23/04/2023
Hasta el cien
Me anoté en la precompra de la novela de Gustavo Rodríguez «Cien cuyes» y dejé fluir mis asociaciones. Cien años de soledad, cien por hora, cien por ciento, cien de los grandes. Debió atraparme el número cien, tan suculentamente redondo, porque al terminar de leerla me dije que debía estar yo también hasta el cien. ¡No podía decir de qué trataba!
¿De una mujer andina a la que de niña le dijeron que eran suficientes diez de estos roedores comestibles para iniciar un negocio? ¿De una decena de miraflorinos viejos que al llegar al último tramo de su existencia se sienten liberados al repetir que «envejecer es una mierda»? ¿De los lazos afectivos que acercan a distintas clases sociales en nuestro país? ¿O de un pronunciamiento a favor de la eutanasia que enfila contra el fervor católico?
Habla la editorial: La narración ofrece una mirada tragicómica a una desatendida etapa de la vida: la vejez.
Y por qué será que siendo Gustavo Rodríguez un autor leído ha concebido un grupo de adultos mayores, ancianos o vejestorios residentes en Miraflores, que nunca se enteraron de la frase que Platón, atribuyó a Socrates, su maestro: «Una vida sin examen no merece ser vivida» (siglo V a.c.). Suscriben en cambio sin decirlo la línea del poema de Rubén Darío: «Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver» (1905).
Leí en una entrevista que a sus 54 años el autor presagia lo que se viene. Es decir, que si las edades pasan como una sucesión de estaciones, él intuye malamente el otoño. Incluso el invierno porque su mente cocina la misma certeza que sus personajes: «Envejecer es una mierda».
¿Qué ignora «Cien cuyes»?
Uno, que con acceso a un sistema de salud y algo de suerte, cada quien logra un destino propio. Dos, que el proceso de envejecimiento tiene un sabor agridulce, Y tres, que vivir y morir es lo que hay. Mejor enterarse más temprano que tarde.
Las nuevas realidades aparecen sin embargo en dos chispazos de la novela. Con Felipe Pomar, peruano, campeón mundial de surf en 1965, que en «Cien cuyes» fue profesor de tabla y primo de Harrison, personaje que se despide de la vida con cáncer y sorbos de Old Parr. En la realidad Pomar, residente en Hawai, sigue corriendo olas a sus 79 años. Y con Pollo, la única mujer del grupo de La Residencia de Ancianos. Su pelicula favorita es «Barbarella», film de 1968 estelarizado por Jane Fonda. Irónico que Pollo no siguiera siendo su fan cuando la actriz se convirtió en gurú de los aeróbicos. Irónico también, que a la fecha Fonda con 85 años declare sonriendo que está lista para despedirse de la vida. ¿Habituada a la pose, miente?
En mi discurrir descubrí al fin el tema de «Cien cuyes»: Borrar de un plumazo los avances en materia de gerontología y los conceptos de vida sana y vejez activa. Hasta el cien.