22/09/2026
. Nadie limpia una piscina pensando en la muerte.
Henry W***y Fernández Samamé tenía 45 años y acababa de volver de Chile. Volvió para eso: para volver. Para reencontrarse con los suyos, para sentarse frente a ellos, para reírse fuerte en un recreo campestre de Monsefú. Había alquilado el local —el recreo MP, en el sector Callanca— y había decidido hacerlo todo él mismo. Limpiar, ordenar, preparar. El buen anfitrión. El que llega de lejos con ganas de dar.
Estaba solo. Sus familiares iban a llegar más tarde. Y él, en ese silencio de la mañana chiclayana, sacó el celular y empezó a grabarse.
Quería que lo vieran. Quería mostrarles el lugar. Quería que en la pantalla apareciera el hombre que vuelve, el que arregla, el que se ocupa. Un video de esos que se suben sin pensar, para llenar las redes, para dejar constancia de que uno está vivo y está haciendo algo.
El celular lo captó todo.
Un paso atrás
Según la información policial recogida por la comisaría de Monsefú, el hombre limpiaba el área de la piscina mientras se filmaba. Caminaba, hablaba, miraba la pantalla de su teléfono. Y en un momento, retrocediendo, pendiente más de la cámara que del suelo, no vio dónde pisaba.
Cayó a la parte más honda.
No sabía nadar.
Cada segundo quedó registrado. La desesperación. Los brazos buscando un borde que no llegaba. El agua entrando. El silencio. El celular, todavía encendido, siguió grabando desde el borde o desde el fondo, testigo mudo de un hombre que luchaba por salir de una piscina vacía, en un recreo cerrado, en un distrito sin nadie alrededor.
Hasta que Fernández Samamé se hundió y ya no volvió a subir.
Las llamadas que nadie contestó
Pasaron las horas. Los familiares empezaron a llegar —o a prepararse— y notaron que Henry no respondía. Le llamaron al celular. Varias veces. Le dejaron mensajes que nunca obtuvieron respuesta.
Entonces fueron al recreo.
Lo encontraron flotando en el agua. El hombre que había cruzado países para abrazarlos. El que había alquilado el local para que la familia tuviera un día feliz.
Nadie podía creerlo. La policía de Monsefú llegó al lugar, constató la muerte y dio aviso al Ministerio Público. La escena, según las autoridades, era la de un accidente doméstico sin testigos. Un hombre solo, una piscina profunda, un celular que seguía grabando.
Un domicilio en Chile
El dato final lo puso Reniec. Henry Fernández Samamé había registrado su domicilio en Víctor Manuel Santiago Centro, en Chile. Allá vivía. Allá trabajaba. Allá había construido una vida que este septiembre lo trajo de vuelta al Perú para vacacionar.
El reencuentro nunca se dio.
Lo que quedó fue un video. Un último video. No el del reencuentro que soñó, sino el de su propia muerte. El que él mismo activó con la mano, sin saber que se estaba grabando la despedida.
Un hombre que volvió de Chile para abrazar a los suyos.
Y se ahogó solo, frente a un celular que no dejó de filmarlo.