20/09/2026
HOMBRES
Un mismo taxista me llevó y me trajo del aeropuerto Jorge Chávez en estos días. Tiene 35 años, es venezolano y piensa quedarse a vivir aquí. Ayer, de regreso a mi casa, hablamos del caso de los agresores sexuales del colegio estatal Almirante Guise.
La conversación fue larga y en un momento dijo:
—Me pongo en el caso de que le ocurra a uno de mis hijos. Yo no me quedaría quieto hasta que a cada uno de esos chicos les hagan lo mismo. Calladito nomás, uno por uno. Iría ahí donde están presos y pagaría para que les hagan lo mismo. Yo no, amigo, yo no paro hasta que ellos vivan lo mismo que le hicieron al mío.
Lo escuché. Luego me preguntó:
—¿Y usted qué haría?
—Me es muy difícil ponerme en esa situación —le dije—. Antes, hubiese ido al colegio y cambiado a mi hijo de institución de ser necesario; no lo dejaría en un ambiente de riesgo.
—No, no —me interrumpió—. Imagínese que ya pasó. ¿Qué haría?
—Me ocuparía de mi hijo, de que procese el evento. Supongo que estaría en el juicio, esperando que los condenen y cumplan su merecida pena. ¿A usted no le nace pensar en la venganza? —le pregunté.
La reacción del «ojo por ojo» no tiene en el otro extremo el poner la otra mejilla, sino la justicia. Y la justicia debe existir, pensé para mis adentros.
Me incomodó su forma de pensar, me incomodó la pregunta; siento que hasta me desarmó un poco.
Mi interlocutor es un hombre fuerte y hogareño. «Yo con mis hijos soy la mamá y mi mujer, el hombre», había dicho antes. «Amo a mi mujer, por ella lo doy todo», pero reconocía que tenía sucesivos amoríos con otras mujeres: «Les dejo bien clarito que lo que tenemos es solo para el disfrute».
—¿Y con los padres? —le pregunté.
—Con los padres, nada —me dijo—. Yo me meto con los que cometieron el acto. Calladito, que vivan lo mismo que le han hecho pasar a mi hijo. Pero la Marina los debe botar.
—¿Tú crees? —le pregunté.
—Sí, caballero. ¿Cómo van a estar al mando de la gente si no han podido con sus hijos?
Me puse a pensar en la reputación de esos oficiales de la Marina. ¿Con qué cara pueden ir hoy a sus trabajos? No han sido ellos, han sido sus hijos. ¿Son los padres y las madres los responsables?
—Además —me dijo—, seguro ahí ha habido violencia en casa. ¿De dónde más toman el ejemplo?
Preguntas incómodas, tema incómodo.
¿Qué harías tú si fueses el padre de la víctima? ¿Qué harías si fueses el padre de un victimario? ¿Qué harías como mamá del chico que sufrió la agresión? ¿Y qué harías si fueses la mamá de uno de los chicos que agredió?
¿Y qué harías antes?
¿Cómo afrontarías tu trabajo?
¿Qué harías si fueses el jefe de uno de los padres de los agresores?
¿Y qué si fueses el subordinado de uno de ellos?
La masculinidad, la justicia, la venganza por mano propia, «ser hombre», ser padre, ser madre, ser adolescente...
Todos son temas de los que hay que hablar.
No es solo el caso: es todo lo que va a abrir en cada hogar, en cada escuela y en los centros laborales jerárquicos.