27/04/2020
Hace ya varios años el cardenal Cipriani vendió con impunidad nuestro colegio.
Sin nadie capaz de defendernos, hoy allí funciona i. Emprendimiento educativo privado que nos ha dejado huérfanos.
Sin embargo, ser Toribiano es mucho más fuerte y grande que aquellas paredes y patios en donde pasamos los años felices de nuestra infancia y adolescencia, en donde teníamos pocas preocupaciones y la alegría era sencilla: juegos, apanados, peleas con alguien que no dejaba de ser amigo, compartir un ceviche en la plazuela, etc.
Hoy, recordamos a nuestro santo patrón, y con él a nuestras autoridades y profesores queridos.
Llamen a algún toribiano, pregunten cómo están, mantengamos vivo este espíritu.