11/07/2025
“SÍ. MI PADRE HACÍA ZAPATOS…”
Durante una sesión del Congreso de los EE. UU,
un joven Abraham Lincoln fue interrumpido por
un senador altivo que buscaba humillarlo:
—No hables tan alto, Lincoln. No olvides que tu
padre hacía zapatos para mi familia. El silencio
en la sala fue inmediato. Lincoln, sin perder la
calma, respondió con una serenidad desarman-
te:
—Señor, SÍ. Mi padre hacía zapatos para su fa-
milia. Y probablemente también para muchos
de los que están aquí. Pero le diré algo: Nadie
podía igualar la habilidad de mi padre. No eran
simples zapatos, ponía su ALMA en cada par.
—Si usted o alguien aqui tiene alguna queja so-
bre su trabajo, puedo hacerle otro par yo mismo.
Porque mi padre me enseñó el oficio. Hasta don-
de sé, nadie jamás se quejó de sus zapatos.
El senador enmudeció.
Lincoln continuó, con esa mezcla de sencillez y
firmeza que lo haría inmortal:
—Intentó avergonzarme por el trabajo de mi pa-
dre. Pero el error no es mío. Es suyo. Porque des-
preciar el trabajo es despreciar el ALMA de un
pueblo.
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como
para el Señor y no para los hombres; sabiendo
que del Señor recibiréis la recompensa de la
herencia, porque a Cristo el Señor servís”
Colosenses 3:23-24.
Pr. Elías Bermúdez Guillen.