23/04/2026
Hace poco recibí unos mensajes de la abuelita Ayahuasca.
Estaba comprendiendo la importancia de aprender el lenguaje de la Madre Tierra — valorar la autenticidad de los ecosistemas y sanar las relaciones que hemos degenerado. Cuanto más desconectados estemos de la Tierra, más confundidos estaremos de nuestro rol en el buen vivir. Devolverle cariño a las fuentes de vida.
El lenguaje del metal — el dinero, el oro y minerales, la tecnología — es lo que nos enseñan los aparatos ideológicos del capitalismo. Por eso es tan urgente frenar el colonialismo extractivista. Reconocer la resistencia de los pueblos indígenas de la Amazonía y del mundo en defensa del hábitat global no es una opción: es prioridad número uno. Desde la lógica del libre mercado no florecen las comunidades locales, solo las multinacionales.
Por eso, la propuesta del Bosque Fluir es sencilla y profunda: compartir un espacio sano y seguro para todos los seres. Recuperar ese contacto con la Tierra para sembrar, construir, sanar y disfrutar — mientras visibilizamos los patrones degenerativos en los que crecimos y rediseñamos juntos un futuro más justo y armonioso.
Sintonizando el lenguaje de la Madre Tierra cada vez que bebemos el agua de la montaña, nos bañamos en su catarata, comemos sus frutos, respiramos el aire del bosque, pisamos su tierra y prendemos fuego para cocinar o agradecer.
No somos la especie inteligente del planeta. Somos parte de un ecosistema inteligente.
No celebramos el día de la Tierra — defendemos la Tierra con cada decisión, diseño y acción consciente.
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Gracias, mamá, por acompañarme en este viaje. Pido disculpas a mis abuelas, madres e hijas por el daño causado — por mí y por mis abuelos, por mis padres. Y pido ayuda a mis hermanos para liberar a las mujeres.