06/07/2026
Jhon Zuluaga analiza cómo la pandemia de COVID-19 obligó al sistema judicial colombiano a implementar medidas de emergencia para acelerar su transición hacia la justicia digital y evitar la parálisis de sus funciones. Sin embargo, esta rápida digitalización evidenció graves deficiencias estructurales, tales como la falta de infraestructura tecnológica adecuada, problemas de conectividad en varias regiones del país y la carencia de competencias digitales tanto en los funcionarios judiciales como en la población general. Aunque se emitieron normativas, como el Decreto 806 de 2020, para flexibilizar los procesos y permitir el uso de expedientes digitales, poderes electrónicos y audiencias virtuales, muchas de las soluciones iniciales fueron improvisadas y precarias, recurriendo al uso de correos electrónicos personales que dejaron dudas sobre la seguridad, autenticidad y el manejo de información reservada.
Por otro lado, el autor advierte que esta "justicia digital de emergencia" ha tenido un impacto negativo en las garantías procesales, con repercusiones especialmente graves en el ámbito penal. La realización de audiencias de forma virtual ha limitado principios procesales fundamentales como la inmediación, la contradicción y la publicidad, ya que las fallas de conexión y la falta de acceso equitativo a la tecnología impiden que todos los sujetos procesales intervengan en igualdad de condiciones.
En conclusión, la implementación apresurada de estos recursos no ha supuesto una verdadera modernización del sistema, sino que corre el riesgo de consolidar una "simulación de justicia" que, al relajar los límites del poder punitivo del Estado, profundiza la crisis judicial y debilita la protección de los derechos fundamentales.