27/05/2026
“Hay heridas que no siempre se ven… pero pueden acompañar a una persona durante muchos años.
Una de las más profundas es la herida de abandono.
Hace un tiempo conocí a una persona que se afectaba muchísimo cuando sentía distancia o indiferencia de alguien importante en su vida. Bastaba un silencio, una llamada que no llegaba o un cambio de actitud para que apareciera una angustia difícil de explicar.
Desde afuera parecía una reacción exagerada. Pero en realidad, detrás de eso había un miedo mucho más profundo: el miedo a no sentirse importante para alguien.
Con el tiempo, esa persona empezó a darse cuenta de que muchas de sus reacciones no tenían que ver solo con el presente, sino con heridas emocionales que venían desde mucho antes.
Entendió que cuando alguien carga heridas de abandono, muchas veces busca afuera la seguridad y el afecto que aún no logra construir dentro de sí mismo.
Y entonces aparecen conductas como: aferrarse demasiado, sentir ansiedad cuando alguien se aleja, o aceptar relaciones que no le hacen bien solo por temor a quedarse solo.
Lo más difícil era que, aunque deseaba sentirse amado, terminaba dependiendo demasiado de la atención de otros para sentirse valioso.
Pero sanar empezó el día en que comprendió algo importante: su valor no debía depender de quién decidía quedarse o irse.
Porque a veces, la verdadera sanación comienza cuando una persona aprende a acompañarse a sí misma… sin abandonarse emocionalmente.”