23/03/2026
Mi abuelo siempre solía decirme, a través de consejos, cuentos o metáforas:
“Nunca olvides lo viejo por lo nuevo.”
De joven no lo entendía. Escuchaba su enseñanza con escepticismo y me preguntaba: ¿cómo puede ser posible, si lo nuevo nace para reemplazar a lo viejo?
Hasta que recordé uno de sus cuentos.
👉 Dos jóvenes aventureros partieron en busca de fortuna. Uno era prudente; el otro, soberbio. El soberbio partió primero. Ambos, en distintos momentos, encontraron a un viejito hambriento que, a cambio de un poco de pan, ofrecía tres consejos para el viaje.
El soberbio no quiso compartir. Solo preguntó por el camino más corto.
—El de la izquierda es nuevo y más rápido, pero incierto. El de la derecha es antiguo, más largo, pero seguro —le dijo el viejito—. Y, de todos modos, le regaló el primero de los tres consejos: “Nunca olvides lo viejo por lo nuevo.”
El soberbio, refunfuñando por el absurdo consejo para él y azuzando su caballo, no lo consideró. Eligió el camino nuevo.
Más atrás, al día siguiente, el prudente también se encontró con el viejito, quien le pidió pan; se sentó y compartió parte de su pan con él. A cambio, el prudente recibió los tres consejos:
1. Nunca olvides lo viejo por lo nuevo.
2. Nunca preguntes lo que no te conviene.
3. Nunca partas con ligereza.
El prudente se despidió y continuó su viaje. Al llegar al desvío, dudó… pero entonces recordó el primer consejo: “Nunca olvides lo viejo por lo nuevo.”
Y eligió el camino antiguo.
En tres días llegó a su destino y preguntó por el soberbio, quien había partido antes. Los locales le dijeron que seguramente eligió el camino nuevo y los puentes del nuevo camino se habían derrumbado por las lluvias, que el terreno se había vuelto fangoso y que muchos se habían quedado atascados. El viajero, feliz por haber aplicado el primer consejo del viejito, continuó su camino, donde más adelante aplicaría los otros dos consejos, que podría contarles en otra ocasión.
Hoy, en minería —y en muchas industrias—, vivimos algo similar.
Modelado implícito, algoritmos avanzados, IA, a mayor velocidad y sofisticación… todo apunta hacia lo nuevo.
Pero eso no vuelve inútiles a los métodos clásicos.
Cuando lo moderno falla o se atasca, muchas veces es lo antiguo lo que permite avanzar. No por nostalgia, sino porque ha sido probado durante décadas en miles de depósitos.
En ese contexto, RecMin —un software minero libre— utiliza aún varios de estos algoritmos clásicos. No solo por limitaciones de presupuesto, sino también para no dejar de lado a quienes dominan la “vieja escuela”.
Y sí, yo trabajo con esas herramientas. Toman tiempo, pero funcionan.
Por cierto, el algoritmo de cono flotante en RecMin ha sido mejorado con técnicas de pseudoflow, manteniendo su esencia.
Descarga 👉 https://lnkd.in/eF4p8jgQ
y RecMin👉 https://lnkd.in/eQNEtDxA
¿Y tú… alguna vez lo “antiguo” te ayudó a resolver lo que lo moderno no pudo?