe, fue familia.
Aquí crecieron generaciones enteras.
Aquí se escucharon las risas de miles de niños durante los recreos.
Aquí se celebraron incontables graduaciones, promociones, actividades, talleres, campamentos de verano, actos escolares y encuentros que hoy forman parte de nuestra memoria colectiva.
Aquí vivimos nuestras misas y nuestras procesiones por las calles de Ciales, llevando nuestra fe con orgullo y demostrando que educar también es evangelizar.
Aquí se formaron amistades para toda la vida.
Aquí se secaron lágrimas, se celebraron triunfos y se acompañaron sueños.
Y sobre todo, aquí se construyeron seres humanos de bien.
Hoy queremos detenernos para decir simplemente: GRACIAS.
Gracias a cada estudiante que llenó estos salones de alegría, energía y esperanza. Ustedes fueron siempre la razón de nuestra existencia. Sus sonrisas fueron el motor que nos impulsó a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.
Gracias a cada padre, madre y familiar que depositó en nosotros lo más valioso que tenía: la educación y formación de sus hijos. Gracias por la confianza, el respaldo y el cariño que nos brindaron durante tantos años.
Gracias a cada sacerdote que acompañó esta misión educativa y espiritual, fortaleciendo nuestra identidad católica y ayudándonos a mantener viva la fe que siempre distinguió a nuestra institución.
Y hoy, de manera muy especial, queremos agradecer a nuestros maestros y a nuestra facultad.
A aquellos que estuvieron desde el principio.
A aquellos que llegaron en distintos momentos de la historia.
Y especialmente a aquellos que permanecieron hasta el final.
Gracias por quedarse.
Gracias por creer.
Gracias por resistir.
Gracias por amar este colegio incluso cuando el camino se hizo difícil.
Porque quedarse fue una decisión de amor.
Muchos de ustedes enfrentaron cambios, sacrificios, largas jornadas y retos que pocas personas conocen. Aun cuando surgieron otras oportunidades, aun cuando las puertas estaban abiertas para tomar caminos distintos, decidieron permanecer aquí.
No porque fuera fácil.
No porque fuera conveniente.
Sino porque amaban esta misión.
Porque entendían que detrás de cada salón había niños y jóvenes que necesitaban un lugar seguro para aprender, crecer y soñar.
Porque entendían que este colegio representaba una oportunidad única para tantas familias.
Porque sabían que éramos el único colegio católico de nuestro pueblo y que cada día de esfuerzo valía la pena por nuestros estudiantes.
Porque salir del camino era más fácil, pero decidieron quedarse por AMOR.
Durante este último año, aun cuando ya se conocía el difícil panorama que enfrentábamos, hubo maestros que continuaron dando más de sí mismos. Duplicaron y triplicaron responsabilidades, cubrieron espacios, asumieron nuevas tareas, Continuaron enseñando, orientando, escuchando y acompañando.
Y lo hicieron con dignidad.
Lo hicieron con profesionalismo.
Lo hicieron con amor.
Nunca dejaron que nuestros estudiantes sintieran el peso de la incertidumbre.
Nunca dejaron de ofrecer lo mejor de sí.
Y por eso, este colegio les estará eternamente agradecido.
Hoy cerramos nuestras puertas, pero no cerramos nuestra historia.
Porque nuestra historia ya no pertenece a estas paredes.
Nuestra historia vive en cada profesional que salió de nuestras aulas 2026.
En cada familia que formó parte de esta comunidad.
En cada maestro que entregó su vida a esta vocación.
En cada oración compartida.
En cada graduación celebrada.
En cada amistad nacida aquí.
En cada recuerdo que hoy provoca una sonrisa acompañada de lágrimas.
El nombre de Nuestra Señora del Rosario de Ciales dejará de escucharse en el llamado de asistencia, en los actos de graduación o en las actividades escolares.
Pero jamás dejará de escucharse en los corazones de quienes formaron parte de esta gran familia.
Porque hay lugares que no desaparecen cuando cierran.
Hay lugares que se vuelven eternos.
Y este colegio es uno de ellos.
Nos despedimos con el corazón agradecido, con los ojos llenos de recuerdos y con la certeza de que Dios bendijo esta misión durante todos estos años.
Gracias por cada momento.
Gracias por cada historia.
Gracias por cada vida que nos permitió formar.
Y gracias por permitirnos formar parte de las suyas.
Hasta siempre, querido Colegio Nuestra Señora del Rosario de Ciales.
Tu historia termina en estas páginas, pero tu legado vivirá para siempre.
💙 1952 – 2026 💙
"Lo esencial permanece invisible a los ojos, pero eterno en el corazón."
"Las puertas se cierran, pero los recuerdos, las enseñanzas y el amor que aquí florecieron vivirán para siempre en nuestros corazones"
Viernes, 29 de mayo de 2026.
Fotografía histórica tomada de la publicación "Ciales Ayer y Hoy", utilizada con el único propósito de honrar y recordar la trayectoria del Colegio Nuestra Señora del Rosario de Ciales y su legado en nuestra comunidad.
30/05/2026
29/05/2026