01/05/2026
CONIMA CUNA DE SIKURIS: FUNDAMENTOS HISTÓRICOS, MUSICALES Y CULTURALES DE UNA TRADICIÓN ORIGINARIA
Conima no necesita exageraciones para sostener su lugar en la historia del sikuri; lo que corresponde es ordenar la evidencia y expresarla con rigor. Cuando se afirma CONIMA CUNA DE SIKURIS, no se trata de una consigna, sino de una conclusión sustentada en procesos históricos, estructura musical y continuidad cultural. A diferencia de otros espacios del Altiplano donde se desarrollaron un solo estilo predominante como son los Ayarachis, Chiriwano, Laquitas, Qhantus o Italaque, en Conima existe una pluralidad de formas sikuris originarias, lo cual constituye en sí mismo un indicador de centro generador. Entre estas expresiones destacan el sikuri estilo Conima, así como danzas con sikuri como Qhotos, Locke Pallakuya, Satiri, Imillani, Kallamachu y Soldado Pallapalla, las cuales no son adaptaciones recientes, sino danzas ancestrales de raíz precolombina, vinculadas al uso ritual y comunitario del siku en el territorio (Ministerio de Cultura del Perú, 2015; Turino, 1993).
La existencia de estas danzas con sikuri en Conima antes de la consolidación del estilo moderno permite comprender que el sikuri estilo Conima no surge de manera aislada, sino como resultado de un proceso de reelaboración cultural. Este proceso se inicia aproximadamente en el siglo XVII, cuando las prácticas musicales locales comienzan a reorganizarse y a integrar distintos patrones rítmicos y melódicos, y alcanza su consolidación en el siglo XVIII, momento en el cual el sikuri estilo Conima adquiere una estructura definida y reconocible (Stobart, 2006; Abercrombie, 1998). Este tipo de evolución coincide con lo que la etnomusicología describe como procesos de síntesis cultural interna, donde múltiples formas locales convergen en un sistema musical más complejo sin perder su identidad original (Castelblanco, 2021).
Desde el punto de vista técnico, el sikuri estilo Conima presenta una organización sonora altamente desarrollada. Su ejecución se basa en relaciones armónicas de cuartas y quintas, pero principalmente en octavas, lo que genera una textura sonora densa y expansiva, característica que lo diferencia de otros estilos del Altiplano (Ayarachis, Chiriwanos, Taquile, Qhantus, Italaque). La presencia dominante de octavas permite reforzar la profundidad acústica del conjunto y consolidar la unidad sonora entre los intérpretes. Esta lógica se articula con el sistema dual de ira y arca, que exige una coordinación precisa y colectiva, reafirmando el carácter comunitario de la ejecución (Turino, 1993). A ello se suma la incorporación de los bombos largos, cuya función trasciende el acompañamiento rítmico, ya que estructuran el pulso general y aportan una base sonora que define la identidad del conjunto (Arapa Chura, 2019).
La complejidad del sikuri estilo Conima no es una construcción reciente, sino una evidencia de su madurez histórica. Ya hacia finales del siglo XIX, existía un repertorio consolidado que continúa vigente hasta la actualidad. Piezas como Camacho (1879), Oquendo (1903) y Rosaura (1906) reflejan no solo antigüedad, sino también un nivel de desarrollo musical que difícilmente puede atribuirse a procesos tardíos o externos (Arapa Chura, 2019). La permanencia de este repertorio en el tiempo coincide con lo señalado por diversos estudios sobre música andina, donde la continuidad intergeneracional es un indicador clave de centralidad cultural (Turino, 1993; Chávez López, 2023).
En el ámbito contemporáneo, la vigencia del sikuri conimeño es incuestionable. En retretas, concursos y presentaciones en ciudades como Puno, Juliaca, Huancané, Moho, Lima y otras ciudades, es frecuente la interpretación de repertorios conimeños, incluyendo composiciones entre otros, como 29 de septiembre, Uraña o Ventura (como fue el caso de la última retreta de sikuris de la Universidad Nacional del Altiplano Puno). Esta recurrencia no responde a una casualidad, sino a un proceso de difusión en el que determinados estilos se consolidan como referentes dentro de la práctica musical (Castelblanco, 2021). Cuando múltiples agrupaciones, incluso fuera de su territorio de origen, adoptan un estilo de manera sostenida, se configura un reconocimiento práctico que trasciende cualquier declaración formal.
Este fenómeno de difusión también se observa a nivel internacional. En el contexto boliviano, el desarrollo de estilos como los khantus ha sido asociado a procesos de intercambio cultural que incluyen tanto elementos locales —como el loco kantus— como influencias externas provenientes del Perú. Testimonios recogidos en investigaciones etnográficas señalan que uno de los orígenes de los Qanthus se vincula con el sikuri proveniente de Conima, lo que evidencia la existencia de flujos culturales transfronterizos (Stobart, 2006). Este tipo de interacción es coherente con lo descrito por la literatura especializada, donde las músicas andinas no se desarrollan de forma aislada, sino a través de redes de intercambio y apropiación cultural (Abercrombie, 1998).
Al mismo tiempo, es fundamental evitar generalizaciones que diluyan las diferencias entre estilos. El Imillani, por ejemplo, presenta una estructura distinta a la de los khantus o el italaque, mientras que el Kallamachu responde a una lógica rítmica propia, con ciertas similitudes parciales a otras tradiciones pero con identidad definida (Ayarachis). Lo mismo ocurre con el Satiri, Qhotos, Locke Pallakuya y Soldado Pallapalla, que mantienen configuraciones específicas que los distinguen claramente. Esta diversidad interna confirma que Conima no es un espacio de recepción, sino un núcleo de producción cultural, donde múltiples estilos coexisten y se desarrollan de manera paralela (Ministerio de Cultura del Perú, 2015).
Lejos de limitarse al pasado, esta tradición continúa expandiéndose. En los últimos años, estilos como el Qhotos, Satiri, el Imillani y el Soldado Pallapalla han comenzado a ganar mayor presencia en concursos regionales y nacionales, siendo adoptados por agrupaciones que buscan autenticidad y complejidad musical. Este proceso de revalorización demuestra que la riqueza cultural de Conima no se agota en el sikuri estilo Conima, sino que abarca un conjunto más amplio de expresiones que hoy empiezan a recibir mayor atención (Chávez López, 2023).
En este contexto, resulta inevitable cuestionar la falta de reconocimiento institucional. A pesar de que el sikuri es una de las expresiones más representativas del Altiplano y de que el estilo Conima es uno de los más difundidos e imitados, no existe hasta la fecha una declaratoria específica que reconozca a Conima como cuna de sikuris. Ni el Ministerio de Cultura ni organizaciones vinculadas al movimiento sikuri (COANSIK) han desarrollado acciones suficientes para visibilizar y preservar este origen. Considerando que la literatura académica ha enfatizado la importancia de reconocer los contextos locales en la protección del patrimonio cultural inmaterial, esta omisión resulta significativa (Ministerio de Cultura del Perú, 2015; Zárate Caviedes, 2021).
Cuando la evidencia histórica, musical y cultural es tan consistente, la ausencia de reconocimiento no puede interpretarse como un simple descuido. Puede responder a desconocimiento, pero también a resistencias dentro del propio campo cultural, donde el reconocimiento de un origen implica reconfigurar discursos establecidos. En cualquier caso, el resultado es el mismo: una deuda pendiente con una de las tradiciones más importantes del Altiplano.
El debate, por tanto, no debería centrarse en percepciones, sino en evidencia. Conima reúne condiciones difíciles de encontrar en otro lugar: continuidad histórica desde el siglo XVII, consolidación en el siglo XVIII (del sikuri estilo Conima), existencia de múltiples danzas ancestrales precolombinas con sikuri, estructura musical compleja basada en cuartas, quintas y principalmente octavas, incorporación de bombos largos, repertorio histórico vigente y una influencia que ha trascendido fronteras. Esa combinación no es casual; es el resultado de un proceso cultural profundo y sostenido.
Sostener que CONIMA CUNA DE SIKURIS no es una afirmación simbólica, es una conclusión técnica. Reconocerlo no solo implica hacer justicia histórica, sino también fortalecer la preservación de una tradición que, lejos de desaparecer, continúa viva, adaptándose y proyectándose en el escenario nacional e internacional.
Del libro de: Prof. J. M. C.