12/08/2026
Cuando el sol se oscurece en el firmamento,
y la luna se interpone en su resplendor
la tierra parece escuchar, en silencio,
un llamado profundo del Creador.
El doce de Agosto marcará en el poema,
un tiempo de cambios, reflexión y oración,
como si el cielo anunciara al ser humano,
"Vuelve a la senda de la Luz y el Amor".
El aire se levanta sobre montes y mares,
el agua recorre la tierra con poder,
el fuego transforma cuanto encuentra a su paso,
y la tierra nos recuerda de dónde hemos de volver.
Son fuerzas de la creación que Dios estableció,
elementos que sostiene la vida cada día,
y el hombre llamado a cuidar cuanto recibió,
debe proteger la Creación con sabiduría.
Si la maldad aumenta y se pierde la justicia,
si el hombre contamina la tierra y el mar,
las Escrituras llaman al arrepentimiento
y enseñar que debemos cambiar.
"El Señor juzgará al mundo con justicia".
proclama la Palabra con solemne verdad,
pero también ofrece misericordia al que vuelve
con corazón humilde hacia su voluntad.
No digamos que cada eclipsis es un castigo,
ni que todo desastre anuncia el final,
más bien tenemos sus señales naturales
como ocasión para meditar y cambiar.
Porque Jesús enseño a velar y estar preparados,
a practicar el Amor, la justicia y la bondad,
y quien siembra paz, misericordia y esperanza
contribuye a una tierra nueva en fraternidad.
¡Oh tierra creación hermosa del Altísimo,
purifícate del odio, la guerra y la maldad!.
Que el aire sea limpio, que fluya el agua,
que el fuego dé calor y la tierra dé su pan.
Que el ser humano respete toda vida
y cuide con amor la obra de su Creador;
y que, después de toda prueba y purificación,
resplandezcan sobre el mundo la
Vida, el Amor y la Luz.
Autor: A. A. G. V.