19/09/2026
Mateo, era un niño reservado y mostraba inseguridad al participar en las actividades. Muchas veces sabía la respuesta, pero prefería guardar silencio por miedo a equivocarse. Como docentes, comprendimos que necesitaba un ambiente acogedor, donde pudiera sentirse seguro, valorado y motivado a intentarlo.
Comenzamos a acompañarlo con paciencia, reconociendo cada pequeño avance y animándolo a participar sin presionarlo. A través de juegos de memoria, retos de concentración, actividades físicas, dinámicas de comunicación y trabajos en equipo, ayudamos a Mateo a descubrir sus propias capacidades.
Cada vez que lograba realizar una tarea, destacábamos su esfuerzo y no solo el resultado. Cuando cometía un error, le enseñábamos que equivocarse también forma parte del aprendizaje. Poco a poco, empezó a levantar la mano, expresar sus ideas y participar con mayor entusiasmo.
Hoy, Mateo enfrenta nuevos desafíos con más seguridad y ya no se rinde ante las dificultades. Como docentes, nos emociona escucharlo decir: “¡Yo puedo intentarlo!” Su progreso demuestra que, con acompañamiento, motivación y confianza, cada niño puede desarrollar todo su potencial.