16/02/2026
*A la sombra del mismo techo*
Vive a mi lado un hombre
que no habita mi abrazo.
Comparte mi mesa,
mi pan tibio de cada día,
pero no el latido que lo llama.
Le acerco palabras suaves
como quien enciende una lámpara al anochecer,
le propongo caminos pequeños:
un café compartido,
una risa breve,
un recuerdo que nos devuelva al inicio.
Y a veces,
mis gestos le pesan,
mis cuidados le incomodan,
mi ternura le parece ruido.
Entonces su silencio
se vuelve muro,
y su mirada,
invierno.
Yo tolero.
No por miedo,
no por costumbre solamente,
sino porque un día lo elegí
como se elige un árbol para dar sombra
sin saber si dará frutos.
Ya estamos viejos —
lo dicen las manos cansadas,
los pasos más lentos,
las noches más cortas.
Separarnos sería
deshojar el último calendario
sin aprender del tiempo.
Vivo junto a él
como quien cuida una casa antigua:
sé dónde cruje la madera,
dónde se filtra la lluvia,
y aun así barro cada mañana
con la esperanza intacta.
Tal vez el amor,
cuando envejece,
no es fuego encendido
sino brasa que apenas respira.
Y yo, paciente,
soplo en silencio
para que no se apague del todo.
Porque aunque no me ame
como yo lo amo,
mi corazón eligió quedarse
no por resignación,
sino por la fidelidad a su propia historia.
Y en esa lealtad callada
encuentro mi forma de amar:
permanecer,
aun cuando el eco
sea lo único
que me responde.
19/10/2025
30/10/2023
20/02/2023
05/04/2022