23/07/2026
DATE UN TIEMPO, POR FAVOR, Y LEE ESTA PUBLICACIÓN.
Este año 2026 es el tercer año de servicio educativo, con casi 50 alumnos del nivel primario y secundario.
Desde los inicios tuve esta convicción pedagógica: volver a la materialidad de los libros y del escribir en el cuaderno, abandonando la pantalla y las "fichas" de trabajo que lo único que hacen es, a fin de cuentas, que los alumnos unan con flechas... sin leer, sin escribir, SIN ENTENDER, SIN PENSAR.
A tres años de esta experiencia los resultados logrados son notorios: facilidad en los niños y jóvenes para hacer dictados (sin que a cada rato te pregunten "profe, ¿qué dijo?"), orden en el cuaderno al momento de presentar sus trabajos (saben que un título normalmente va centrado, que un sub-título se coloca sobre el margen, que al comenzar a escribir un párrafo se recomienda dejar sangría, ¡que cuando el renglón se acaba, porque ya viene el margen derecho, la palabra debe ser cortada con una correcta separación en sílabas!). Pero todo esto les ha llevado al resultado deseado: capacidad de lectura en silencio y en voz alta, lo que los lleva a esa hermosa capacidad de COMPRENDER LO QUE HAN LEÍDO.
"Esta transición no responde a la nostalgia": CIERTO. No es nostalgia, ni mucho menos una inclinación enfermiza a aferrarse al pasado por miedo al futuro. Los Antiguos Griegos, sobre todo Aristóteles, enseñaban que "la admiración es el origen de la sabiduría", lo que también podríamos decir "el asombro es el origen de las ciencias". Pero los griegos hablaban de "asombro ante la REALIDAD que los rodeaba"...
¿Cómo excitar, entonces, este tipo de admiración que engendra sabiduría si todo el tiempo nuestros alumnos pasan frente a lo virtual de la pantalla...?
Queridos padres de familia, queridos profesores y maestros:
- que la vista de alumnos contemplen letras y palabras impresas,
- que el tacto de los dedos pueda palpar la densidad de la hoja de aquel libro antiguo,
- que el oído pueda saborear el sonido de un cambio de página,
- que el olfato pueda retener para siempre el olor de un libro recién salido de imprenta, o del libro reliquia, guardado con sumo cuidado por su valor doctrinal e histórico.
Y, por qué no, que los dedos vuelvan a estar manchados por un poco de tinta rebalsada... CONTACTO CON LA REALIDAD TANGIBLE, PARA QUE LAS CAPACIDADES COGNOSCITIVAS RINDAN CON TODO EL PORTENTO QUE DIOS PUSO EN ELLAS.