21/09/2023
Los últimos eventos socio-políticos ocurridos en nuestra patria a desbrozado una vez más una realidad social de intolerancia, de exclusión y de menposprecio a sectores sociales provenientes sobretodo del ande peruano.
Constitucionalmente, el ciudadano peruano tiene derecho a la protesta pacífica, entendiéndose ésta como una forma de expresión de incoformidad del staus quo político, económico, social, etc. que, sin embargo, no se respetó en las últimas movilizaciones y que se estigmatizó con adjetivos peyorativos que fue la negación misma del derecho a la protesta. Este hecho es también la negación a la convivencia democrática que recibe en su seno disímiles ideologías y formas de comprender e interpretar el mundo.
En una convivencia democrática no existen las buenas marchas ni las malas marchas, ninguna forma de expresión pacífica puede ser mejor o peor que la otra mientras respete la dignidad y derecho de los otros. El saber escucharnos y respetarnos DE VERDAD es la clara señal de existencializar a aquellos que no hablan ni entienden nuestra lengua pero que con sus actos reclaman un viraje de la mirada del Estado hacia sus necesidades que por derecho e historia reclaman.
Estas esbozadas ideas nos llevan a sensibilizar a nuestra comunidad educativa que la convivencia democrática, intercultural e inclusiva nos exige una deconstrucción de prácticas vivenciales anacrónicas y empezar a respetar y hacernos respetar en tanto actantes sociales en un Estado de Derecho.