26/04/2018
En un país cuya crisis moral no deja de asustarnos, sorprendernos y cuestionarnos, habría que observar con mayor detenimiento que significa lo que llamamos “Humanidad”. Es acaso que esta palabra sometida a una observación profunda durante décadas, milenios y cuyo objetivo siempre se ha centrado en acercarnos a los sentimientos del otro en relación con los de uno mismo , está perdiendo validez en el mundo en el que vivimos. Es acaso que se nos es difícil coincidir palabras como: Educación, Humanidad y sociedad.
Solo una educación más humana puede transformar la sociedad, y cuando planteamos este enunciado no lo hacemos como un acto profético, ni mucho menos poético, hablamos de un acto revolucionario que entraña el sentir humano como punto de partida.
En los últimos días los actos de violencia que ha vivido nuestro país, nos pone en estado de alerta frente a lo que está sucediendo y lo que estamos dejando suceder ante nuestros ojos. ¿Es acaso que recién tenemos una reacción activa frente a esto?.
Hace poco en un taller de padres compartíamos un enunciado que se refería a como diferentes sucesos de nuestra vida, nos acercan y nos sensibilizan. Sin embargo me vuelvo a preguntar, ¿es acaso que nuestro país no sufrió secuelas realmente dolorosas de violencia y deshumanización durante 20 años políticos? , ¿es acaso que se ha revisado nuestra historia socio política en la educación, como punto de eje para sanar y curar un mal interno que afecta la salud de nuestra sociedad?. Es acaso que hablar de pérdida de derechos, violencia política, desigualdad social, opresión social, no es tierra fértil para deshumanizar una población y construir una estructura mental, dónde impere peligrosamente “La violencia”. Vivimos hace mucho en una ceguera social total (Salud Mental). Si señores, porque para esos muchos otros que entienden la salud mental desde un formato peligrosamente deshumanizado, no entienden a este último como una producción de estructura de pensamiento social, que impera y alimenta nuestros grandes males actuales.
Las diferencias también nacen de nuestra coyuntura, de nuestra historia de temor y del abandono de una educación que no nos permita sostenernos.
Y vuelvo a repetir: ¡Necesitamos a gritos una educación más humana! y esa debería ser la única lucha que nos enfrente.
Sandra Sighuas