23/07/2026
Casi lo devora el liberalismo teológico y el racionalismo bíblico. Dudó de la inspiración infalible, verbal y plenaria de la Escritura. Estuvo a punto de rendirse…
Pero dio un salto de fe que hasta hoy lo hizo el más grande evangelista del siglo 20.
La crisis no era simplemente intelectual. Era también ministerial, porque si la Biblia contenía errores, contradicciones reales o afirmaciones incompatibles con la verdad, ¿con qué autoridad podía predicar: «La Biblia dice»?
Graham estudió intensamente las Escrituras y reflexionó sobre las preguntas que le habían sido planteadas. Mientras leía la Biblia, se encontraba repetidamente con la fórmula profética: «Así dice el Señor».
Una noche salió al bosque y puso su Biblia sobre el tocón de un árbol. Allí se arrodilló ante Dios y expresó honestamente sus dudas. La oración que posteriormente recordó en su autobiografía es frecuentemente citada en esta forma:
«Oh Dios, hay muchas cosas en este libro que no entiendo. Hay muchos problemas en él para los cuales no tengo solución. Hay muchas contradicciones aparentes. Hay algunas áreas que no parecen concordar con la ciencia moderna. No puedo responder algunas de las preguntas filosóficas y psicológicas que Chuck y otros están planteando. …Padre, voy a aceptar esto como tu Palabra, ¡por fe! Voy a permitir que la fe vaya más allá de mis preguntas y dudas intelectuales, y voy a creer que esta es tu Palabra inspirada».
Según su propio relato, cuando se levantó de sus rodillas tenía lágrimas en los ojos y experimentó el poder y la presencia de Dios de una manera que no había experimentado durante meses. Más tarde describió aquel momento diciendo que una batalla espiritual en su alma había sido librada y ganada.
Poco después comenzó la histórica Cruzada de Los Ángeles de 1949, originalmente planeada para tres semanas, pero que terminó extendiéndose durante ocho semanas y convirtió a Graham en una figura de alcance nacional.
La lección es importantísima, especialmente desde nuestra perspectiva evangélica conservadora: la fe cristiana no descansa en la omnisciencia del predicador, sino en la autoridad de Dios.
Desde entonces, la convicción que caracterizó la predicación de Graham fue que la Escritura debía ser recibida como la autoridad suprema. La declaración doctrinal de la asociación que lleva su nombre resume esa convicción afirmando que la Biblia es «la Palabra de Dios inspirada, la única Palabra de Dios infalible y autoritativa».
Y de esta forma, el reverendo Billy Graham se convirtió en lo que tú y yo conocemos hoy sobre él.
Comprométete hoy con la santa e infalible Palabra de Dios. Te aseguro que nada volverá a ser lo mismo en tu vida y ministerio.
¿Has hecho ya tu compromiso solemne de fe sobre la Sagrada Escritura?
Tuyo, en Cristo,
Fernando
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Fuente: Graham, Billy. Tal como soy: La autobiografía de Billy Graham. Miami, FL: Editorial Vida, 1997.